Alexander Solzhenitsyn

Alexander Solzhenitsyn

Alexander Solzhenitsyn nació en Kislovodsky el 11 de diciembre de 1918. Asistió a la Universidad de Rostov, donde estudió matemáticas y tomó un curso por correspondencia de literatura en la Universidad Estatal de Moscú.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Solzhenitsyn se unió al Ejército Rojo y ascendió al rango de capitán de artillería y fue condecorado por su valentía. Mientras servía en el frente alemán en 1945, fue arrestado por criticar a Joseph Stalin en una carta a un amigo.

Solzhenitsyn fue declarado culpable y enviado a un campo de trabajo soviético en Kazajstán. Su primera novela, Un día en la vida de Ivan Denisovich, ambientada en un campo de trabajo, fue inicialmente prohibida pero tras la intervención de Nikita Khrushchev, se publicó en 1962.

Su próxima novela, El primer círculo (1968), describió la vida de un grupo de científicos obligados a trabajar en un centro de investigación soviético, y Sala de cáncer (1968), basándose en sus experiencias como paciente de cáncer, ambos fueron prohibidos después de que Nikita Khrushchev cayera del poder. En 1969, Solzhenitsyn fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos y deportado de Moscú.

En 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura, pero no se le permitió recogerlo en Estocolmo. Solzhenitsyn continuó escribiendo y su novela, Agosto 1914 (1971) sobre la Primera Guerra Mundial, fue prohibido en la Unión Soviética pero se publicó en el extranjero. A esto le siguieron sus reminiscencias, El archipiélago de Gulag (1973). Esto condujo a su arresto y, tras ser acusado de traición, lo despojó de su ciudadanía y fue deportado de la Unión Soviética.

Solzhenitsyn, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1974, se fue a vivir a Vermont en Estados Unidos. Continuó escribiendo y Lenin en Zúrich fue publicado en 1975. A esto le siguieron dos obras de no ficción, El roble y el becerro(1980) y El peligro mortal (1983) y la novela, Noviembre de 1916 (1993).

En 1994, Mikhail Gorbachev restauró la ciudadanía de Solzhenitsyn y se retiró el cargo de traición. Más tarde, ese mismo año, regresó a la Unión Soviética, donde pidió un regreso al gobierno autocrático prebolchevique.

Alexander Solzhenitsyn murió de insuficiencia cardíaca cerca de Moscú el 3 de agosto de 2008, a la edad de 89 años.

Después de una operación, estoy tendido en el pabellón quirúrgico de un hospital de campo. No me puedo mover. Tengo calor y fiebre, pero no obstante mis pensamientos no se disuelven en delerium, y estoy agradecido con el Dr. Boris Nikolayevich Kornfeld, que está sentado junto a mi catre y me habla toda la noche. La luz se ha apagado, por lo que no lastimará mis ojos. No hay nadie más en la sala.

Con fervor me cuenta la larga historia de su conversión del judaísmo al cristianismo. Me asombra la convicción del recién convertido, el ardor de sus palabras.

Nos conocemos muy poco, y él no era el responsable de mi tratamiento, pero simplemente no había nadie aquí con quien pudiera compartir sus sentimientos. Era una persona amable y educada. No veía nada malo en él, ni sabía nada malo de él. Sin embargo, estaba en guardia porque Kornfeld llevaba dos meses viviendo dentro del cuartel del hospital, sin salir. Se había encerrado aquí, en su lugar de trabajo, y evitó moverse por el campamento en absoluto.

Esto significaba que tenía miedo de que le cortaran la garganta. En nuestro campamento se había puesto de moda recientemente cortarle el cuello a las palomas taburete. Esto tiene un efecto. Pero, ¿quién podía garantizar que sólo se cortara el cuello a los taburetes? A un prisionero le habían cortado la garganta en un claro caso de solución de un rencor sórdido. Por lo tanto, el auto-encarcelamiento de Kornfeld en el hospital no necesariamente probaba que fuera una paloma taburete.

Ya es tarde. Todo el hospital está dormido. Kornfeld está terminando su historia:

"Y en general, ¿sabes ?, me he convencido de que no hay ningún castigo que nos llegue en esta vida en la tierra que sea inmerecido. Superficialmente, no puede tener nada que ver con aquello de lo que somos culpables de hecho, pero si repasas tu vida con un peine de dientes finos y la meditas profundamente, siempre podrás dar caza a esa transgresión tuya por la que ahora has recibido este golpe ".

No puedo ver su rostro. A través de la ventana sólo llegan los reflejos dispersos de las luces del perímetro exterior. La puerta del pasillo brilla con un resplandor eléctrico amarillo. Pero hay tal conocimiento místico en su voz que me estremezco.

Esas fueron las últimas palabras de Boris Kornfeld. Silenciosamente entró en una de las salas cercanas y allí se acostó a dormir. Todos durmieron. No había nadie con quien pudiera hablar. Yo me fui a dormir.

Me despertaron por la mañana corriendo y vagando por el pasillo; los enfermeros llevaban el cuerpo de Kornfeld al quirófano. Le habían asestado ocho golpes en el cráneo con un mazo de yesero mientras dormía. Murió en la mesa de operaciones, sin recobrar el conocimiento.

Me fue concedido llevar lejos de mis años de prisión sobre mi espalda encorvada, que casi se rompe bajo su carga, esta experiencia esencial: cómo un ser humano se vuelve malo y qué bueno. En la embriaguez de los éxitos juveniles me había sentido infalible y, por tanto, cruel. En el exceso de poder fui un asesino y un opresor. En mis momentos más malvados estaba convencido de que estaba haciendo el bien y estaba bien provisto de argumentos sistemáticos. Fue sólo cuando yací allí sobre la paja podrida de la prisión que sentí dentro de mí los primeros indicios de bien. Poco a poco se me fue revelando que la línea que separa el bien y el mal no pasa por estados, ni entre clases, ni tampoco entre partidos políticos, sino a través de cada corazón humano, y a través de todos los corazones humanos. Esta línea cambia. Dentro de nosotros, oscila con los años. Incluso dentro de los corazones abrumados por el mal, se conserva una pequeña cabeza de puente del bien; e incluso en el mejor de los corazones, queda un pequeño rincón del mal.


Alexander Solzhenitsyn, ¿antisemita?

La controversia crece a medida que las acusaciones de antisemitismo persiguen a un ícono cultural querido. No, no Mel Gibson: el hombre en el centro de este debate es el escritor ruso Alexander Solzhenitsyn.

Solzhenitsyn, autor de El archipiélago Gulag, fue una vez un símbolo venerado de resistencia moral al estado soviético. Probablemente merezca más crédito que cualquier otra persona por despojar al comunismo del prestigio moral entre los intelectuales occidentales.

Exiliado de la Unión Soviética en 1974, Solzhenitsyn alienó a algunos antiguos admiradores con su nacionalismo ruso y su antipatía hacia la democracia al estilo occidental. Después de su regreso a Rusia 20 años después, la reverencia del público pronto se desvaneció en una cortés indiferencia. Aún así, conserva su estatus especial entre la intelectualidad más antigua y muchos anticomunistas occidentales.

Las acusaciones de antisemitismo no son nuevas para Solzhenitsyn. Los críticos han señalado durante mucho tiempo pasajes en El archipiélago Gulag que enumeran selectivamente los apellidos judíos de los comandantes de los campos de trabajo. Y la novela histórica de Solzhenitsyn, agosto de 1914, publicada en inglés en 1972, enfatiza el carácter judío de Dmitry Bogrov, asesino del primer ministro reformista de Rusia, Pyotr Stolypin.

Solzhenitsyn ha afirmado que simplemente lo estaba contando como era, pero agosto de 1914 embellece la historia considerablemente: mientras que Bogrov era un revolucionario completamente asimilado de una familia de conversos de tercera generación, Solzhenitsyn lo carga con un nombre judío, Mordko (un diminutivo de Mordecai), y el motivo ficticio de intentar socavar al estado ruso para ayudar a los judíos.

Luego llegó la noticia de que Solzhenitsyn estaba escribiendo una importante historia de los judíos en Rusia. El primer volumen de Dvesti let vmeste (Doscientos años juntos), que cubre el período de 1795 a 1916, apareció en 2001, el segundo volumen siguió en 2003. Según Solzhenitsyn, el trabajo tenía la intención de dar una descripción objetiva y equilibrada de Rusia. Relaciones judías: `` Apelo a ambas partes, los rusos y los judíos, para que se comprendan mutuamente con paciencia y admitan su propia parte del pecado ''. Este comentario parece sospechoso en sí mismo, dado que, durante la mayor parte de su historia en Rusia, los judíos fueron víctimas de la opresión y la violencia sistemáticas. Hablar de culpa mutua es un poco como pedirles a los negros que acepten su parte de culpa por Jim Crow.

¿Qué ve Solzhenitsyn como los judíos y la parte del pecado? Principalmente, su participación en actividades revolucionarias a finales del siglo XIX y principios del XX, y luego en el gobierno soviético. Rechaza las afirmaciones de que el comunismo en Rusia fue el resultado de un complot judío, pero afirma que los judíos desempeñaron un "papel desproporcionado" en la creación de un estado terrorista "insensible al pueblo ruso y desconectado de la historia rusa".

¿Qué significa "desproporcionado"? Los judíos estaban sobrerrepresentados entre los socialistas revolucionarios, pero como señala el historiador Richard Pipes en The New Republic, también estaban sobrerrepresentados entre los capitalistas rusos. Lo que es más, dice Pipes, `` las filas de los revolucionarios estaban ciertamente dominadas por los rusos ''. Una serie de tres partes de Mark Deitch en el diario ruso Moskovskiy komsomolets el pasado mes de septiembre señaló que había 43 judíos entre los 300 principales actores de Rusia. escena política en 1917, y solo 16 de ellos eran bolcheviques.

Solzhenitsyn afirma que "la población de Rusia, en su conjunto, consideró el nuevo terror [revolucionario] como un terror judío" - y busca, si no validar, al menos excusar esta percepción. Deitch somete el relato de Solzhenitsyn a un análisis fulminante. Después de citar la declaración del historiador Lev Krichevsky de que "en 1918, en la época del Terror Rojo, las minorías étnicas constituían aproximadamente el 50 por ciento del personal central de la Cheka [la policía secreta]", Solzhenitsyn añade que "los judíos eran bastante prominentes" entre ellos minorías.

Pero omite los datos reales de Krichevsky, que muestran que los judíos constituían menos del 4 por ciento del personal de la Cheka y ocupaban el 8 por ciento de los puestos ejecutivos. En otras ocasiones, sin embargo, Solzhenitsyn no se opone a los números exactos: señala, por ejemplo, que seis de los 12 investigadores de la Cheka en el "departamento para la represión de la contrarrevolución" eran judíos.


Preguntas y puntos de discusión

Mientras se escribía el libro, se pidió a las personas involucradas en el proceso que cuantificaran lo que querían que los niños aprendieran al leer esta biografía. A continuación se presentan temas generales, que se pueden explorar en cualquier momento durante la lectura del libro. Se pueden presentar antes de que los estudiantes comiencen a leer, como una guía de lo que deben buscar. Algunos se prestan a capítulos específicos y todos son útiles para dirigir una discusión después de completar el libro.

1. La pluma es más poderosa que la espada. Uno de los mayores avances de la civilización se produjo una vez que se inventó el arte de escribir. Las palabras pueden hacernos reír o llorar y entretenernos, informarnos o advertirnos. ¿Cómo utilizó Solzhenitsyn su escritura para generar cambios? ¿Puede la pluma fomentar el uso de la espada? ¿Es el dinero más poderoso que la espada o la pluma?

2. En el mundo de hoy, ¿cómo podemos resistir el mal de forma activa, no solo pasivamente? ¿Es suficiente preocuparse por lo que está sucediendo en nuestra comunidad / país o debería intentar ayudar a personas en otras partes del mundo?

3. La resiliencia fue clave para la vida de Solzhenitsyn. Sobrevivió a condiciones horribles, como el Gulag, el exilio y el cáncer, mientras que muchos otros no. Utilizando las siguientes características de las personas resilientes, analice cómo Solzhenitsyn enfrentó la adversidad y pudo prosperar. ¿Hay otras características, no en esta lista que exhibió, que lo llevaron a sobrevivir?
- Flexible: capaz de afrontar retos
- Aprende lecciones positivas de experiencias negativas.
- Actúa: trabajan para resolver el problema.
- Mantente conectado con familiares, amigos y seguidores.
- Tener salidas para aliviar la tensión y el estrés haciendo cosas como escribir en un diario, dibujar, meditar, hablar con un amigo cercano.
- Tener buenos hábitos como hacer ejercicio con regularidad, llevar una dieta equilibrada, dormir lo suficiente.
- Cree en ti mismo
- La risa
- Tener una perspectiva positiva

4. Solzhenitsyn estaba preocupado por el creciente enfoque de la cultura occidental en el valor del dinero y los bienes materiales frente al valor intrínseco de la vida. ¿Qué tiene la vida humana que la hace valiosa? ¿Tiene más valor que otras formas de vida?


La división permanece profunda

Solzhenitsyn dijo esto sobre la naturaleza del mundo dividido: "La verdad es que la división es más profunda y más alienante, que las divisiones son más numerosas de lo que uno puede ver a primera vista". Implicaban una multiplicidad de diferencias entre muchas culturas distintas, incluidas China, India, el mundo musulmán y numerosas culturas de todo el mundo.

En ese momento, sin embargo, varios eruditos occidentales teorizaron que habría una "convergencia", en la que todas las culturas aceptarían el estilo de vida occidental, una especie de imperialismo cultural que continúa hoy en día, mientras la burocracia de las Naciones Unidas busca imponer una política occidental en constante evolución. costumbres sexuales en los países en desarrollo. También dio lugar a la idea de que habría una convergencia entre Occidente y la Unión Soviética.

Este tipo de visión utópica permanece siempre igual, aunque el nombre actual parece haber cambiado de "convergencia" a "globalismo". Sus defensores están quizás incluso más arraigados hoy que en 1978 cuando todavía soñaban con una Unión Europea, a menudo refiriéndose a ella como los "Estados Unidos de Europa".

Hoy en día, muchos líderes europeos siguen insistiendo obstinadamente en fomentar políticas como la inmigración descontrolada de poblaciones que no pueden o no quieren asimilarse. Quizás se aferren a lo que Solzhenitsyn llamó "una teoría tranquilizadora" de la convergencia, una teoría que "pasa por alto el hecho de que estos mundos no están evolucionando en absoluto el uno hacia el otro y que ninguno puede transformarse en el otro sin violencia".


Alexander Solzhenitsyn & # 039s Historia crítica de los judíos en Rusia: un breve comentario de Ron Unz

". Dada la composición abrumadoramente judía de los principales líderes durante gran parte del período (revolucionario), no es de extrañar que el" antisemitismo "fuera considerado un delito capital (en Rusia)".

Esta publicación apareció por primera vez en Rusia Insider

Este es un extracto de un artículo mucho más extenso de Ron Unz originalmente titulado Rarezas de la religión judía, que recomendamos encarecidamente.

Lo reproducimos aquí porque hay muy poco escrito sobre este importante libro, que desacredita gran parte de lo que se enseñó en Occidente en el siglo XX sobre Rusia.

Durante la mayor parte de mi vida, el premio Nobel Alexander Solzhenitsyn fue considerado en general como la mayor figura literaria rusa de nuestra era moderna, y después de leer todas sus obras, incluidas El primer círculo, Sala de cáncer, y El archipiélago de GulagCiertamente estuve de acuerdo con esta afirmación y absorbí con entusiasmo la brillante biografía de mil páginas de Michael Scammel.

Aunque era ruso, muchos de sus amigos más cercanos eran judíos, pero durante las décadas de 1980 y 1990, comenzaron a circular rumores de su supuesto antisemitismo, probablemente porque a veces había insinuado el papel muy destacado de los judíos tanto en la financiación como en la dirección de los bolcheviques. Revolución, y luego dotar de personal a la NKVD y administrar los campos de trabajo de Gulag.

Es poco probable que esta 'cita' sea auténtica, más bien refleja la opinión del memer que la creó, una opinión que tiene mérito.

Al final de su vida, escribió una historia masiva en dos volúmenes de la relación enredada entre judíos y rusos bajo el título Doscientos años juntos, y aunque ese trabajo pronto apareció en ruso, francés y alemán, casi dos décadas después, nunca se ha autorizado ninguna traducción al inglés. Su estrella literaria también parece haber decaído mucho en Estados Unidos desde entonces, y rara vez veo su nombre mencionado estos días en cualquiera de mis periódicos regulares.

Las versiones de Samizdat de las principales secciones de su trabajo final se pueden encontrar fácilmente en Internet, y hace unos años Amazon vendió temporalmente una edición impresa de 750 páginas, que encargué y hojeé ligeramente.

Todo parecía bastante inocuo y fáctico, y nada nuevo me llamó la atención, pero tal vez la documentación del papel judío muy importante en el comunismo se consideró inapropiada para el público estadounidense, al igual que la discusión sobre la relación extremadamente explotadora entre judíos y campesinos eslavos en la época anterior. tiempos revolucionarios, basados ​​en la venta de licores y el préstamo de dinero, que los zares a menudo habían tratado de mitigar.

Cuando una élite gobernante tiene una conexión limitada con la población que controla, es mucho menos probable que ocurra un comportamiento benevolente, y esos problemas se magnifican cuando esa élite tiene una larga tradición de comportamiento extractivo despiadado. Enormes cantidades de rusos sufrieron y murieron como consecuencia de la Revolución Bolchevique, y dada la composición abrumadoramente judía de la dirección superior durante gran parte de ese período, no es de extrañar que el "antisemitismo" fuera considerado un delito capital. Kevin MacDonald pudo haber sido quien acuñó el término "élite hostil" y discutió las desafortunadas consecuencias cuando un país queda bajo tal control.

Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la Rusia renacida pronto cayó bajo el dominio abrumador de un pequeño grupo de oligarcas, casi en su totalidad de origen judío, y pronto siguió una década de total miseria y empobrecimiento para la población rusa en general. Pero una vez que un ruso real llamado Vladimir Putin recuperó el control, estas tendencias se invirtieron y las vidas de los rusos han mejorado enormemente desde entonces.

Los órganos de medios de Estados Unidos eran abrumadoramente amistosos con Rusia cuando estaba bajo el gobierno oligárquico judío, mientras que Putin ha sido demonizado en la prensa con más ferocidad que cualquier líder mundial desde Hitler.

De hecho, nuestros expertos en medios identifican regularmente a Putin como "el nuevo Hitler" y creo que la analogía podría ser razonable, pero no de la manera que pretenden.

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Gulag | 1945-1952

1945, febrero
Retenido en régimen de aislamiento.

1945, 9 de mayo
Por el saludo de cuarenta cañones que se escucha en su celda, adivina que la guerra ha terminado.

1945, 7 de julio
Condenado a 8 años en un campo de trabajo.

Agosto de 1945
Transferido a la prisión de tránsito en Krasnaya Presnya. Trabaja como capataz de turno en canteras de arcilla, transportista de carros, minero de arcilla.

1945, 9 de septiembre
Se mudó a Moscú, al campo de construcción en Bol’shaya Kaluga, 30 años.

1946, primavera
El detective del campo intenta reclutar a Solzhenitsyn con el nombre en clave "Vientos". Solzhenitsyn inicia mociones de indulgencia de sentencia.

1946, mayo
Asignado como aprendiz de parquet en equipo de carpintería.

1946, 27 de septiembre
Transferido a la prisión especial de Rybinsk, región de Yaroslavl para trabajar en la aviación sharashka. Los sharashkas eran laboratorios secretos de investigación y desarrollo que formaban parte del sistema Gulag. Los científicos e investigadores enviados a prisión se verían obligados a realizar investigaciones para el gobierno en estas instalaciones.

1946, 6 de noviembre
Escribió (oralmente, de memoria) el poema "Memorias de la prisión de Butyrskaya".

1947, 21 de febrero
Transferido de Rybinsk a Moscú ("Tercera Butyrka").

Junio ​​de 1947
Solicita al Fiscal General de la URSS que reconsidere su caso.

1947, verano
Transferido al sharashka de Moscú (Marfino) y designado bibliotecario.

1950, otoño
Trabajó en la construcción del Cuartel Disciplinario como albañil componiendo poemas.

1950-1951, invierno
Surge la idea de la historia de un día de un zek (prisionero).

1951, verano
Se convierte en capataz de un taller mecánico.

1952, 29 de enero
Derivado a la unidad médica debido a un tumor avanzado muy aumentado en la ingle y trasladado al hospital del campamento.

1952, 12 de febrero
El cirujano prisionero KF Donis opera en Solzhenitsyn para extirpar un tumor maligno.

1952, 26 de febrero
Egresado del hospital, se convierte en ayudante de fundición.


Aleksandr Solzhenitsyn: El valor de ser cristiano

En estos días oscuros en los que el poder del fundamentalismo secular parece estar en aumento y en los que la libertad religiosa parece estar en peligro, es fácil que los cristianos se desanimen. Las nubes del relativismo radical parecen oscurecer la luz de la verdad objetiva y puede ser difícil discernir algún rayo de luz que nos ayude a iluminar el futuro con esperanza.

En tiempos tan sombríos, el ejemplo de los mártires puede ser alentador. Aquellos que dieron su vida por Cristo y Su Iglesia en tiempos peores que los nuestros son faros de luz, disipando las tinieblas con su bautismo de sangre. "Sobre tales sacrificios", le dice el Rey Lear a su hija que pronto será martirizada, Cordelia, "los mismos dioses arrojan incienso".

Se dice que la sangre de los mártires es semilla de la Iglesia y, si es así, se ha sembrado más semilla de sangre en el siglo pasado que en cualquiera de los siglos de sangre que le precedieron. Decenas de millones han sido masacrados en los altares empapados de sangre del socialismo nacional e internacional en Europa, China, Camboya y otros lugares. Hoy, en muchas partes del mundo, millones y millones son masacrados en el útero en nombre de los "derechos reproductivos".

En una época tan meritoria, la figura gigante de Aleksandr Solzhenitsyn emerge como un coloso de coraje. Nacido en Rusia en 1918, solo unos meses después de que los fundamentalistas seculares llegaran al poder en la revolución bolchevique, a Solzhenitsyn le lavaron el cerebro un sistema educativo estatal que le enseñó que el socialismo era justo y que la religión era enemiga del pueblo. Como la mayoría de sus amigos de la escuela, se esclavizó al zeitgeist, se volvió ateo y se unió al partido comunista.

Sirvió en el ejército soviético en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial y fue testigo de asesinatos a sangre fría y violaciones de mujeres y niños mientras el Ejército Rojo se "vengaba" de los alemanes. Desilusionado, cometió la indiscreción de criticar al líder soviético Josef Stalin y fue encarcelado durante ocho años como disidente político.

Mientras estaba en prisión, resolvió exponer los horrores del sistema soviético. Poco después de su liberación, durante un período de exilio obligatorio en Kazajstán, se le diagnosticó un cáncer maligno en sus etapas avanzadas y no se esperaba que viviera. Ante lo que parecía ser una muerte inminente, se convirtió al cristianismo y quedó asombrado por lo que consideró una recuperación milagrosa.

A lo largo de la década de 1960, Solzhenitsyn publicó tres novelas que exponían la tiranía secularista de la Unión Soviética y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1970. Tras la publicación en 1973 de su obra fundamental, El archipiélago de Gulag, un exponer del tratamiento de los disidentes políticos en el sistema penitenciario soviético, fue arrestado y expulsado de la Unión Soviética, viviendo luego la vida de un exiliado en Suiza y Estados Unidos. Finalmente regresó a Rusia en 1994, después del colapso del sistema soviético.

En 1978, Solzhenitsyn causó una gran controversia cuando criticó el secularismo y el hedonismo de Occidente en su famoso discurso de graduación en la Universidad de Harvard. Condenando a las naciones del llamado Occidente libre por estar moralmente en bancarrota, instó a que era hora de "defender no tanto los derechos humanos como las obligaciones humanas".

El énfasis en los derechos en lugar de las responsabilidades estaba conduciendo al "abismo de la decadencia humana" ya la comisión de "violencia moral contra los jóvenes, como películas llenas de pornografía, crimen y horror". En la raíz del malestar moderno estaba la filosofía moderna del "humanismo racionalista o autonomía humanista", que declaraba la "autonomía del hombre de cualquier autoridad superior por encima de él". Tal punto de vista "también podría llamarse antropocentridad, con el hombre visto como el centro de todo".

En última instancia, poco importa si a la enfermedad que está envenenando lentamente a Occidente se le dan las etiquetas que le puso Solzhenitsyn, o si preferimos darle el nombre de fundamentalismo secular. La enfermedad con cualquier otro nombre sería igualmente mortal.

Además, esta enfermedad no es simplemente destructiva sino autodestructiva. No tiene futuro a largo plazo. Aunque los “progresistas” fundamentalistas seculares podrían creer en una futura “edad de oro”, esa edad no existe. El futuro que anuncian es simplemente uno de creciente penumbra y nubes cada vez más oscuras. Este destino siempre ha sido así para aquellos que proclaman su "Orgullo". No tienen nada que esperar en el futuro más que su caída.

En cuanto al cristiano, no tiene nada que temer más que caer en el orgullo de la desesperación. Si evita el abatimiento y conserva su humildad, recibirá el don de la esperanza que es su fruto. Donde hay esperanza está el Camino, la Verdad y la Vida.

Mientras esperamos la caída de la última manifestación del fundamentalismo secular, debemos recordar que la cultura de la muerte es un parásito. No da vida, solo la destruye o corrompe. Como todos los parásitos exitosos, se mata a sí mismo cuando mata a la cultura huésped de la que se alimenta. No es simplemente mortal, sino suicida. Es insostenible. No puede sobrevivir.

No olvidemos que la promesa de Hitler de un Reich de mil años duró solo doce años. De manera similar, la revolución comunista que, según Marx, marcaría el comienzo del fin de la historia, es en sí misma un remanente arruinado de la historia. Poco podía haber sabido Solzhenitsyn cuando languideció como uno de los muchos millones en el sistema penitenciario soviético que sobreviviría al sistema soviético y, además, que su propio coraje jugaría un papel importante en el colapso de ese mismo sistema.

Volviendo a la imaginería de cielos cargados de oscuridad con la que comenzamos, debemos recordarnos a nosotros mismos que las nubes y las sombras que proyectan son transitorias. El mal es nihilista, que es otra forma de decir que, en última instancia, no es nada. Es solo un bloqueo temporal de la luz. "Por encima de todas las sombras cabalga el sol", como proclama el siempre humilde Samwise Gamgee en El Señor de los Anillos. Incluso en estos días oscuros, como nos recuerda Solzhenitsyn, cada nube tiene un rayo de luz.

El conservador imaginativo aplica el principio de apreciación a la discusión de la cultura y la política: abordamos el diálogo con magnanimidad en lugar de mera cortesía. ¿Nos ayudará a seguir siendo un oasis refrescante en la arena cada vez más polémica del discurso moderno? Por favor considera donando ahora .

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Alexander Solzhenitsyn & # 8217s Historia crítica de los judíos en Rusia

Este es un extracto de un artículo mucho más extenso de Ron Unz originalmente titulado Rarezas de la religión judía, que recomendamos encarecidamente. Lo reproducimos aquí porque hay muy poco escrito sobre este importante libro, que desacredita gran parte de lo que se enseñó en Occidente en el siglo XX sobre Rusia.

& # 8221 & # 8230 dada la composición abrumadoramente judía de los principales líderes durante gran parte del período (revolucionario), no es de extrañar que el "antisemitismo" fuera considerado un delito capital (en Rusia) ".

Durante la mayor parte de mi vida, el premio Nobel Alexander Solzhenitsyn fue considerado en general como la mayor figura literaria rusa de nuestra era moderna, y después de leer todas sus obras, incluidas The First Circle, Cancer Ward y The Gulag Archipelago, ciertamente estuve de acuerdo con esto. afirmación, y absorbió con entusiasmo la brillante biografía de mil páginas de Michael Scammel.

Aunque él mismo era ruso, muchos de sus amigos más cercanos eran judíos, pero durante las décadas de 1980 y 1990 comenzaron a flotar susurros sobre su supuesto antisemitismo, probablemente porque a veces había insinuado el papel muy destacado de los judíos tanto en la financiación como en la dirección de los bolcheviques. Revolución, y luego dotar de personal a la NKVD y administrar los campos de trabajo de Gulag.

Es poco probable que esta & # 8216quote & # 8217 sea auténtica, más bien refleja la opinión del memer que la creó, una opinión que tiene mérito:

“Debe comprender que los principales bolcheviques que se apoderaron de Rusia no eran rusos. Odiaban a los rusos. Odiaban a los cristianos. Impulsados ​​por el odio étnico, torturaron y masacraron a millones de rusos sin una pizca de remordimiento humano.

“No se puede exagerar. El bolchevismo cometió la mayor matanza humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore y se preocupe por este enorme crimen es una prueba de que los medios globales están en manos de los perpetradores ”.

Al final de su vida, escribió una historia masiva en dos volúmenes de la relación enredada entre judíos y rusos bajo el título Doscientos años juntos, y aunque ese trabajo pronto apareció en ruso, francés y alemán, casi dos décadas después, no había inglés. la traducción alguna vez ha sido autorizada. Su estrella literaria también parece haber decaído mucho en Estados Unidos desde entonces, y rara vez veo su nombre mencionado estos días en cualquiera de mis periódicos regulares.

Las versiones de Samizdat de las principales secciones de su trabajo final se pueden encontrar fácilmente en Internet, y hace unos años Amazon vendió temporalmente una edición impresa de 750 páginas, que pedí y hojeé ligeramente.

Todo parecía bastante inocuo y fáctico, y nada nuevo me llamó la atención, pero tal vez la documentación del papel judío muy importante en el comunismo se consideró inapropiada para el público estadounidense, al igual que la discusión sobre la relación extremadamente explotadora entre judíos y campesinos eslavos en la época anterior. tiempos revolucionarios, basados ​​en la venta de licores y el préstamo de dinero, que los zares a menudo habían tratado de mitigar.

Cuando una élite gobernante tiene una conexión limitada con la población que controla, es mucho menos probable que ocurra un comportamiento benevolente, y esos problemas se magnifican cuando esa élite tiene una larga tradición de comportamiento extractivo despiadado. Enormes cantidades de rusos sufrieron y murieron a raíz de la Revolución Bolchevique, y dada la composición abrumadoramente judía de los principales líderes durante gran parte de ese período, no es de extrañar que el "antisemitismo" se considerara un delito capital. Kevin MacDonald pudo haber sido quien acuñó el término "élite hostil" y discutió las desafortunadas consecuencias cuando un país queda bajo tal control.

Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la Rusia renacida pronto cayó bajo el dominio abrumador de un pequeño grupo de oligarcas, casi en su totalidad de origen judío, y pronto siguió una década de total miseria y empobrecimiento para la población rusa en general. Pero una vez que un ruso real llamado Vladimir Putin recuperó el control, estas tendencias se invirtieron y las vidas de los rusos han mejorado enormemente desde entonces.

America’s media organs were overwhelmingly friendly toward Russia when it was under Jewish Oligarchic rule, while Putin has been demonized in the press more ferociously than any world leader since Hitler.

Indeed, our media pundits regularly identify Putin as “the new Hitler” and I actually think the analogy might be a reasonable one, but just not in the way they intend.


MOST BANNED BOOK IN THE WORLD: 200 Years Together Russian-Jewish History – Alexsandr Solzhenitsyn [English Translation Version]

The True Democracy Party is Proud to Present ‘The Most Banned Book In The World’.

1 Website and 1 Webpage have been pulled down since we began trying to bring this book forward.

This book is so Feared by World Zionist Jewry, that they have refused to translate it into English to this very day, the World Over.

This shows you how much of the World Media that ‘They’ control.

It’s been translated into German and French only, from the original Russian.

A group of Professors and Translators, so fed up with this Ultra World Censorship of an Acclaimed near masterpiece, and trying to keep information away from American’s, have begun Translating it on their own at their own expense, and are making it ‘Freely Available’ to all.

The result is a almost complete Translation, which can be viewed for free, as long as the various websites are up.

Most of the sites that ‘claim’ to have this book, Don’t. They just lure you in to give you their version of what Alex has to say.
We don’t believe you need their help or Propaganda.

We hope you enjoy a little unedited and uncensored truth.

Two Hundred Years Together was written by Aleksandr Solzhenitsyn, the famous Russian dissident who won a Nobel Prize for Literature. It is about the time of the Russians and the Jews inside the empire. He wrote in Russian of course but various publishers decided they were not going to put out an English version because they were Jews or frightened of them.

The together of the title refers to Russians and Jews. The first volume was Russian-Jewish History 1795-1916. The second was called The Jews in the Soviet Union. So it is clear enough why the Jews were never going to like what he had to say.

Alex knew them close up and personal. Alex tells the truth about Jews so they hate him and his book. Oddly it has been put out in German and French. One might think the Germans would not be allowed access to the truth about the shysters marketing the Holocaust® story. Perhaps they have been brain washed into acceptance. A little of the background is at May Regulations.

The Wikipedia’s article at Two Hundred Years Together – Wikipedia, the free encyclopaedia is an example of their worst kind of work. The use of words like allege, claim, admit and purports indicate the use of Words as Propaganda Tools. The Wiki was set up by Jews with an agenda. Naturally they do not link to Professor MacDonald as a source. Truth and agenda are out of synch again. But read for yourself. Think for yourself. Decide for yourself.

More chapters are being translated as a private venture and being published on line.

The Barnes Review Of 200 Years Together
QUOTE
This issue, TBR is proud to bring you something we know you have never seen in the English language. It is an overview and critical review of one of the most important books compiled in the 20th century. The book being reviewed herein was written by the 1970 recipient of the Nobel prize in literature and one of the most highly respected writers and philosophers of the age—Russian dissident Aleksandr Solzhenitsyn. How could such a book escape publication in the United States? For that matter, why has no one ever translated the book into English? The title should help us understand why this book has been banned and suppressed since the day it was completed. The title of the volume we are reviewing is, simply, The Jews in the Soviet Union. This volume is part two of Solzhenitsyn’s massive two-book series 200Years Together.

Pressure from extremely powerful Zionist sources, as you have already figured out by the title, has kept this valuable work from reaching readers in the West. And the reason for that will become obvious once you dive into this issue of TBR. It details, with great precision, the Jewish involvement in the creation of Bolshevism and communism and the willing participation of Jews in perpetrating the worst mass murders of the 20th century—crimes which dwarf claims about the so-called “holocaust.” The number of innocent Christian Russians who died at the hands of the Soviets is mind-boggling. Solzhenitsyn himself estimated the toll at 60million. Many Jews, it must be added, were also crushed under the Soviet steamroller in later years, after Josef Stalin began to diminish their involvement in political and military affairs.

The truth contained within Solzhenitsyn’s The Jews in the Soviet Union might never have reached the Western world at all had not German historian Udo Walendy brought it some much-deserved attention. Over his career, as TBR readers know, this brave historian has published extremely honest and forthright discussions of World War II. For doing so he has twice been imprisoned in Germany. Think about this courageous man and the price he has paid for the truth as you read this special issue. Please note: This detailed review by Walendy is not a fawning endorsement of every word of Solzhenitsyn. Instead, Walendy takes the author to task where he feels he has fallen short of Revisionist standards.

In addition to Walendy, we thank nationalists Roy Armstrong and John Nugent for translating Walendy’s German review into English, and the many TBR staffers and volunteers who contributed so heavily to this issue. We think it is so important, we humbly suggest you buy extra copies to give to libraries and friends. Please see the ad on page 65 for more information. And while you’re at it, please renew your subscription to TBR. We can honestly say, TBR brings you a magazine unlike any other in the world today. Please see the full color ADVANCE RENEW insert found between pages 24 and 25 of this issue. There you will find a really special offer you’ll want to take advantage of. And don’t miss the special message to all readers
UNQUOTE
Can you afford not to read this one?

The Barnes Review Special On 200 Years Together
QUOTE
The present discussion is concerned with the second volume of Solzhenitsyn’s two volume work. Together they are called Two Hundred Years Together. In Romanized Russian, this is Dvyesti lyet vmestye.

The first volume was Russian-Jewish History 1795-1916 and ran to 512 pages, published in 2001. In 2002 the second volume appeared, a 600-page-long investigation called The Jews in the Soviet Union.
UNQUOTE
Alexandr is not beating about the bush with his titles. You can see why the Jews were never going to like him – or for that matter the truth

Alexandr Solzhenitsyn Interviewed
QUOTE
Chukovskay: Am I right to understand that in the first chapters of Book 2, devoted to the Revolution, you disclose the Russian noms de guerre of Jewish revolutionaries and count their number in the supreme Revolutionary bodies so as to show in the closing chapters, when talking about the need for nationwide repentance, that Jews have cause not only to resent Soviet power, but also to repent?

Solzhenitsyn: That’s right, both.
UNQUOTE
He reads as an honest man who is not hated by all Jews. The corollary is that some are honest.

Currently translated parts are:

Chapter 4. In the Age of Reforms

Chapter 5. After the Murder of Alexander II

Chapter 13. The February Revolution

Chapter 16. During the Civil War

Chapter 17. Emigration between the two World Wars

Chapter 18. During the 1920s

Chapter 20. In the camps of GULag

Chapter 21. During the war with Germany

Chapter 22. From the End of the War to Stalin’s Death

Chapter 23. Before the Six-Day War

Chapter 24. Breaking Away From the Bolshevism

Chapter 25. Accusing Russia

Chapter 26. The Exodus Begins

Chapter 27. About the Assimilation. Author’s afterword

Any of the Websites below have the Above Chapter [ LINKS ]

Aleksandr Solzhenitsyn, Two Hundred Years Together: Russo-Jewish History, Vol. 1: 1795-1916.

Chapter 1, To End of 18th Century, first installment (see contents).

[G13] In this book the presence of the Jews in Russia prior to 1772 will not be discussed in detail. However, for a few pages we want to remember the older epochs.

One could begin, that the paths of Russians and Jews first crossed in the wars between the Kiev Rus and the Khazars– but that isn’t completely right, since only the upper class of the Khazars were of Hebraic descent, the tribe itself being a branch of the Turks that had accepted the Jewish faith.

If one follows the presentation of J. D. Bruzkus, respected Jewish author of the mid 20th century, a certain part of the Jews from Persia moved across the Derbent Pass to the lower Volga where Atil [west coast of Caspian on Volga delta], the capital city of the Khazarian Khanate rose up starting 724 AD. The tribal princes of the Turkish Khazars, at the time still idol-worshippers, did not want to accept either the Muslim faith – lest they should be subordinated to the caliph of Baghdad – nor to Christianity – lest they come under vassalage to the Byzantine emperor and so the clan went over to the Jewish faith in 732. But there was also a Jewish colony in the Bosporan Kingdom [on the Taman Peninsula at east end of the Crimea, separating the Black Sea from the Sea of Azov] to which Hadrian had Jewish captives brought in 137, after the victory over Bar-Kokhba. Later a Jewish settlement sustained itself without break under the Goths and Huns in the Crimea especially Kaffa (Feodosia) remained Jewish. In 933 Prince Igor [912-945, Grand Prince of Kiev, successor of Oleg, regent after death of Riurik founder of the Kiev Kingdom in 862] temporarily possessed Kerch, and his son Sviatoslav [Grand Prince 960-972] [G14] wrested the Don region from the Khazars. The Kiev Rus already ruled the entire Volga region including Atil in 909, and Russian ships appeared at Samander [south of Atil on the west coast of the Caspian]. Descendents of the Khazars were the Kumyks in the Caucasus. In the Crimea, on the other hand, they combined with the Polovtsy [nomadic Turkish branch from central Asia, in the northern Black Sea area and the Caucasus since the 10th century called Cuman by western historians see second map, below] to form the Crimean Tatars. (But the Karaim [a jewish sect that does not follow the Talmud] and Jewish residents of the Crimean did not go over to the Muslim Faith.) The Khazars were finally conquered [much later] by Tamerlane [or Timur, the 14th century conqueror].

A few researchers however hypothesize (exact proof is absent) that the Hebrews had wandered to some extent through the south Russian region in west and northwest direction. Thus the Orientalist and Semitist Abraham Harkavy for example writes that the Jewish congregation in the future Russia “emerged from Jews that came from the Black Sea coast and from the Caucasus, where their ancestors had lived since the Assyrian and Babylonian captivity.” J. D. Bruzkus also leans to this perspective. (Another opinion suggests it is the remnant of the Ten Lost Tribes of Israel.) This migration presumably ended after the conquest of Tmutarakans [eastern shore of the Kerch straits, overlooking the eastern end of the Crimean Peninsula the eastern flank of the old Bosporan Kingdom] (1097) by the Polovtsy. According to Harkavy’s opinion the vernacular of these Jews at least since the ninth century was Slavic, and only in the 17th century, when the Ukrainian Jews fled from the pogroms of Chmelnitzki [Bogdan Chmelnitzki, Ukrainian Cossack, 1593-1657, led the successful Cossack rebellion against Poland with help from the Crimean Tatars], did Yiddish become the language of Jews in Poland.

[G15] In various manners the Jews also came to Kiev and settled there. Already under Igor, the lower part of the city was called “Kosary” in 933 Igor brought Jews that had been taken captive in Kerch. Then in 965 Jews taken captive in the Crimea were brought there in 969 Kosaren from Atil and Samander, in 989 from Cherson and in 1017 from Tmutarakan. In Kiev western Jews also emerged.: in connection with the caravan traffic from west to east, and starting at the end of the eleventh century, maybe on account of the persecution in Europe during the first Crusade.

Later researchers confirm likewise that in the 11th century, the “Jewish element” in Kiev is to be derived from the Khazars. Still earlier, at the turn of the 10th century the presence of a “khazar force and a khazar garrison,” was chronicled in Kiev. And already “in the first half of the 11th century the jewish-khazar element in Kiev played “a significant roll.” In the 9th and 10th century, Kiev was multinational and tolerant.

At the end of the 10th century, in the time when Prince Vladimir [Vladimir I. Svyatoslavich 980-1015, the Saint, Grand Prince of Kiev] was choosing a new faith for the Russians, there were not a few Jews in Kiev, and among them were found educated men that suggested taking on the Jewish faith. The choice fell out otherwise than it had 250 hears earlier in the Khazar Kingdom. Karamsin [1766-1826, Russian historian] relates it like this: “After he (Vladimir) had listened to the Jews, he asked where their homeland was. ‘In Jerusalem,’ answered the delegates, ‘but God has chased us in his anger and sent us into a foreign land.’ ‘And you, whom God has punished, dare to teach others?’ said Vladimir. ‘We do not want to lose our fatherland like you have.’” After the Christianization of the Rus, according to Bruzkus, a portion of the Khazar Jews in Kiev also went over to Christianity and afterwards in Novgorod perhaps one of them – Luka Zhidyata – was even one of the first bishops and spiritual writers.

Christianity and Judaism being side-by-side in Kiev inevitably led to the learned zealously contrasting them. From that emerged the work significant to Russian literature, “Sermon on Law and Grace” ([by Hilarion, first Russian Metropolitan] middle 11th century), which contributed to the settling of a Christian consciousness for the Russians that lasted for centuries. [G16] “The polemic here is as fresh and lively as in the letters of the apostles.” In any case, it was the first century of Christianity in Russia. For the Russian neophytes of that time, the Jews were interesting, especially in connection to their religious presentation, and even in Kiev there were opportunities for contact with them. The interest was greater than later in the 18th century, when they again were physically close.

Then, for more than a century, the Jews took part in the expanded commerce of Kiev. “In the new city wall (completed in 1037) there was the Jews’ Gate, which closed in the Jewish quarter.” The Kiev Jews were not subjected to any limitations, and the princes did not handle themselves hostilely, but rather indeed vouchsafed to them protection, especially Sviatopolk Iziaslavich [Prince of Novgorod 1078-1087, Grand Prince of Kiev 1093-1113], since the trade and enterprising spirit of the Jews brought the princes financial advantage.

In 1113, Vladimir (later called “Monomakh”), out of qualms of conscience, even after the death of Sviatopolk, hesitated to ascend the Kiev Throne prior to one of the Svyatoslavich’s, and “exploiting the anarchy, rioters plundered the house of the regimental commander Putiata and all Jews that had stood under the special protection of the greedy Sviatopolk in the capital city. … One reason for the Kiev revolt was apparently the usury of the Jews: probably, exploiting the shortage of money of the time, they enslaved the debtors with exorbitant interest.” (For example there are indications in the “Statute” of Vladimir Monomakh that Kiev money-lenders received interest up to 50% per annum.) Karamsin therein appeals to the Chronicles and an extrapolation by Basil Tatistcheff [1686-1750 student of Peter the Great, first Russian historian]. In Tatistcheff we find moreover: “Afterwards they clubbed down many Jews and plundered their houses, because they had brought about many sicknesses to Christians and commerce with them had brought about great damage. Many of them, who had gathered in their synagogue seeking protection, defended themselves, as well as they could, and redeemed time until Vladimir would arrive.” But when he had come, “the Kievites pleaded with him for retribution toward the [G17] Jews, because they had taken all the trades from Christians and under Sviatopolk had had much freedom and power…. They had also brought many over to their faith.”

According to M. N. Pokrovski, the Kiev Pogrom of 1113 had social and not national character. (However the leaning of this “class-conscious” historian toward social interpretations is well-known.)

After he ascended to the Kiev throne, Vladimir answered the complainants, “Since many [Jews] everywhere have received access to the various princely courts and have migrated there, it is not appropriate for me, without the advice of the princes, and moreover contrary to right, to permit killing and plundering them. Hence I will without delay call the princes to assemble, to give counsel.” In the Council a law limiting the interest was established, which Vladimir attached to Yaroslav’s “Statute.” Karamsin reports, appealing to Tatistcheff, that Vladimir “banned all Jews” upon the conclusion of the Council, “and from that time forth there were none left in our fatherland.” But at the same time he qualifies: “in the Chronicles in contrast it says that in 1124 the Jews in Kiev died [in a great fire] consequently, they had not been banned.” (Bruzkus explains, that it “was a whole Quarter in the best part of the city… at the Jew’s Gate next to the Golden Gate.”)

At least one Jew enjoyed the trust of Andrei Bogoliubskii [or Andrey Bogolyubsky] in Vladimir. “Among the confidants of Andrei was a certain Ephraim Moisich, whose patronymic Moisich or Moisievich indicates his jewish derivation,” and who according to the words of the Chronicle was among the instigators of the treason by which Andrei was murdered. However there is also a notation that says that under Andrei Bogoliubskii “many Bulgarians and Jews from the Volga territory came and had themselves baptized” and that after the murder of Andrei his son Georgi fled to a jewish Prince in Dagestan.

In any case the information on the Jews in the time of the Suzdal Rus is scanty, as their numbers were obviously small.

[G18] The “Jewish Encyclopedia” notes that in the Russian heroic songs (Bylinen) the “Jewish Czar” – e.g. the warrior Shidowin in the old Bylina about Ilya and Dobrin’a – is “a favorite general moniker for an enemy of the Christian faith.” At the same time it could also be a trace of memories of the struggle against the Khazars. Here, the religious basis of this hostility and exclusion is made clear. On this basis, the Jews were not permitted to settle in the Muscovy Rus.

The invasion of the Tatars portended the end of the lively commerce of the Kiev Rus, and many Jews apparently went to Poland. (Also the jewish colonization into Volhynia and Galicia continued, where they had scarcely suffered from the Tatar invasion.) The Encyclopedia explains: “During the invasion of the Tatars (1239) which destroyed Kiev, the Jews also suffered, but in the second half of the 13th century they were invited by the Grand Princes to resettle in Kiev, which found itself under the domination of the Tatars. On account of the special rights, which were also granted the Jews in other possessions of the Tatars, envy was stirred up in the town residents against the Kiev Jews.” Similar happened not only in Kiev, but also in the cities of North Russia, which “under the Tatar rule, were accessible for many [Moslem? see note 1] merchants from Khoresm or Khiva, who were long since experienced in trade and the tricks of profit-seeking. These people bought from the Tatars the principality’s right to levy Tribute, they demanded excessive interest from poor people and, in case of their failure to pay, declared the debtors to be their slaves, and took away their freedom. The residents of Vladimir, Suzdal, and Rostov finally lost their patience and rose up together at the pealing of the Bells against these usurers a few were killed and the rest chased off.” A punitive expedition of the Khan against the mutineers was threatened, which however was hindered via the mediation of Alexander Nevsky. “In the documents of the 15th century, Kievite [G19] jewish tax-leasers are mentioned, who possessed a significant fortune.”

Note 1. The word “Moslem” is in the German but not French translation. I am researching the Russian original.

5 Comments to Two Hundred Years Together: From the Beginnings in Khazaria

We have all heard of the Khazars, and how the majority of Ashkenazi jews probably descend from them, but it is fascinating to see that history given a time and place, and fleshed out.
Harkavy’s thesis that the caspian jews were from the ten lost tribes or the remnant of the not-lost two tribes seems either implausible or self-defeating to me. (1) Why would those people have lost their collective memory of who they were? If it is claimed that they did remember, then why did they not write it down (genealogies, etc.)? (2) On the other hand, if they were descended from exiled Israel, but lost all continuity with the same, in what sense should they be regarded as jews? That is racism in the only form that the term makes any sense, but which still celebrates an absurdity: namely, thinking that mere blood, without any inherited culture, character, or accomplishment, grants one solidarity.

It is also interesting to see how in relatively recent history (yes I know, I must be weird to think of 1000 AD as “recent”) we can observe the formation of brand-new ethnic groups from a combination of migration and marriage, the turkish Cuman tribe for example becoming the partially european yet distinct tribe of Crimean Tatars.

In this regard, it is also fascinating to see that the majority of modern-day jews are essentially a branch of the Turks.

Comment by Tim H — December 12, 2007 @ 7:03 pm

Wrong, Tim. The majority of Ashkenazi Jewish ancestry comes from the Israelites. See the evidence for yourself at http://www.khazaria.com/genetics/abstracts.html and in Chapter 10 of “The Jews of Khazaria”, Second Edition, published by Rowman and Littlefield in 2006.
Comment by Kevin Brook — December 20, 2007 @ 11:59 pm

Kevin — I’m certainly no expert in genetics and so will quickly get out of my depth here. However, as with any layman in connection with any science, we can certainly challenge the logic.
At your link, he concludes that “the main ethnic element of … most modern Jewish populations of the world is Israelite,” but supports this with “the Israelite haplotypes fall into Y-DNA haplogroups J and E.” However, earlier he stated that “the Y-DNA haplogroups J and E … are typical of the Middle East” but not limited to Israel. So the logic seems to be:

All jews are (haplogroups J and E)
All (haplogroups J and E) are middle eastern

the latter including “Kurdish, Armenian, Palestinian Arab, Lebanese, Syrian, and Anatolian Turkish peoples”

From this we could conclude the family heritage with middle eastern peoples, not Israel simply.

And if Turks are lumped in with that group, as he does, there is no contradiction to my assertion. Indeed, coming full circle in that way shows the absurdity of the “rebuttal.”

The “middle east” is taken to include Armenians, Arabs, and Turks, and this itself shows the difficulty of these studies using samples after the mixing has occurred. Unless they can get enough DNA from the ancients, there is a great deal of assumption that must be mixed in, it seems to me. This is similar to the claim a while ago that some Negroes were descended from Thomas Jefferson. You can go up the chain, with 1/2 admixing at every step, then you have to go back down the chain, with 1/2 mixing at every step. And the DNA at each of the “1/2 admixing” steps, if it were avaialable at all, is also the result of such a series of 1/2 admixtures. I’m skeptical.

Later, your author identifies Khazars as Europeans, which is absurd.

Comment by TJH — December 21, 2007 @ 9:20 am

A correspondent has pointed out that in the passage near the end of this section,
“under the Tatar rule, were accessible for many Moslem merchants from Khoresm or Khiva, who were long since experienced in trade and the tricks of profit-seeking.”

the word “Moslem” is not in the French version. It does not appear to be in the Russian either, though I am struggling to get every word in the Russian. When I succeed, I will make a final correction. Until then, I have added a footnote.

Comment by TJH — March 31, 2008 @ 8:00 pm

I can confirm that the explicit word “Moslem” does not appear in the original. However, I think a Russian reader would infer that the merchants were in fact Moslem. The groups mentioned still exist today, though there are very few Besermyan left. They were either part of, or paid tribute to, the Khanate of Kazan. The Khoresm live in an area that was once in the Islamic Khanate of Khiva. Solzhenitsyn was quoting an official Russian history by N.M. Karamzin.


Voices from the Gulag

A brief history of the Russian labor camps known as Gulags interspersed with the pieces of actual memoirs from survivors as well as excerpts from some of the more prominent works of literature about the Gulags written by Aleksandr Solzhenitsyn giving chilling descriptions from both the inside looking out and the outside looking in.


Alexander Solzhenitsyn


Remembering Aleksandr Solzhenitsyn

Ours is an age of politicization. No matter the problem, real or imagined, proposed solutions are always couched in the language of politics. No subject can be discussed without constant reference to its political ramifications. Whatever position a political leader may adopt with respect to a current &ldquoissue,&rdquo it must be judged not by its relevance to governance, but by its impact on upcoming elections. Everything, in short, is viewed through the prism of politics. Politics has come to occupy the center of the lives of many, if not most, Americans it is the search engine for meaning in a secular world.

In his famous commencement address delivered at Harvard University in 1978, the Russian dissident writer Aleksandr Solzhenitsyn attempted to awaken his listeners to their condition: &ldquoWe have placed too much hope in politics and social reforms, only to find out that we were being deprived of our most precious possession: our spiritual life.&rdquo

Solzhenitsyn was born Dec. 11, 1918 in Kislovodsk, a spa city in the North Caucasus region of Russia. The Bolsheviks had seized power a year earlier, but a civil war of annihilation raged until 1921 before the &ldquoReds&rdquo achieved final victory. As a result, Solzhenitsyn was to live under Communist rule for more than 50 years. His was a miraculously long and eventful life. He survived combat in World War II, cancer, and eight years in what he called the Gulag Archipelago, the universe of Soviet forced labor camps.

The 1962 publication of Solzhenitsyn&rsquos novel about the gulags, One Day in the Life of Ivan Denisovich, turned Solzhenitsyn from an obscure former zek (labor camp prisoner) into an international celebrity. In the years following, he was praised in the West as a political critic of the Soviet regime and therefore a friend of liberal democracy, a writer following in the footsteps of 19th-century Westernizers such as Ivan Turgenev and Aleksandr Herzen. Although he was an enemy of Stalinism, the novel is not primarily about politics but about the soul&rsquos search for God. &ldquoBe glad you&rsquore in prison,&rdquo young Alyoshka the Baptist tells Ivan. &ldquoHere you have time to think about your soul.&rdquo

The diplomat and historian George Kennan once observed that Stalinist Russia and Nazi Germany were aberrations that stood outside of traditional systems of politics. On Sept. 5, 1973, Solzhenitsyn forwarded a private letter to Soviet leaders in which he made it clear that he did not consider authoritarianism in itself to be intolerable, but rather &ldquothe ideological lies that are daily foisted upon us.&rdquo This was a way of saying that the Bolshevik Revolution did something far worse than establish a tyrannical regime. Like the Nazi regime which followed more than a decade later, it sought to destroy the souls of those whom it subjugated.

Solzhenitsyn agreed with the exiled legal and religious philosopher Ivan Ilyin&rsquos characterization of the revolutionary upheaval: &ldquoThe political and economic reasons leading to this catastrophe are unquestionable, but its essence is deeper than politics and economics it is spiritual.&rdquo In a postscript to a 1975 samizdat essay entitled &ldquoAs Breathing and Consciousness Return,&rdquo Solzhenitsyn again made it clear that his concerns were fundamentally religious and moral&mdashthe state structure was of secondary significance:

That this is so, Christ himself teaches us. &lsquoRender unto Caesar what is Caesar&rsquos&rsquo&mdashnot because every Caesar deserves it, but because Caesar&rsquos concern is not with the most important thing in our lives.

Early in his monumental history of the labor camp system, El archipiélago de Gulag (1973), Solzhenitsyn states, &ldquoLet the reader who expects this book to be a political exposé slam its covers shut right now.&rdquo In a section entitled &ldquoThe Soul and Barbed Wire,&rdquo he writes of the ascent of his own soul that had begun with his renunciation of survival &ldquoat any price.&rdquo That renunciation freed him to examine his conscience, to reflect upon his own weaknesses rather than those of others: &ldquoReconsider all your previous life. Remember everything you did that was bad and shameful.&rdquo

Suddenly, Solzhenitsyn became aware that he had never forgiven anyone for anything, that he had judged others without mercy. As a result of this self-scrutiny he perceived a profound irony: &ldquoI nourished my soul there, and I say without hesitation: Bless you, prison, for having been in my life!&rdquo

Solzhenitsyn recognized that the problems confronting Russians, indeed all men, were fundamentally spiritual, not political, in nature. No political system, therefore, could provide a solution to them, and that included democracy, which Solzhenitsyn, citing Joseph Schumpeter, referred to as &ldquoa surrogate faith for intellectuals deprived of religion.&rdquo

History knew of few democracies, he wrote. People had lived for centuries without them and were not always worse off for it. Russia herself had long existed under authoritarian rule and her people died without feeling that their lives had been wasted. If such systems had functioned for centuries, Solzhenitsyn thought it was fair to conclude that they could offer people a tolerable life.

In his Harvard address, Solzhenitsyn informed his audience with regret that, having lived in the West for four years, he could not recommend it as a model for a post-Communist Russia. He did not cite theoretical opposition to democratic political systems as his reason, however. He reflected that, &ldquoThrough deep suffering, people in our country have now achieved a spiritual development of such intensity that the Western system in its present state of spiritual exhaustion does not look attractive.&rdquo

A political system should not, Solzhenitsyn argued, be measured by its military power or the size of its economy, but by the sum of the spiritual progress of individuals under its authority. In America he witnessed little spiritual progress but much evidence of decadence, including crime, pornography, intolerably vulgar music, and the identification of happiness as the ultimate goal in life. America suffered from the &ldquoforfeited right of people not to know, not to have their divine souls stuffed with gossip, nonsense, vain talk,&rdquo he wrote. &ldquoA person who works and leads a meaningful life has no need for this excessive and burdening flow of information.&rdquo This problem has, of course, grown much more severe since the creation of the internet.

It isn&rsquot necessary to read Solzhenitsyn for very long before one becomes aware of his sympathy for authoritarian governments of a non-despotic and nonideological character. In the &ldquoAuthor&rsquos Note&rdquo to The Red Wheel (1971), his novelized four-volume history of the Russian Revolution, he informs his readers that the fictional Olda Andozerskaya (modeled after Alya, his second wife) is, &ldquoamong other things, a vehicle for the [favorable] views on monarchy of Professor Ivan Aleksandrovich Ilyin.&rdquo More importantly, there was no figure in The Red Wheel, or in Russian history, whom he admired more than Pyotr Stolypin, prime minister of Russia from 1906 to 1911 and an authoritarian but liberal reformer who sought to transform peasants living in communes into smallholders. In Solzhenitsyn&rsquos view, his assassination removed the one man who might have spared Russia war and revolution.

Solzhenitsyn was not alone in his admiration for Stolypin he was later joined by Vladimir Putin, who chose the martyred leader as a role model. Putin was the driving force behind the erection in Moscow of a monument in his honor. Although the Russian president operates within a democratic framework, his personal style is authoritarian. On succeeding the alcoholic and incompetent Boris Yeltsin, a darling of the West, Putin presided over rapid economic growth, reined in the power of the so-called &ldquooligarchs,&rdquo worked to restore Russian culture, and defended the moral teachings of the Russian Orthodox Church. Putin visited Solzhenitsyn&rsquos suburban Moscow home on two occasions and earned the writer&rsquos praise. &ldquoPutin inherited a ransacked and bewildered country, with a poor and demoralized people,&rdquo Solzhenitsyn told Der Spiegel just a year before his death in 2008. &ldquoAnd he started to do what was possible&mdasha slow and gradual restoration.&rdquo

Although generally critical of the Western world, Solzhenitsyn expressed respect for Spain&rsquos caudillo, General Francisco Franco, who &ldquowith firm tactics&rdquo had managed to keep his country Christian &ldquoagainst all history&rsquos laws of decline.&rdquo After making a visit to Spain in 1976, just a year after Franco&rsquos death, Solzhenitsyn reported that Spaniards could travel abroad freely, read newspapers from around the world, and criticize public policy, as indeed they had done, with some limitations, since the pluralistic reforms of the 1950s. &ldquoIf [Russians] had such conditions,&rdquo he said, &ldquowe would be thunderstruck, we would say this was unprecedented freedom.&rdquo Franco&rsquos Spain was in his estimation superior to the secular West and to the one democratic &ldquoexperiment&rdquo in Russian history.

As he was conducting research for the third novel in The Red Wheel cycle at the Hoover Institution and elsewhere, Solzhenitsyn, to his surprise, arrived at a highly critical view of Russia&rsquos Provisional Government that had come to power in the wake of the February Revolution of 1917, which he had once viewed with favor. For most Western historians, that revolution was a glorious, if short-lived, event in Russia&rsquos history&mdashthe fall of the autocracy and the establishment of a liberal-democratic government. Solzhenitsyn viewed it as an anarchic catastrophe that paved the way for the Bolshevik golpe d & rsquo y eacutetat. His unsparing account of the first days of revolutionary turmoil has a contemporary ring.

As he writes in the series&rsquo third book, March 1917, on the first day of that doomed revolution, a &ldquocraze began of smashing shop windows and ravaging, even looting shops.&rdquo On the third day, &ldquoThe crowd started throwing empty bottles at the police.&rdquo Later that month the mob chased down and attacked police officers without mercy, shouting:

&lsquoBeat them, grind them to sausage&hellipwith whatever&rsquos handy&mdashsticks, rifle butts, bayonets, stones, boots to the ear, heads on the pavement, break their bones, stomp them, trample them&hellip. We don&rsquot want to live with police anymore. We want to live in total freedom!&rsquo

Later still, &ldquoEach inhabitant of the capital&hellipwas left to fend for himself. Released criminals and the urban rabble were doing as they pleased.&rdquo Functional democracy, Solzhenitsyn observed, demands a high level of political discipline. &ldquoBut this is precisely what we lacked in 1917, and one fears that there is even less of it today.&rdquo

As a political realist, however, Solzhenitsyn recognized that democracy was likely to be Russia&rsquos future. He had read Tocqueville who believed, with regret, that democracy was the West&rsquos destiny. &ldquoThe whole flow of modern history,&rdquo the Russian wrote, &ldquowill unquestionably predispose us to choose democracy.&rdquo Yet democracy had been elevated &ldquofrom a particular state structure into a sort of universal principle of human existence, almost a cult.&rdquo

For Solzhenitsyn, democracy was far from being a universal principle. Like Tocqueville, he looked for ways to mitigate its likely excesses. &ldquoWe choose [democracy] in full awareness of its faults and with the intention of seeking ways to overcome them.&rdquo He did develop a sympathy for democracy at the local level, what he called &ldquothe democracy of small areas,&rdquo in part because he remembered the zemstva, those promising organs of rural self-government established in 1864 during the age of the Great Reforms under Tsar Alexander II, which had been replaced by the Bolsheviks with Soviet collectives.

Solzhenitsyn also recalled with pleasure the time he witnessed an election in the Swiss canton of Appenzell. Officials there spoke of individual freedoms linked to self-limitation, which Solzhenitsyn regarded as essential to responsible political and personal conduct. Freedom, in his view, had less to do with an external lack of restraint than with internal self-control. Based upon his experience in the gulag, he knew that &ldquowe can firmly assert our inner freedom even in an environment that is externally unfree.&rdquo

On the other hand, after his years in the West, Solzhenitsyn concluded that &ldquothe notion of freedom has been diverted to unbridled passion, in other words, in the direction of the forces of evil (so that nobody&rsquos &lsquofreedom&rsquo would be limited!).&rdquo

Appenzell&rsquos direct elections also received Solzhenitsyn&rsquos approval. The Swiss citizens of that canton knew those whom they voted for and did not need a Ph.D. in political science to arrive at reasoned judgments concerning local housing, hospitals, and schools. To vote responsibly for national leaders whom they could not know or for proposed bills about which they were not competent to judge was, however, a different matter.

Russian novelist Fyodor Dostoevsky had once pronounced universal and equal suffrage &ldquothe most absurd invention of the nineteenth century,&rdquo but Solzhenitsyn said only that it was permissible to have doubts about its alleged merits. Universal suffrage seemed to him to clash with obvious inequalities of talent, varying contributions to society, and differing levels of maturity. He therefore favored indirect and unequal (or restricted) voting, like what America&rsquos Founding Fathers had thought to establish.

Unfortunately for America, the Founders&rsquo representative government soon fell victim to the inexorable march toward mass democracy, especially with the ratification of the Seventeenth Amendment in 1913, which transferred the election of senators by state legislatures directly to the people. Once established as a civil religion, democracy possessed the power, as American historian Walter McDougall has pointed out, &ldquoto conflate the sacred and secular.&rdquo Religion and leftist politics became, for all practical purposes, one and the same.

There are endless examples of this conflating of sacred and secular. The most recent is the cult that has grown up around an American black man, George Floyd, who achieved the status of saint and martyr because he died (of a heart attack according to the autopsy report) after a physical confrontation with Minneapolis police. To be sure, he was little helped by the methamphetamine and fentanyl in his system or by the irresponsible method of restraint applied by an officer. At one of several memorial services celebrating his life&mdasha life marked by a lengthy criminal record&mdashhe was pictured with angel wings and a halo.

Concurrently, thousands of white Americans attended cultish services of repentance for their own and the nation&rsquos alleged sin of &ldquosystemic racism.&rdquo Around the nation others, white and black, &ldquotook the knee&rdquo with heads bowed in support of &ldquoBlack Lives Matter,&rdquo the religio-revolutionary movement to which all are now obliged to pay public obeisance.

Media figures do their part by their insistent demands for ever more public demonstrations of national contrition and atonement&mdashfor the removal or destruction of all monuments or names honoring Confederate leaders who stand accused of the &ldquooriginal sin&rdquo of slavery, and for extensive &ldquoreparations.&rdquo In this way, we are led to understand, white Americans may purchase redemption. However, even that reckoning is unlikely to pay off the alleged debt.

On Jan. 28, 1919, just weeks after Solzhenitsyn&rsquos birth and while the Russian Civil War entered its decisive year, Max Weber delivered a lecture in Munich entitled &ldquoPolitik als Beruf&rdquo (Politics as a Calling). The great sociologist had learned Russian at the time of the abortive Revolution of 1905 and had followed events avidly in several Russian newspapers. He intended to write a book about Leo Tolstoy and was profoundly impressed by Dostoevsky. Moreover, he was well acquainted with Russian emigrés who attended the Sunday discussions at his home.

Another regular attendee at those gatherings was the Hungarian critic and philosopher Georg Lukács, who had joined the Hungarian Communist Party only weeks earlier. Con la inesperada conversión de Luk & aacutecs & rsquos en mente, Weber le dijo a su audiencia de Munich que "el que busca la salvación del alma, la suya y la de los demás, no debe buscarla a través de la política y el infierno". Con la guerra civil en Rusia y la revolución en Alemania ante sus ojos, Weber concluyó que la política como religión conduce inevitablemente a la violencia.

La salvación personal, como Solzhenitsyn tan bien entendió, se buscó más apropiadamente a lo largo de caminos más tradicionales, esto es tan cierto hoy como lo fue en 1919.


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