Anne Hutchinson y la crisis antinomiana

Anne Hutchinson y la crisis antinomiana

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Anne Hutchinson, una separatista extrema, amenaza con dividir a la comunidad puritana de Massachusetts al predicar que algunas personas están ordenadas de antemano. Finalmente, es expulsada de Massachusetts a Rhode Island.


Ann Hutchinson y la controversia antinomiana

Ann Hutchinson (1591 & # 8211 1643) fue una predicadora radical, de Lincolnshire, que se hizo famosa en Estados Unidos por la Controversia Antinomiana.

La palabra & # 8216antinomianismo & # 8217 significa literalmente & # 8220 en contra o en contra de la ley & # 8221 y, en un sentido religioso, significa no seguir la autoridad religiosa. En 1637, sería en Boston, Massachusetts, donde Hutchinson iría a juicio por violar la ley religiosa del día, un evento que la convertiría en la mujer más conocida de la América colonial.


Anne Hutchinson y la crisis antinomiana

Los documentos que rodean el juicio de Anne Hutchinson nos dan una idea interesante de lo que los puritanos creían que era el papel de la mujer en la religión. Hutchinson, quien se mudó a Boston para seguir siendo parte de la congregación trasplantada de Mather, fue juzgado por alterar esencialmente el orden social. Estos escritos refuerzan o fomentan la exclusión de las mujeres de participar en la religión organizada más allá de ser un participante casual, y en cambio continúan otorgando autoridad religiosa exclusivamente a los creyentes masculinos.

Anne Hutchinson estaba acostumbrada a reunirse con otras personas antes de establecerse en Boston. “Una vez instalada en su nuevo Boston… retomó una práctica que había comenzado en Inglaterra, de hacer visitas a mujeres en estado de parto u otro tipo de angustia, como una especie de asesora semiprofesional” (Heimert y Delbanco 154). Este acto de domesticidad, ayudar a otras mujeres en los modales relacionados con el hogar, es un acto en el que las mujeres se han estado involucrando durante siglos. Ben Barker-Benfield escribe: “La revolución en la que Hampden, Lilburne, Winstanley y Winthrop se comprometieron en nombre del nuevo hombre (especie genérica) también erigió o renovó una barrera en nombre del nuevo hombre (específico de sexo), y contra la aparición de la nueva mujer ”(66). La declaración de Barker-Benfield es interesante a la luz de las muchas razones por las que los puritanos hicieron el viaje a lo que hoy es Estados Unidos. En el proceso de creación de este "hombre nuevo" del que habla Barker-Benfield, las actitudes puritanas redefinen cómo la religión puede funcionar en la esfera doméstica. Se espera que las mujeres participen activamente en la comunidad de la iglesia, pero los hombres comenzaron a verse a sí mismos como miembros de una casta mediadora. Los hombres de este calibre veían a Hutchinson ya las mujeres como ella como una amenaza para sus roles dentro del hogar, lo que socavaba su capacidad de “hacer bien a las mujeres lo que reclamaban para sí mismas” (Barker-Benfield 67).

Vemos esto de nuevo en el "Tratado del pacto de gracia" de John Cotton, en el que escribe: "Por fin, el Señor viene en alguna ordenanza suya, y da testimonio gratuitamente del amor que se nos ha otorgado, y tal testimonio se asentará maravillosamente y establecer cualquier alma en el mundo ”(Heimert y Delbanco 150). El gobernador Winthrop, en un artículo posterior, refuta esto diciendo que el lugar de Anne Hutchinson, habiendo nacido testigo y ahora ayudando a otros a compartir eso, no es su lugar en la comunidad en general:

El caso está alterado y no nos apoyará ahora, pero veo una maravillosa providencia de Dios para llevar las cosas a este suceso que son ... La obra fundamental de sus revelaciones es la revelación inmediata del espíritu y no por el ministerio del palabra. Y ese es el medio por el cual ha abusado mucho del país que buscarán revelaciones… (Heimert y Delbanco 161)

Por un lado, se cree que Dios hará un lugar para quienes compartan su testimonio, pero Winthrop y la corte opinaron que este no era un lugar para Anne Hutchinson.

En "El examen de la Sra. Anne Hutchinson en el tribunal de Newtown". Winthrop dice que Hutchinson ha sido "condenado por la asamblea general como algo intolerable, no agradable a los ojos de Dios o apropiado para su sexo, y a pesar de que se gritó, usted ha continuado igual" (Heimert y Delbanco 156). Dado que los hombres se veían a sí mismos como mediadores entre Dios y la congregación, Hutchinson ha socavado el orden social establecido simplemente por tener estas reuniones en su casa. Además, esto altera la esfera doméstica del hogar Hutchinson en lugar de que los roles de género estén claramente definidos, las líneas entre los géneros se han difuminado como resultado de que Hutchinson profesara la palabra de Dios. Hutchinson se ha salido de su papel de mujer puritana y, por lo tanto, es llevada a juicio y finalmente expulsada de su iglesia como resultado, a pesar de que en su predicación pretendía defender un cierto tipo de discurso religioso en el que participaban sus homólogos masculinos. Esto es interesante a la luz de una de las declaraciones que hace Winthrop en su “Defensa de una orden judicial dictada en el año 1637”: “Las personas que así se incorporan tienen un interés público y relativo entre sí ... y en todos los medios de su bienestar para que ningún otro pueda reclamar privilegios con ellos sino por libre consentimiento ”(Heimert y Delbanco 165). ¿No fue la práctica teológica de Hutchinson una preocupación por los demás, tal como lo describe Winthrop?

Los escritos sobre el juicio de Anne Hutchinson nos dan una idea del rol del género y la noción de roles domésticos en los asentamientos puritanos en Estados Unidos durante el siglo XVII. Los roles de género religiosos dictaban que las mujeres no eran adecuadas para ser conocidas como mediadoras entre Dios y sus seguidores. “Debes guardar tu conciencia”, escribió Winthrop, “o debe ser guardada para ti” (Heimert y Delbanco 157). La simple declaración de Winthrop nos muestra que, en términos de género en la iglesia puritana, las mujeres no tenían las habilidades mentales para manejar la responsabilidad de recibir y profesando la palabra de Dios, algo que Anne Hutchinson, sin saberlo, hizo todo lo posible por probar.

Barker-Benfield, Ben. "Anne Hutchinson y la actitud puritana hacia las mujeres". Estudios feministas 1.2 (1972): 65-96. Web. JSTOR. 21 de julio de 2013.

Algodón, John. "Un Tratado del Pacto de Gracia". Los puritanos en América: una antología narrativa. Alan Heimert y Andrew Delbanco, Eds. Boston: Harvard University Press, 1985. Imprimir.

Heimert, Alan y Andrew Delbanco, Eds. "Anne Hutchinson (1591-1643)". Los puritanos en América: una antología narrativa. Boston: Harvard University Press, 1985. Imprimir.

& # 8212 & # 8212 & # 8212 & # 8211. "El examen de la señora Anne Hutchinson en el tribunal de Newtown". Los puritanos en América: una antología narrativa. Boston: Harvard University Press, 1985. Imprimir.

Winthrop, John. "Defensa de una orden judicial dictada en el año 1637". Los puritanos en América: una antología narrativa. Alan Heimert y Andrew Delbanco, Eds. Boston: Harvard University Press, 1985. Imprimir.


Santos y sectarios: Anne Hutchinson y la controversia antinomiana en la colonia de la bahía de Massachusetts

Esta reconstrucción brillante y dramática de la mente puritana en acción, informada con conocimientos psicológicos y sociológicos, proporciona una nueva comprensión de Anne Hutchinson y la controversia antinomiana en la colonia de la bahía de Massachusetts y le da a su controversia con los santos puritanos una nueva dimensión en la historia colonial estadounidense. .

Publicado originalmente en 1962.

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A UNC Press Enduring Edition - UNC Press Enduring Editions utiliza lo último en tecnología digital para hacer disponibles nuevamente libros de nuestra distinguida lista de fondos que antes estaban agotados. Estas ediciones se publican sin alteraciones del original y se presentan en formatos de bolsillo asequibles, lo que aporta a los lectores un valor histórico y cultural. . más


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Un enfoque de estudios de género para la vida y el juicio de Anne Hutchinson

Esta bibliografía se centra en una pequeña muestra de los trabajos críticos que analizan el juicio de Anne Hutchinson en 1637. Específicamente, estos trabajos analizarán el juicio de Hutchinson y la literatura antinomiana con un enfoque de estudios de género y feminista, y observarán cómo el género jugó un papel en estos eventos históricos.

Barker-Benfield, Ben. "Anne Hutchinson y la actitud puritana hacia las mujeres". Estudios feministas 1.2 (1972): 65-96. JSTOR. Web. 21 de julio de 2013.

Barker-Benfield adopta un enfoque interesante para analizar las relaciones entre hombres, mujeres y Dios en este artículo. Este escritor sugiere que, a pesar de la oposición puritana a las jerarquías dentro de la iglesia establecida, las actitudes de género hacia hombres y mujeres establecieron niveles de poder no oficiales al establecer que un género es más apto que otro para recibir la sabiduría divina de Dios. Esto se debía a que un género ocupaba casi todos los puestos de liderazgo dentro de una comunidad (líderes de la iglesia, maestros, políticos, etc.) mientras que el otro género era menos apto para recibir la misma sabiduría divina de Dios. Debido a la incapacidad del otro género para tener una relación directa con Dios, Barker-Benfield argumenta que esto los llevó a convertirse en rebeldes y permitir que esta rebeldía se reproduzca dentro de las familias y rompa la unidad familiar.

Este artículo también analiza las similitudes entre la historia de Hutchinson y la historia de Hester Prynne en la novela de Nathaniel Hawthorne. La letra escarlata. Barker-Benfield, al describir los relatos de las vidas de las dos mujeres, observa cómo Hawthorne toma la historia de la vida de Hutchinson y, a través de Hester Prynne, crea un personaje femenino que, junto con su líder religioso Arthur Dimmesdale, toma en cuenta las actitudes puritanas con respecto al género y poder percibido por Hawthorne.

Kaufmann, Michael W. & # 8220 Post-secular Puritanos: Recientes juicios de Anne Hutchinson. & # 8221 Literatura americana temprana 45.1 (2010): 31-59. Proyecto MUSE. Web. 23 de julio de 2013.

El artículo de Kaufmann analiza los desarrollos más recientes en el estudio de la vida y las obras de Hutchinson que se han publicado desde los años setenta y ochenta. Además, Kaufmann argumenta que hay ciertos parámetros culturales, como la religión, que deberían trabajarse de nuevo en la erudición de Hutchinson, especialmente en relación con las dicotomías predominantes que se han estudiado previamente en relación con esta figura puritana en particular y dentro de los estudios puritanos en general. Esto es para alentar a la erudición puritana a seguir las tendencias en el campo de los estudios literarios para incorporar consideraciones religiosas en el trabajo académico. Después de todo, escribe Kaufmann, los puritanos eran un grupo religioso y cultural, así que esto no es más que un movimiento lógico.

Kaufmann también sostiene que los estudios puritanos deberían seguir las tendencias académicas predominantes y volver a incorporar la religión en el estudio académico. Curiosamente, Kaufmann describe los estudios literarios religiosos, colocados entre varias otras subdisciplinas dentro del campo de los estudios culturales, es una zona gris interesante para los eruditos puritanos debido a la influencia que tuvo la religión en este grupo particular de personas, su literatura y los discursos en que se comprometen.

Scheick, William J. "Literatura hasta 1800". Beca literaria americana (2004): 223-240. Proyecto MUSE. Web. 23 de julio de 2013.

Esta revisión de la literatura, que abarca una amplia variedad de escritores y figuras históricas estadounidenses tempranos, tiene una porción bastante significativa dedicada no solo a las mujeres puritanas, sino particularmente a Hutchinson. Muchos de los textos académicos mencionados miran a Hutchinson y los trabajos relacionados con su juicio desde una variedad de enfoques, pero también toman a otros dentro de su comunidad, como John Cotton, para cuestionar sus comentarios durante el juicio de Hutchinson, y si estas figuras rodean o no. Hutchinson realmente entendió las ramificaciones de sus palabras y argumentos.

La revisión de la literatura de Scheick ofrece un alcance compacto de la erudición que existe sobre las mujeres puritanas y coloniales, al mismo tiempo que da la debida justicia a muchos campos diferentes dentro de los estudios literarios. Su análisis de cada fuente es bastante breve, pero también intenta dar al lector una idea de lo que distingue a cada una de las piezas en cuestión de otras investigaciones en el campo sin ocupar demasiado espacio. Esta revisión también analiza la literatura de los primeros encuentros, las mujeres de las colonias del sur y otras figuras importantes de la literatura estadounidense anterior a 1800. Los trabajos que describe Scheick pueden ser útiles para académicos o estudiantes que buscan establecer conexiones entre períodos de tiempo históricos o ubicaciones geográficas y necesitan sugerencias sobre qué literatura está disponible sobre una variedad de escritores estadounidenses tempranos.

Toulouse, Teresa. & # 8220 ¿Hacia dónde vamos desde aquí ?: Las primeras mujeres estadounidenses y el (los) fin (s) de la crítica feminista. & # 8221 Literatura americana temprana 44.1 (2009): 195-213.Proyecto MUSE. Web. 23 de julio de 2013.

El artículo de Toulouse proporciona una revisión extensa de la literatura pasada creada concentrándose en el feminismo y la primera literatura estadounidense y moderna. El fundamento de este argumento fue un artículo en Los New York Times discutir un cambio en las actitudes de los académicos en las últimas dos décadas, de un trabajo apasionado y politizado a una erudición que se centra más en datos y estadísticas. Debido a esto, argumenta Toulouse, hay un alejamiento del feminismo como campo de estudio literario y una gravitación hacia formas de estudio impulsadas empíricamente.

Toulouse también analiza las representaciones masculinas de mujeres y escritoras en estas diversas formas de literatura antigua. De una manera algo complicada, Toulouse concluye que es posible que ambas académicas feministas basadas en la teoría también puedan trabajar en conjunto con la nueva generación de académicas de la literatura para proporcionar una nueva perspectiva sobre cómo funcionan las mujeres y la alfabetización tanto en estos primeros textos como en el género. las relaciones pueden haber tenido un impacto en la alfabetización de las mujeres de la época. Toulouse argumenta que, al combinar la investigación literaria tradicional basada en la teoría con este aumento en el trabajo académico con datos empíricos, podemos estudiar mejor a las mujeres de la literatura estadounidense primitiva y comprender mejor cómo interactuaban la alfabetización, las mujeres y la sociedad.

Westerkamp, ​​Marilyn J. "Anne Hutchinson, el misticismo sectario y la orden puritana". Historia de la Iglesia 59.4 (1990): 482-496. JSTOR. Web. 21 de julio de 2013.

El artículo de Westerkamp analiza varias interpretaciones de la fama de Anne Hutchinson en la comunidad académica, que ella describe como cercana a la de una celebridad. Según Westerkamp, ​​Hutchinson disfrutó de cierta fama durante su vida porque les gustaba tanto a hombres como a mujeres, independientemente de sus supuestas irregularidades a los ojos de la iglesia. Este artículo describe la investigación actual que retrata a Hutchinson como una amenaza para la estabilidad política, un desviado social o un rebelde. Todos estos roles y representaciones, sostiene Westerkamp, ​​socavaron el orden social imperante.

Es interesante considerar la versión de Westerkamp de las diversas biografías y artículos académicos que rodean a Hutchinson a la luz de otros estudios que la representan como de un tipo u otro. El análisis de la autora de las respuestas de Hutchinson a Winthrop y otros durante su juicio ofrece una perspectiva diferente sobre cómo los puritanos veían el valor del individuo, algo que Westerkamp también analiza brevemente en su argumento. Desde una perspectiva feminista, Westerkamp cita la investigación de Withington y Schwartz sobre la naturaleza política del juicio y si el juicio de Hutchinson se llevó a cabo para decidir su inocencia o para mostrar quién dentro de la comunidad era la fuente del poder político, social y religioso. .

Withington, Ann Fairfax y Jack Schwartz. "El juicio político de Anne Hutchinson".The New England Quarterly 51.2 (1978): 226-240. JSTOR. Web. 21 de julio de 2013.

El artículo de Withington y Schwartz tiene dos propósitos. Primero, este artículo aborda el debate sobre si Hutchinson era en realidad un antinomiano o no. Estos escritores argumentan que no podemos determinar cuál fue la persuasión política y religiosa de Hutchinson durante esta crisis porque nunca escribió sus opiniones. Además, Withington y Schwartz escriben que algunos historiadores que han tratado de etiquetar a Hutchinson como perteneciente a un lado u otro de la crisis lo están haciendo incorrectamente al interpretar el período antinomiano utilizando valores culturales que no existían en el momento del juicio de Hutchinson.

La otra función de este artículo es analizar el testimonio de Hutchinson en su juicio en términos de lo que los autores llaman "feminismo primitivo". Withington y Schwartz, al observar varias evaluaciones de las acciones de Hutchinson a lo largo de su juicio, argumentan que los académicos y lectores no pueden simplemente mirar el testimonio de Hutchinson como una forma temprana de feminismo porque desafió el status quo establecido por los hombres. En cambio, Withington y Schwartz argumentan, en una parte minimizada pero importante de este artículo, que no debemos simplemente saltar a una justificación feminista en este caso, sino también considerar otras razones para el testimonio de Hutchinson.


Anne Marbury Hutchinson

Anne Marbury Hutchinson (1591-1643), nacida en Inglaterra, fue desterrada de la colonia de Massachusetts y excomulgada de su iglesia por disentir de la ortodoxia puritana. Su "caso" fue uno de varios que prefiguran la eventual separación de la iglesia y el estado en Estados Unidos.

Anne Marbury nació en Alford, Lincolnshire, la hija mayor de un sacerdote anglicano de fuerte voluntad que había sido encarcelado y destituido de su cargo debido a su demanda de un clero mejor educado. En 1605 la familia se trasladó a Londres, donde su padre fue reintegrado al clero. Murió en 1611, dejando a su hija un legado de erudición bíblica e independencia religiosa. Al año siguiente, Anne regresó a su lugar de nacimiento como esposa de William Hutchinson, un próspero comerciante de telas. Durante los siguientes 20 años dirigió la casa, adquirió conocimientos sobre hierbas medicinales y cuidó a más de una docena de niños.


Eamon Younis

Los puritanos estadounidenses son quizás los jugadores más interesantes, los más complejos e incluso los más incomprendidos de la fascinante saga llamada Historia estadounidense. Escépticos radicales como Perry Miller y William McLoughlin, así como cristianos comprometidos como H. Richard Niebuhr y J. I. Packer, han atribuido a los puritanos el mérito de haber establecido los cimientos de la vida intelectual y cultural de Estados Unidos. Sin duda, esta es la razón por la que los puritanos han merecido la atención académica (en una escala mucho mayor que otros grupos coloniales estadounidenses) no solo de teólogos e historiadores, sino también de sociólogos, psicólogos, economistas, críticos literarios, retóricos, artistas y otros. Han pasado casi cuatrocientos años desde que pisaron suelo estadounidense, y la información que rodea a estos colonos sigue atrayendo la curiosidad de eruditos y laicos por igual.

La controversia antinomiana de 1637 ha atraído una atención especial como un evento crucial en la historia estadounidense temprana, y los investigadores que aportan diferentes presuposiciones y perspectivas a la tarea han producido diferentes interpretaciones de los eventos reales que rodearon la controversia.

Escritores como Anne F. Withington, Jack Schwartz y Richard B. Morris han llegado a la conclusión de que el proceso contra Anne Hutchinson podría calificarse con razón como un & # 8220show trial & # 8221 y que los ancianos puritanos estaban más interesados ​​en su propia causa que en la causa de la justicia. [1]

Eruditos de mentalidad más teológica como David Hall, William K. B. Stoever y Jesper Rosenmeier han intentado discernir un debate intensivo sobre minucias teológicas (como la relación precisa entre naturaleza y gracia) como la fuerza motivadora detrás de la controversia. [2]

Escritores con fuertes simpatías feministas han enfatizado el papel que jugó el sexo de Hutchinson en el curso y el resultado final de la controversia, mientras que otros han intentado analizar cómo los puritanos trataron a los desviados sociales en general. [3]

Emery Battis incluso ha intentado interpretar la controversia diseccionando el perfil psicológico de Anne Hutchinson, discerniendo en su admiración por John Cotton un profundo anhelo de afecto paternal y explicando su comportamiento en el juicio como resultado de & # 8220 síntomas menopáusicos & #. 8221 [4]

Ciertamente veo cierta validez en todos estos enfoques y perspectivas (aunque en mi opinión, ¡el último plantea más preguntas de las que responde!). Sin embargo, dentro de los límites de este estudio, elijo modificar y afirmar la perspectiva del gran historiador Edmund S. Morgan, quien vio la controversia a través de los ojos del liderazgo puritano. En esencia, mi tesis es que los ancianos puritanos de Nueva Inglaterra procedieron principalmente contra Hutchinson no por razones teológicas sino con el propósito muy práctico de mantener la implementación de su visión. En este sentido, no denigro al liderazgo puritano como lo harían otros. Porque si bien es posible que no se los considere & # 8220justas & # 8221 o & # 8220 tolerantes & # 8221 según los estándares modernos, sí creo que sus acciones eran justificables (o al menos excusables) dada la naturaleza de su tarea y las realidades de la situación. [5]

En las páginas que siguen, pretendo ofrecer una sinopsis de los principales acontecimientos históricos de la controversia en sí, y luego analizar la evidencia histórica específica que respalda mi tesis. También proporcionaré reflexiones sobre la relevancia continua de tal perspectiva, específicamente con respecto al liderazgo en la iglesia cristiana de hoy.

I. Panorama general de la controversia antinomiana

El movimiento puritano se desarrolló en Inglaterra como un movimiento reaccionario contra las políticas políticas y religiosas de la reina Isabel I, sus sucesores y el Parlamento inglés. Sus seguidores no cuestionaron la unidad de la iglesia y el estado, pero sí rechazaron las políticas gubernamentales que permitían la continuación de & # 8220 elementos católicos & # 8221 en una iglesia estatal que debería haber sido más a fondo & # 8220 reformada & # 8221 en doctrina y práctica. La descripción de Leland Ryken # 8217 del puritanismo como un & # 8220 movimiento de protesta & # 8221 es muy apropiada. [6]

En sus primeras etapas fue una reacción contra el asentamiento isabelino, pero debido a la política de amplia tolerancia de Elizabeth, los puritanos pudieron al menos trabajar dentro del sistema. Sin embargo, en 1628 Carlos I nombró a William Alabar como obispo de Londres (y más tarde como arzobispo de Canterbury). Las políticas de Laud & # 8217 implicaron la eliminación activa de cualquier signo de inconformidad en la Iglesia de Inglaterra. Esto (junto con la disolución del Parlamento de Charles & # 8217 en 1629) obligó a los puritanos a consolidarse y actuar, porque era obvio que el gobierno no solo no los apoyaría, sino que se opondría activamente a ellos. Es durante esta era que tuvieron lugar las migraciones puritanas iniciales al Nuevo Mundo. [7]

A pesar de su resolución común de reformar el gobierno y la Iglesia de Inglaterra, había una gran diversidad entre los puritanos. Ciertamente, tenían algunos principios teológicos básicos en común (por ejemplo, la salvación por gracia o la autoridad de las escrituras). Pero no hubo unanimidad entre ellos en lo que respecta a su piedad práctica. A raíz de la voluminosa investigación de Perry Miller sobre los puritanos, varios académicos han notado y documentado una diversidad increíble, incluso tensión, dentro del puritanismo, mucho antes de que estallara la controversia antinomiana en Inglaterra.

En su reciente libro Orthodoxies in Massachusetts, la historiadora Janice Knight discrepa específicamente con la noción de Puritanismo de Perry Miller como una ortodoxia monolítica, con desviaciones como Anne Hutchinson y Roger Williams siendo pocos y distantes entre sí. Por el contrario, Knight percibe dos perspectivas teológicas / espirituales distintas que emanan del movimiento puritano y que se remontan a sus inicios en Inglaterra. Los & # 8220Intellectual Fathers & # 8221 descendieron intelectualmente de William Perkins y Williams Ames e incluyeron líderes como Thomas Hooker, Thomas Shepard, Peter Bulkeley y John Winthrop. Los & # 8220Spiritual Brethren, & # 8221, por otro lado, tenían sus raíces inglesas en el liderazgo de Richard Sibbes y John Preston, y sus representantes estadounidenses eran John Cotton, John Davenport y Henry Vane. [8]

Un análisis más intensivo se puede encontrar en Jerald C. Brauer & # 8217s Types of Puritan Piety, que nota cuatro expresiones distintas de la conciencia puritana, volviendo de nuevo a sus primeras formulaciones en Inglaterra. Los cuatro tipos son: 1) & # 8220 nomismo, & # 8221 enfatizando la ley y el orden 2) & # 8220 evangelicalismo, & # 8221 enfatizando la predicación de las buenas nuevas 3) & # 8220 racionalismo, & # 8221 enfatizando a Dios & # 8217s la verdad que se encuentra en naturaleza y razón y 4) & # 8220 misticismo, & # 8221 enfatizando la unión del alma & # 8217 con Dios en Cristo. [9]

Es poco probable que alguno de los escritores puritanos encajara perfectamente en una de estas categorías, con total exclusión de las demás. (Las figuras históricas nunca se ajustan completamente a nuestras categorías, ¿verdad?) Sin embargo, mantengo la opinión de que los puritanos individuales ciertamente escribieron y pensaron desde una perspectiva que puede haberlos hecho más sensibles a un tipo de teología y piedad. Debemos recordar que estas personas no eran campesinos incultos que aceptaban sin pensar las doctrinas de un demagogo teológico. La mayoría eran cristianos bien educados que sabían pensar por sí mismos. Personalmente, me sorprendería que un movimiento compuesto por esas personas no incluyera un nivel saludable de diversidad. Comprender esta dinámica del puritanismo puede ayudarnos a interpretar la realidad de la propia controversia antinomiana.

Este movimiento diverso pudo mantener un frente algo unido en Inglaterra, porque su enfoque estaba en su oposición a Carlos I y al arzobispo Laud. (Un paralelo moderno, posiblemente, pero solo un poco exagerado, serían los grupos de estudiantes de las décadas de 1960 y # 8217, que hablaban con una voz unida siempre que su atención estuviera en aquello a lo que se oponían). El problema en Nueva Inglaterra era que esta oposición Entonces se requirió que el movimiento institucionalizara su propia comprensión de la iglesia y el estado, con el inconveniente adicional de hacerlo en un continente virgen sin prácticamente ninguna civilización (según los estándares europeos del siglo XVII, al menos). Esto sería, en una frase acuñada más tarde por el Rev. Samuel Danforth, su & # 8220errand en el desierto. & # 8221 [10]

Sus expectativas del Nuevo Mundo diferían, al igual que sus reacciones a las realidades que encontraron allí. [11] (Estas realidades se discutirán brevemente en la siguiente sección del documento). Sin embargo, por el bien de esta investigación, digamos que después de la euforia inicial de su llegada a la bahía de Massachusetts, los colonos generalmente se vieron impulsados ​​por el deseo de recrear el mundo que acababan de dejar. El mundo en el que entraron era duro e impredecible, y esto los llevó a establecer una estructura social estable, forjar fuertes lazos sociales y preservar la dinámica cultural que existía en East Anglia. [12] Su teología del pacto, que prescribía no solo una relación entre el hombre y Dios, sino también entre el hombre y su comunidad, era otro incentivo para & # 8220 pensar organizacionalmente & # 8221 & # 8221 & # 8230 & # 8230 para determinar el bien de todo el grupo y no simplemente el bien de las personas. [13]

La migración inicial de puritanos a Bay Colony tuvo lugar en 1629 & # 82111630, con John Winthrop como uno de los principales organizadores. Edmund S. Morgan señala que incluso mientras se estaban haciendo arreglos para asegurar a los pasajeros para el viaje, Winthrop consideró necesario pensar & # 8220 políticamente & # 8221. Winthrop tenía el privilegio de rechazar a aquellos no puritanos que deseaban unirse a la expedición. por razones puramente económicas. Sin embargo, se dio cuenta de la necesidad de contar con personas capacitadas de todo tipo (como toneleros, aserradores y cirujanos) para que su comunidad sobreviviera en una zona despoblada. Si tales personas capacitadas no se podían encontrar entre los & # 8220dios, & # 8221, era su deber reclutarlos dondequiera que se pudieran encontrar. Así, parece que incluso en Inglaterra Winthrop era un hombre demasiado práctico para considerar la posibilidad de tener una ortodoxia totalmente uniforme en su & # 8220ciudad en una colina & # 8221. Su deseo era construir una mancomunidad. [14]

Debe hacerse aquí un punto interesante. Winthrop y su grupo inicial de inmigrantes llegaron a la bahía de Massachusetts en 1630. Habían superado una dura travesía transatlántica. Trabajaron para construir una apariencia inicial de refugio y estabilidad en el salvaje suelo de Nueva Inglaterra. Experimentaron el rechazo de sus proveedores ingleses cuando la realidad estadounidense apagó las esperanzas iniciales de Bay Company. Experimentaron el & # 8220 frío punzante & # 8221 de los primeros inviernos, hicieron los primeros contactos con los indios y expandieron su territorio hacia la frontera. En resumen, comenzaron de novo en un intento de producir una & # 8220 sociedad civilizada & # 8221. Lo hicieron durante tres años antes de que cualquiera de los principales instigadores antinomianos & # 8212 John Cotton, Anne Hutchinson y John Wheelwright & # 8212 pusieran un pie en el Continente americano. Cuando llegaron estos instigadores, los pilares iniciales de la sociedad ya estaban en su lugar y ya se habían forjado comunidades unidas [15].

Los & # 8220Líderes antinomianos & # 8221 llegaron a Massachusetts Bay Colony cuando estaba experimentando un renacimiento religioso. Durante este despertar religioso, la gente se sintió muy naturalmente segura de su salvación. Para 1634, sin embargo, el avivamiento había disminuido y los habitantes una vez más comenzaron a luchar con dudas personales sobre el estado de sus almas. In the waning of the revival, two distinct positions regarding assurance came from the ranks of the Puritan clergy, and it is the conflict of these two positions which basically led to the Antinomian controversy.

B. The Opposing Viewpoints

The position of the Puritan leadership basically asserted that in the absence of an immediate sense of God’s presence, right actions are the surest sign that one has received justification from God and therefore assurance that one is saved. In their mind, a conscious effort to obey the Law of God will be a sure sign that the person’s will has truly been transformed by the Holy Spirit. Two theological expositions of this view can be found in the writings of Peter Bulkeley and Thomas Shepard. Bulkeley’s position is more philosophical, utilizing Aristotle’s four classes of causes as means for arguing for the necessity of active response on the part of a believer. Shepard’s perspective is more “existential,” arguing that justified persons are those who take God’s grace seriously and therefore are willing to “work out their salvation with fear and trembling.”[16] In both cases, their underlying piety of obedience is consistent with that of the “Intellectual Fathers” which Janice Knight discerned in her research. This view was opposed by the Antinomians, whose theological representatives were John Cotton and John Wheelwright. More akin to Janice Knight’s “Spiritual Brethren,” the Antinomians were much more mystical and evangelical in their piety and teaching. For both Cotton and Wheelwright, works of the law are absolutely no proof of one’s justification. Using Philippians 3:12 as his text, Cotton argues that when an individual receives

God’s justification, it is an utterly passive reception. God is the only active agent and He acts directly on the soul, not through any intermediary. One must focus on Christ, not on good works, in order to be assured of their salvation. Thus good works are no proof that a person has been justified. In fact, John Wheelwright even went so far as to assert that the preaching of the Puritan leadership reeked of papist idolatry.[17]

Scholars such as Patricia Roberts-Miller have analyzed these differing viewpoints and have averred that it was the Antinomians themselves who remained true to the true Calvinist reformed faith by insisting on the primacy of grace in justification. It was the Puritan elders themselves who deviated from Reformed doctrine, according to Roberts-Miller, by teaching that natural human faculties can prepare one to receive the grace of God, and that external merits can offer proof of one’s internal justification.[18]

William Stoever, on the other hand, has argued in his doctoral dissertation and in other publications that the controversy actually comes down to a deep theological discussion rooted in the relationship between nature and grace. He asserts that the Puritan elders actually held to a more traditional theological position by acknowledging the reality that God has ordained to work through nature to achieve His supernatural ends. Thus “works” —either of preparation or of evidence—are not necessarily “natural” in the sense that they are prideful human attempts to achieve salvation. Rather, they are the means by which God chooses to operate in assuring the salvation of the individual. (This relationship of nature and grace would lead the Puritan elders to naturally have a higher concept of the community and of the state, as the necessary natural means by which God chooses to regulate human affairs.)[19]

Likewise, Stoever has presented the Antinomians as the proponents of a near-Barthian understanding of reality: that God in His sovereign majesty acts directly on the human soul, that nature has no part in the process…in short, that “grace which is subject to empirical observation, as something belonging to the created order, is qualitatively different from grace which is dispensed immediately by the Holy Spirit in his own person.” In other words, at the deepest theological levels, the Antinomians minimized God’s use of the created order in the process of salvation. (Carrying this position to its political conclusions, it seems that the state would not be seen as having any inherently divine purpose. It is easy to see why the Puritan elders might find this theology offensive.)[20]

I accept Stoever’s conclusions, to the extent that I do believe that the two opposing views in the Antinomian crisis can be viewed as two entirely different understandings of the relationship between the natural and the supernatural realms and thus, basically two different metaphysical systems. I also accept that, carried to their logical conclusions, they provide radically opposing understandings of the role of the state in human affairs, specifically of the state in its relationship to spiritual issues. It is not Stoever’s theological analysis with which I am in conflict. My conflict is with his historical analysis that theology was the motivating factor in the actions taken by the Puritan leadership in that controversy.

I believe that Anne Hutchinson and John Wheelwright were denounced and exiled from the Massachusetts Bay Colony for primarily political reasons. Certainly their theology was offensive to the Puritan elders, and certainly their motivation for denouncing the elders was theological. It is also clear that the debates within the controversy were theological in nature, for theology (consciously or unconsciously) provided the basis for their entire sense of life. What I will attempt to prove in the next section, however, is that the nature of their own vision—combined with the nature of the American reality—forced them to think more pragmatically about basic issues of survival and human relations. I conclude from this that their ultimate actions against Hutchinson and other Antinomians were the result of a very practical need to preserve their community, its vision, and the stability that it provided in the New World.

II. Historical Evidence for the Thesis

The purpose of the last section was to detail some of the important historical events leading up to the Antinomian Controversy, and to briefly present the personalities and viewpoints of the two opposing sides. In this section, three further pieces of evidence, found in the history of the Bay Colony, will be used to substantiate the thesis that the Antinomian Controversy was primarily driven by the practical concerns of organizational leadership and not by intensive theological debates.

One piece of evidence is the initial vision, or purpose, with which the Massachusetts Bay Colony was settled. As non-separating Congregationalists, their mission to America was not to break ties with the Church of England or with their homeland. Rather, their purpose was to implement in reality their notion of a proper social and ecclesiastical structure, based on the explicit teachings of Scripture. Their hope was that their brethren in England would see the success of their undertaking, realize it to be the true expression of God’s laws for society, and then reform all of England according to their model. Winthrop himself, in his famous sermon A Model of Christian Charity, makes it clear that this project was not undertaken simply for its own sake, but because “the eyes of the world” would be watching to see their progress.[21] Individual Puritans may have had other reasons for migrating to the New World—concern for their own spiritual well-being, or for the lost souls of the American Natives, were two major reasons—but as far as the Puritan leadership was concerned, the dominant reason for the migration was the building of a Bible Commonwealth that would be seen and emulated by the rest of the Protestant world.[22]

As noted earlier, however, Winthrop had no illusions about the realities of such a quest. Humans are by nature totally depraved, and to expect that there would be no disorder in this “City on a Hill” would be an incredibly naïve expectation. But they also had no illusions about the realities that they would face in the New World, and this led Winthrop to insist that “wee must be knitt together in this worke as one man, wee must entertaine each other in brotherly Affeccion, wee must be willing to abridge our selves of our superfluities, for the supply of others necessities, wee must uphold a familiar Commerce together in all meekenes, gentlenes, patience, and liberallity.”[23]

The Puritan vision was a corporate vision, from the ecclesiastical and the political perspective. (Indeed, these perspectives were not separate within “the New England Mind,” but were intimately fused into one understanding of human relations.) Puritan leadership was realistic enough to accept that human sinfulness would exist even within their godly commonwealth. They were also tolerant of diversity in theological issues (This will be seen later in how the Puritan leadership dealt with John Cotton as opposed to other Antinomians). However, they could not tolerate radical individualists that disrupted the order of the community and thus curbed the implementation of their vision.

B. The American Reality

A second, more telling piece of evidence is their actual encounter with the American reality. When one thinks of the contrast between seventeenth century Britain and seventeenth century America, one can only imagine the reactions of the Puritans when their boats landed at Massachusetts Bay. Peter N. Carroll notes that before the migrations, most Puritans had a very optimistic appraisal of what the New World had to offer…it was “good land.” Their mental pictures may have been different, but they were all optimistic. By the time they actually arrived, however, their appraisals of the New World differed greatly: some described it favorably, almost viewing it as the Promised Land some felt immediate displeasure and reported that it did not meet with their expectations. Winthrop himself was optimistic, but his optimism was “tempered by a greater realism” —they would have to work and cultivate if they expected to truly benefit from the New World.[24]

Carroll specifically makes this assertion regarding the Puritans’ initial response to the wilderness: “Their background provided scant preparation for the difficulties of settling the untamed continent, and only a painful process of trial and error enabled the Puritans to adjust to life in the wilderness.” In transporting their “ideal” to a virgin continent, they would have to conform to the realities they encountered, even as they tried to bring those realities into conformity with their idea1.[25]

As early as 1631, the Puritans recognized the need to fortify themselves into united communities, for the purposes of protection from Indian raids, even though their initial relations with the Natives were friendly. In 1634, an Indian attack on two white sea-captains, plus their crew, started the chain reaction that would ultimately lead to the Pequot War in 1636� (roughly the same time period as the Antinomian crisis). By 1636 the colony had already created a professional military establishment to deal with external attacks. Up until then attacks were almost nonexistent because the majority of the Native Tribes dealt peacefully with the Puritans, and the Puritans reciprocated their goodwill. The Pequots were different, however. They were a militant group that was determined to regain control of all northern Massachusetts.[26]

By 1638, the need for systematic defense and colonial unity was even more evident. Problems back in England left many to think that New England would be left without adequate aid from their mother country, and several Indian tribes began to show more hostility towards one another that might result in engagements on Puritan territory. Such problems understandably caused fear in the hearts of the colonists, and by 1643 the fears of Indian attacks became so paramount that an inter-colonial confederation was formed in order to provide for a “common defense.” The Puritans’ anxieties even prompted them to ask the heretic Roger Williams, who was ousted from Massachusetts Bay prior to Hutchinson, to join the confederation. This would seem to be a strong point in favor of the view that the Puritans were willing to cooperate with theological opponents when practical logic called for such measures.[27]

In addition, Peter Carroll notes that the year 1637 was a year of bad harvests for the Massachusetts Bay Colony, and at a time when Great Britain was holding back its supplies, such a bad harvest was probably a devastating thing in itself. Puritan historian Edward Johnson would later write of that year, “The Lord surrounded his chosen Israel with dangers deepe to make his miraculous deliverance famous…throughout the world.”[28]

It is clear that even without the Antinomian controversy, the years 1636� would have tested the stability of the Puritans’ City on a Hill, and they would have been forced to take desperate measures to preserve their own safety and the safety of their loved ones. Inserting the Antinomian controversy into this turbulent American reality makes it all the more understandable why the Puritan elders tried their hardest to quell the inner tension which was promulgated by the words and actions of Anne Hutchinson and her cohorts. It is especially understandable why they took offense, not just at her vocal proclamation of her theological disagreement, but at her vocal challenge of their leadership.

C. The Outcome of the Controversy

One more aspect of the controversy need to be briefly brought out, which may even further prove that the Puritans were indeed motivated by the practical rather than the theological.

This aspect is the actual outcome of the controversy, following the trial of Anne Hutchinson. Hutchinson, the chief instigator and the most vocal proponent of the Antinomian creed, was ousted from the Massachusetts Bay Colony and viewed as satanic. John Cotton, who provided the theological rationale for the Antinomian creed (at least in America) was never ousted, and indeed, continued to be revered by the colony’s leadership. ¿Por qué?

Perhaps Cotton was not officially condemned because he actually had a hand in formulating the laws that governed the Bay Colony.[29] Perhaps his high status as a Puritan preacher exempted him from such harsh treatment. Or perhaps because he confined himself to theological issues, remained conspicuously neutral during the proceedings against Hutchinson, and ended up announcing the error of his ways, he was forgiven.[30]

Hutchinson, on the other hand, was not neutral, and she did not confine herself to mere theological discussions. She vocally and actively condemned any minister who did not espouse her views. She felt that their teachings and their authority ought to be rejected. The only two ministers that escaped her vociferous wrath were John Cotton and John Wheelwright. Thus, she made the Antinomian controversy into much more than a mere theological debate. For her, it was a challenge to what she viewed as apostate leadership.[31]

The fact that she was a woman also had a part to play. However, we must point out that the Puritans were not dark medieval misogynists—the writings of many Puritan men reflect a deep love for their women. Again, ultimately the Puritans were thinking “organizationally.” The cultural network that they had established required that families be orderly and intact so that the society as a whole would be stable and orderly. (Even bachelors could not escape their cultural statutes, being required to live with another family.) The over-zealousness of Hutchinson was not necessarily a challenge to the masculinity of the Puritan elders. But as a woman, individually condemning Puritan leadership and modeling that for others, it is easy to see why she was viewed as a tremendous challenge to the stability and order of the society.[32]

The “straw that broke the camel’s back,” so to speak, was Hutchinson’s claim to be the recipient of immediate revelations from the Holy Spirit. This she did in the presence of her “judges,” and it precipitated a lengthy discussion on the nature of revelation itself. From the practical perspective, however, her claim basically intensified her self-perception (and her judges’ perception of her) as an individualist who would set her own ideas above those of the community, and refuse to be held accountable.[33]

From a theological perspective, there was very little difference between Anne Hutchinson and John Cotton. Both would be considered “Spiritual Brethren,” using the categories supplied earlier in this paper by historian Janice Knight. It was their actions against the community’s leadership that was the decisive factor in determining their respective fates. Of the two, Cotton was the more “pragmatic,” possessing more political savvy. He never directly opposed the community’s leadership, and he never officially endorsed the woman who was at the heart of the controversy.

Hutchinson, on the other hand, openly asserted her attacks against the Puritan leadership, without regard for their position. She also apparently had little regard for the fact that these same leaders were in the midst of confronting bitter external conflict as well. She was attacking them, all the while living under the protection that their leadership afforded her.

Certainly a strong-willed woman, a woman of ideas and of ideals, it is my perspective that it was not her ideas that ultimately led to her rejection and expulsion. Rather, it was her strong-will, and the actions that resulted. Given the nature of these actions, Anne Hutchinson was too much of a threat to the stability and order of the Massachusetts Bay Colony. Given the realities with which the Puritan leaders were dealing, her actions ultimately could not be reconciled with the vision that they were trying to implement.

III. Continuing Influences

In assessing the relevance of the Antinomian controversy for the present time, I must first make a brief commentary regarding two aspects of American life that show the continuing influence of the Puritans.

A. American Pragmatism

First, a word must be said about the way in which the Puritans have indeed contributed to our “cultural core,” as so many historians have credited them.

It seems to me that Americans have traditionally been viewed as a nation of fierce pragmatists, whose aim in life is to make a practical difference in the world, not to delve into the mysteries of existence and ferret out eternal, philosophical truths. Our goals have always been based on the “real world,” and our heroes have always been those who make successes of themselves in this life: businessmen, politicians, athletes, and entertainers. We are not prone to esteem highly those whose ambition is more directed towards theoretical or eternal pursuits. Indeed, I concur with those philosophers who will tell you that America’s one unique contribution to the “life of the mind” has been the philosophy of Pragmatism, championed by William James and John Dewey at the turn of the last century. The name of the philosophy says it all: pragmatism, a practical philosophy. Any theoretical ideas that Americans have used have generally been imported from Europe, and from what I can discern, there have been no original American theologians. (One could argue that Jonathan Edwards is an exception, but I think that is a gross exaggeration. His theological system is basically an attempt at fusing the concepts of two European thinkers: Calvin and Locke. Whitefield and Finney were both much more interested in the practical aspects of revival, and twentieth century American theologians like the Niebuhr brothers were basically disciples of Barth.)

This cultural phenomenon, I believe, can be traced back to the original Puritan elders, whose theoretical ideas were shaped by European thinkers, and who were themselves practical men with a very practical purpose of building a godly community. While many “free-thinking” Americans wish to see themselves as the heirs of Williams and Hutchinson, I believe we must concede that the Puritan elders themselves have influenced the way we do things here in America.

B. The Dichotomy of American Politics

There is a second aspect of American life in which the influence of Puritanism may be discerned. This is in the dichotomous nature of American politics.

The political discourse of our country continues to be animated by very basic questions, and one of those is the relationship between the individual and the community. How does one reconcile individual rights with community needs? How far should individual rights go? Even now, in a nation that is now more thoroughly secularized, should a person be free to espouse and proclaim any ideas, no matter how destructive they might be to that nation?

We need only go back fifty years in our nation’s history to find a more recent example. At the height of the Cold War, was it justifiable for the American government to blacklist those individuals who held and promulgated radical leftist views, so close to the Communist views that we were trying actively to condemn? Or should their preaching of ideas that were (at their root) so contrary to the American system, be protected by that very system?

These are the kinds of questions that continue to inspire the political debate in our country. Liberals and conservatives, using very diverse methods and ideologies, have attempted to reconcile this seemingly-irreconcilable tension: the tension of the individual and the community. In reconciling this tension, we would do well to learn from our Puritan predecessors. We must be willing to bring opposing viewpoints into an open forum for deliberation, not merely on superficial jargon and rhetoric (which is essentially the extent of current political dialogue), but on fundamental issues. However, we must treat as traitorous any person’s statements or actions which show an inherent hostility towards our nation’s vision, institutions, and leadership.

In a very sad case of historical irony, the current trend in this country seems to be the very reverse. A person in public life is now excused from almost any statement or action—no matter how inherently evil or opposed to American ideals it may be—as long as that individual espouses the radical, ultraliberal worldview and agenda of this nation’s “cultural elite.”

Concluding Reflections

As I conclude this paper, I look back at my career over the last twelve years. Six of those years were spent in a world of academics, first at Ashland University, and then at Ashland Theological Seminary. As a person with a passionate love of history—both sacred and secular—my major focus was on the theoretical, and my sense of life was shaped by a very unrealistic vision of the world, typical of bookworms. Had I endeavored to study the Antinomian controversy back then, I have no doubt that I would have sided with Anne Hutchinson the victim and proclaimed the “vicious evils” of the Puritan elders.

My last six years have been in full-time Christian leadership roles, and I find that these years have been more of an education than the first six. I am still a lover of history, now not necessarily for its own sake, but as it may potentially inform the present and future. I have learned to deal with the practical aspects of leadership, the ups and downs of ministry, and other harsh realities for which not even the greatest seminary or graduate school professor can prepare a person. My sense of life is now tempered by a much more realistic appraisal of people and situations. I think of the numerous conflicts that I have endured in my job: people whose actions, attitudes, and words were radically opposed to the vision that I was trying to implement. As the person in the leadership position, I have often found that the integrity of my vision for ministry would be jeopardized if my opponents were allowed free reign. Thus, I had to accept the hard burden of confronting those individuals, explaining their errors, and in some cases, removing them from their positions.

Perhaps these experiences have created in me an overt bias in favor of the Puritan leadership. I do recognize that their vision of a theocratic government was, in part, flawed. While one may believe that government is an institution ordained by God, one must also concede that, by its nature, government’s purpose is secular: the maintenance of order and justice in human affairs. No radical theocracy can long endure the reality that human beings have minds which they will use freely, and they can not be forced to agree in matters of faith and conscience without the conscious (or unconscious) consent of the citizens.

The Puritans can not entirely be blamed for their error, however, as it was commonly held at that point in history. Every Christian denomination (with the possible exception of the Anabaptists, who influenced Williams) in some sense believed that government had a right, even an obligation, to endorse specific religious dogmas and to maintain an established church based on those dogmas.

Given this excusable historical error, I believe the Puritans did the best they could. I think John Winthrop, Thomas Shepard, and John Cotton were all good leaders with the tremendous courage and vision necessary to build a more thoroughly godly society in the untamed wilderness of the New World. Yet while visionary, they were also realistic, practical men who were able to deal with the harshness that confronted them in America. I know many “visionary” Christian leaders, yet I suspect many of them would shy away from such a harsh reality (and to be honest, I probably would as well). The fact that they did not shy away, but actively attempted to make their ideal a working reality, shows their commitment, their courage, and their faith.


Anne Hutchinson & the Antinomian Crisis - History

La amenaza de Anne Hutchinson
En Puritan condujo Massachusetts Bay Colony durante los días de Anne Hutchinson era un lugar intrigante para haber vivido. Fue diseñado idealmente como una misión sagrada en el Nuevo Mundo llamado la ciudad sobre una colina, una misión para proporcionar un excelente ejemplo de cómo deberían haber subsistido las vidas de los protestantes. Un ingrediente clave para el éxito de la comunidad puritana fue la cohesión de la comunidad en su conjunto, que fue creada por un alto nivel de conformidad en la colonia. Los líderes puritanos proporcionaron liderazgo para todas las facetas de la vida social, económica, religiosa e incluso política. Una cierta jerarquía era muy evidente en la colonia de la bahía de Massachusetts, en la que los ministros siempre parecían haberse salido con la suya. El gobernador Winthrop se salió con la suya en 1637 al desterrar a una mujer, Anne Hutchinson, a quien pensó que representaba una amenaza para la estructura de la colonia. Creo que hay una razón legítima para su destierro, siendo sus ideas religiosas que estaban muy cerca de las de los antinomianos a quienes el gobernador Winthrop no le gustaba demasiado. También creo que esta no fue la razón principal. En mi opinión, el género de Anne jugó un papel importante en determinar si ella realmente representaba o no una seria amenaza para la solidaridad de Massachusetts.

A su llegada a la colonia de la bahía de Massachusetts en 1634, Anne Hutchinson era un miembro muy respetado de su comunidad. Con el paso del tiempo, su trato con la religión comenzó a tornarse un poco más acalorado. Comenzó a albergar reuniones de mujeres e incluso ministros que discutían todas las facetas de las ideas religiosas puritanas. Fue entonces cuando empezó a coquetear con la línea de ser antinomiana. Los antinomianos eran puritanos radicales que creían que los ministros estaban comenzando a predicar más desde el ángulo del pacto de obras en oposición a la posición del pacto de gracia. Esta fue una perspectiva muy controvertida para los líderes políticos y religiosos, considerando que un ideal principal de los puritanos es que el pacto de obras es absolutamente incorrecto. Los antinomianos eran una amenaza para el estilo de vida puritano de conformidad porque creaba animosidad entre los miembros de la colonia.

En el juicio contra Anne Hutchinson, fue acusada, de manera vaga, de ser un peligro para la colonia debido a la difusión de sus opiniones antinomianas en sus reuniones. A lo largo de todo el juicio, Anne fue arrinconada lentamente en una esquina en la que idealmente se habría derrumbado y admitido haber cometido todos los errores de los que el gobernador Winthrop creía que era culpable, pero en realidad nunca lo hizo. La evidencia en su contra era de naturaleza tan débil, que parecía que Winthrop, junto con todos los demás ancianos y diputados, realmente necesitaban una confesión para justificar completamente su destierro. Aunque fracasaron en sus esfuerzos, incluso cuando el vicegobernador mencionó que Anne fue a una reunión de ministros y les dijo que predicaban el pacto de las obras en sus propias caras, Anne se mantuvo con la técnica de la Quinta Enmienda y no negó nada. , sin admitir nada. Donde creo que pudo haber metido la pata es cuando dio fe de la probabilidad de que dijera esto de los ministros en privado. Al decir eso, admitió con creces tener la misma mentalidad de los antinomianos marginados. Esto, a su vez, les dio a los hambrientos jueces / jurados pruebas suficientes para el destierro.


Anne Hutchinson Facts

  • Anne Marbury was the daughter of Francis Marbury, a discredited Anglican clergyman. He was born in Alford, Lincolnshire, England, in 1591. Growing up, young Anne was taught to have her own way of thinking while her mother, Bridget Dryden, equipped her with knowledge in herbal medicines.
  • In 1612, Anne married a merchant, William Hutchinson, and became followers of the Anglican minister John Cotton.
  • England and its colonies were then under the Protestant-led Church of England, which made other religious views discreet and hidden. Puritans, such as minister Cotton, moved to the Massachusetts Bay Colony in 1633. The Hutchinsons followed a year later.
  • Upon arrival in Boston, Anne became a midwife and herbalist. Alongside, she gathered people in her home once a week to discuss the minister’s sermon. She believed in a spirit-centered theology, which focused on strengthening one’s faith.
  • Puritan ministers found her teachings unacceptable. They viewed themselves as the sole interpreters of the Bible, thus making a woman unqualified. The ministers believed that people must live according to the Bible’s precepts of performing deeds. Their strict doctrine was called into doubt among the people after Hutchinson’s weekly meetings.
  • The era of growing dispute was known as the Antinomian Controversy (1636-1638). The controversy broke out while Cotton was leading the religious revival, which caused doubt to settle on the colonists’ spiritual beliefs.
  • Hutchinson was deemed a threat as she brought danger to the community’s faith.
  • Governor John Winthrop filed a case of sedition and heresy against Hutchinson through the General Court of Massachusetts. By November 1637, she faced a trial and was accused of defaming the ministers through her contradictory teachings.
  • During the trial, Winthrop highlighted that Anne teaching men in public was not an act fit for her sex. Hutchinson defended herself by citing how in the Bible, the young were taught by older women.
  • Hutchinson claimed that all her statements and acts came directly from God. Nevertheless, the Puritans of Massachusetts found her guilty of heresy.
  • On March 22, 1638, she was banished from the community after being excommunicated by the Church of Boston.
  • William and Anne moved to the colony in Rhode Island. In 1642, her husband died, which left Anne, their children, and servants to transfer to Long Island Sound.
  • In 1643, Hutchinson and most of her children were killed by the local Native American Siwanoy tribe. The tribespeople despised the new settlers, which culminated in a brutal and bloody massacre.
  • Anne Hutchinson played a controversial role in Boston’s social milieu. She gained religious authority that no woman possessed during her time.
  • Historians view Hutchinson’s fate as driven by political, theological, and gender issues of the time, which was that women were designed to do household duties and have no political and spiritual influence in the community.

Anne Hutchinson Worksheets

This bundle contains 11 ready-to-use Anne Hutchinson Worksheets that are perfect for students who want to learn more about the controversial Puritan spiritual leader who defended her stand against common political and religious views. Anne Hutchinson may have encountered numerous issues relating to her gender during her time but her courage will not be forgotten throughout history.

Download includes the following worksheets

  • Anne Hutchinson Facts
  • HerStory
  • Religious Faiths
  • Antinomian Controversy
  • Biblical Facts
  • World Religions
  • All About the Church of England
  • The Hutchinson Trial
  • Boston Headlines!
  • Women and Religion
  • Let’s Sum Up!

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