Guerra Franco-Prusiana - Historia

Guerra Franco-Prusiana - Historia

La guerra franco-alemana estalló por instigación del ministro prusiano Bismarck, quien creía que la guerra ayudaría a unificar Alemania. Bismarck maniobró para que Francia declarara la guerra a Alemania, ayudando así a golpear el nacionalismo alemán. El 2 de septiembre de 1870 el ejército francés fue derrotado en la batalla de Sedan. Los comandantes franceses, así como Napoleón III fueron capturados. Los alemanes avanzaban a paso firme sobre París. El fuerte de Metz resistió hasta el 28 de octubre. El 27 de diciembre se sitiaron los fuertes que rodeaban París. El 28 de enero de 1871 cayó París y los franceses se rindieron.

Batalla de sedán

los Batalla de sedán se libró durante la guerra franco-prusiana del 1 al 2 de septiembre de 1870. Como resultado de la captura del emperador Napoleón III y más de cien mil tropas, decidió efectivamente la guerra a favor de Prusia y sus aliados, aunque la lucha continuó bajo un nuevo gobierno francés. Gobierno.

Confederación de Alemania del Norte

  • Prusia
  • Sajonia
  • Wilhelm I
  • Helmuth von Moltke
  • Friedrich Wilhelm
  • Alberto, Príncipe de Sajonia
  • Napoleón III (prisionero de guerra)
  • Patrice MacMahon (WIA)
  • Augustue Ducrot
  • Félix Wimpffen
  • Jean Auguste Margueritte (DOW)
  • Tercer Ejército
  • Cuarto ejército

Los 130.000 franceses fuertes Ejército de Châlons, comandado por el mariscal Patrice de MacMahon y acompañado por Napoleón III, intentaba levantar el sitio de Metz, solo para ser capturado por el Cuarto Ejército Prusiano y derrotado en la Batalla de Beaumont el 30 de agosto. Comandado por Generalfeldmarschall Helmuth von Moltke y acompañado por el rey prusiano Wilhelm I y el canciller prusiano Otto von Bismarck, el Cuarto Ejército y el Tercer Ejército prusiano rodearon al ejército de MacMahon en Sedan en una gigantesca batalla de aniquilación. El mariscal MacMahon resultó herido durante los ataques y el mando pasó al general Auguste-Alexandre Ducrot, hasta que asumió el general Emmanuel Félix de Wimpffen.

Pulverizado desde todos los lados por la superior potencia de fuego de la artillería alemana y con todos los intentos de fuga derrotados, el ejército francés de Châlons capituló el 2 de septiembre, con 104.000 hombres que pasaron al cautiverio alemán junto con 558 cañones. Napoleón III fue hecho prisionero, mientras el gobierno francés en París continuaba la guerra y proclamaba un Gobierno de Defensa Nacional el 4 de septiembre. Los ejércitos alemanes sitiaron París el 19 de septiembre.


Guerra franco-prusiana: el conflicto que sumió a Europa en una pesadilla

La guerra franco-prusiana, que estalló hace 150 años, dio lugar a un enfrentamiento de rencor que enviaría a un continente hacia dos guerras mundiales. Michael Rowe cuenta la historia de un conflicto del siglo XIX que tuvo consecuencias catastróficas para el mundo moderno.

Esta competición se ha cerrado

Publicado: 19 de noviembre de 2020 a las 12:26 pm

El 7 de octubre de 1870, Léon Gambetta, hombre fuerte del gobierno francés, escapó de París en un globo de gas. La guerra franco-prusiana se había prolongado durante casi tres meses y las fuerzas alemanas estaban sitiando la ciudad. Gambetta esperaba levantar nuevos ejércitos en las provincias para aliviar la capital. Fue un acto de desesperación, indicativo de cuán baja se había hundido la fortuna de Francia.

Durante las semanas siguientes, las cosas empeoraron, y los ciudadanos corrientes de la famosa capital de Francia se vieron reducidos a comer gatos, perros, ratas y caballos. Las memorias y cartas están llenas de debates sobre los méritos relativos de la carne exótica procedente del zoológico, como el camello, el antílope o el elefante. Se decía (como era de esperar) que las ratas de las cervecerías sabían mejor que las que se capturaban en las alcantarillas. Mientras tanto, empresarios sin escrúpulos comenzaron a vender extraños sustitutos de productos básicos como la leche.

El emperador Napoleón III fue el principal responsable de este desastre. Napoleón III, sobrino del gran Napoleón que había conquistado la mayor parte de Europa, se había proclamado emperador de los franceses tras un golpe de Estado en 1852. Victor Hugo lo tachó de "Napoleón el Pequeño", pero el pueblo francés esperaba grandes cosas de él. Tampoco fueron insignificantes sus logros: reconstruyó París, creó la ciudad que conocemos hoy y reafirmó la preeminencia francesa al derrotar a los rusos (con la ayuda británica) en la Guerra de Crimea de 1853-1856, y a los austríacos en 1859, permitiendo a los italianos unificación.

Napoleón III fue el gran disruptor europeo de mediados del siglo XIX. Desafortunadamente para él, y para Francia, un disruptor aún mayor surgió al este del Rin, en el gran estado alemán de Prusia. Su nombre era Otto von Bismarck.

Cuando Bismarck se convirtió en primer ministro en 1862, Prusia era la más débil de las "grandes" potencias de Europa, solo uno de un mosaico de estados que aún no se habían unido en el imperio alemán. Pero su rey, Guillermo I, estaba decidido a rectificar esto a través de reformas militares de gran alcance, y nombró al inconformista Bismarck para que las empujara a través de un parlamento prusiano reacio. Tras su nombramiento, Bismarck dejó en claro sus puntos de vista en uno de los fragmentos más famosos de la historia: "Las grandes cuestiones del momento no se deciden mediante discursos y mayorías, sino con hierro y sangre".

Bismarck y Napoleón tenían mucho en común. Ambos eran populistas conservadores, y ambos reconocieron que la nueva fuerza del nacionalismo que arrasaba Europa era algo que había que explotar en lugar de temer. Sin embargo, sus intentos de aprovechar este fervor nacionalista los puso en un rumbo de colisión, uno que terminaría en conflicto.

La guerra franco-prusiana, como se conoce ahora a ese conflicto, terminó en diez cortos meses, pero sus consecuencias fueron extraordinariamente prolongadas. En una Alemania victoriosa y recientemente unificada, ayudó a hacer del militarismo la ideología dominante en una Francia derrotada y humillada, y fomentó un ferviente deseo de venganza. Estos ingredientes tóxicos preparan el escenario para nuevos episodios de derramamiento de sangre, en una escala mucho mayor, en el siglo siguiente. Seguramente es seguro decir que sin la batalla por la supremacía de Napoleón y Bismarck en 1870, el siglo XX de Europa habría seguido una trayectoria muy diferente.

La llamada de atención de Napoleón

La cuenta regresiva para la guerra franco-prusiana comenzó con otra guerra: la de 1866, cuando el ejército recién reformado de Prusia aplastó a Austria en siete semanas. Esto reivindicó a Bismarck en casa y fue una llamada de atención para Europa. Prusia se convirtió en la potencia dominante en Europa central y los otros estados alemanes ahora miraban a Berlín, no a Viena, para el liderazgo.

Esto aterrorizó a Francia. La respuesta de pánico inicial de Napoleón III fue restablecer el prestigio francés anexando Luxemburgo o incluso Bélgica. Buscó el acuerdo de Bismarck, pero fue rechazado. Luego, en 1868, comenzó una nueva crisis europea con el derrocamiento de la reina Isabel II de España. España necesitaba un nuevo monarca y, como solía ser el caso en este período, eligió a un miembro de una de las innumerables casas principescas de Alemania. Desafortunadamente, esa elección, el príncipe Leopold de Hohenzollern, estaba relacionada con William de Prusia. Como era de esperar, Francia se volvió loca cuando este conocimiento se hizo público en julio de 1870. El gobierno de Napoleón III, incitado por la opinión interna, trató de salvar la cara obligando a Prusia a vetar el acuerdo. El rey Guillermo estaba feliz de complacer a los franceses, ya que nunca le había gustado la perspectiva de que un pariente cercano gobernara un país inestable como España.

Allí las cosas podrían haber descansado, pero los franceses entonces se exageraron. El embajador francés en Prusia se reunió con William en el balneario de Bad Ems (13 de julio) e intentó forzar una escalada pública, presionándolo para que bloqueara cualquier futura candidatura de Hohenzollern. Esto resultó contraproducente cuando William rechazó cortésmente al embajador.

Bismarck no estaba presente en Bad Ems, pero se había quedado en Berlín, donde le llegó un relato del intercambio en el llamado telegrama Ems. Bismarck, con pleno conocimiento de las posibles consecuencias, editó el telegrama, borró las sutilezas diplomáticas y lo lanzó para su publicación en la prensa internacional. Este era el famoso trapo rojo de Bismarck, saludando al toro galo. Los franceses mordieron el anzuelo y declararon la guerra, en medio de un júbilo febril en las calles de París.

La guerra franco-prusiana, a pesar de su nombre, vio a Francia enfrentada contra una coalición de estados alemanes que se pusieron del lado de Prusia. Sus habitantes se veían cada vez más a sí mismos como compatriotas alemanes y veían la guerra contra Francia como una cruzada nacional. No obstante, Prusia proporcionó la abrumadora mayoría de las fuerzas alemanas, así como el liderazgo militar.

En términos tecnológicos, había poco entre los beligerantes: los franceses tenían mejores rifles de infantería, los prusianos una artillería superior. Lo que dio a los prusianos una ventaja decisiva fue su superioridad numérica al principio, ganada por una movilización muy rápida y, sobre todo, por un liderazgo militar superior.

"Ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo". Eso dijo Helmuth von Moltke, el comandante prusiano en 1870. Moltke era un nuevo tipo de líder militar, más administrador que caudillo carismático. Presidió el Estado Mayor Prusiano, institución que planificaba operaciones y contingencias en tiempos de paz. La rotación regular de los oficiales de estado mayor de regreso a sus regimientos aseguró que las mejores prácticas se extendieran por todo el ejército, lo que significaba que el comandante general podía delegar con seguridad en aquellos en mejor posición para aprovechar las oportunidades que se presentaban una vez que comenzaban las hostilidades. Esta fue la respuesta al problema destacado en la cita de Moltke anterior. Ni los ejércitos franceses ni otros operaban de esta manera, y esto se demostró en 1870.

La planificación y el número superiores permitieron a los prusianos concentrarse a lo largo de la frontera oriental de Francia. Los franceses, sin planes adecuados, sufrieron rápidamente reveses que destruyeron la moral de Napoleón III, que había asumido imprudentemente el mando personal. La única opción sensata para los franceses era retroceder y reagruparse, pero Napoleón no podía permitirse el lujo de perder la cara al retirarse. La consecuencia fue una serie de importantes derrotas francesas, comenzando con Gravelotte-St Privat el 18 de agosto. Este sería el compromiso más sangriento de la guerra, con una tasa de bajas que era un presagio de los horrores del siglo XX. En solo un período de 20 minutos, el Cuerpo de la Guardia Prusiana sufrió 8,000 hombres muertos o heridos, debido a una combinación impía de armamento rápido y moderno y estilos de ataque obsoletos que involucraban filas masivas de hombres. Al menos la introducción generalizada en esta guerra de "placas de identificación" (discos que llevaban los soldados que incluían sus detalles básicos) permitió la identificación de los muertos.

A pesar de las terribles pérdidas en Gravelotte-St Privat, los prusianos ganaron gracias a una artillería superior y mejores maniobras. Moltke luego atrapó a la mayor parte del ejército francés en la fortaleza de Metz. Las presiones políticas volvieron a intervenir del lado francés y exigieron un esfuerzo de rescate. Esto resultó en la batalla de Sedan (1-2 de septiembre), una segunda derrota francesa catastrófica en la que fue capturado el propio Napoleón III. La noticia de esta debacle llegó a París unos días después y provocó un cambio de régimen. El nuevo Gobierno de Defensa Nacional republicano llenó el vacío político y proclamó una guerra de resistencia nacional.

La guerra franco-prusiana entró ahora en una nueva fase. Las fuerzas prusianas avanzaron sobre París, que sitiaron desde el 19 de septiembre. La capital francesa era demasiado fuerte para ser tomada por asalto, por lo que necesitaba ser sometida por hambre. Mientras Léon Gambetta escapaba a las provincias y levantaba nuevos ejércitos, voluntarios irregulares, conocidos como Francstireurs, comprometido en tácticas de guerrilla. Los prusianos no los reconocieron como combatientes legítimos y los fusilaron al ser capturados, quemando aldeas sospechosas de albergarlos.

Esta guerra sucia y desordenada se prolongó durante el resto de 1870, para disgusto de Bismarck, que temía que la opinión internacional se inclinara a favor de Francia. Sin embargo, la derrota de los nuevos ejércitos de Gambetta en diciembre significó que París no iba a ser relevado, y con los alimentos agotándose no hubo más opción que buscar una tregua (28 de enero de 1871) que pusiera fin a los combates. Esto creó las condiciones para la celebración de elecciones francesas, que dieron lugar a un gobierno con autoridad para concluir una paz preliminar el 26 de febrero. Aunque el control del poder por parte del nuevo régimen se vio amenazado por la llamada Comuna de París, que tomó brevemente el control de la capital en marzo, ratificó el Tratado de Frankfurt definitivo el 10 de mayo.

Militarismo sin correa

Pocos que ratificaron el Tratado de Frankfurt podrían haber adivinado el inmenso impacto que tendría la guerra franco-prusiana en el continente europeo, un impacto que fue, en la estimación del futuro primer ministro británico Benjamin Disraeli, mayor que la Revolución Francesa. Geopolíticamente, Europa pasó de tener un centro `` blando '', formado por muchos pequeños estados separados, a uno con un núcleo duro: impresionados por el liderazgo militar de Prusia e impulsados ​​por la opinión pública, los estados más pequeños de Alemania acordaron ceder su independencia a Berlín. y formar una sola entidad, el imperio alemán. La gran pregunta que surgió, y persiste, es cómo un estado tan poderoso puede operar dentro de la familia más amplia de naciones europeas.

Inicialmente, las cosas funcionaron bastante bien. Bismarck utilizó su indudable talento político para preservar la paz. Sin embargo, cuando cayó del poder en 1890, los legados más perniciosos de la guerra de 1870 pasaron a primer plano, incluido el militarismo. Todas las grandes potencias de finales del siglo XIX eran militaristas, pero la Alemania recién unificada lo era más que la mayoría. El ejército de Prusia, que formó el núcleo del ejército alemán, emergió de la guerra de 1870 con un inmenso prestigio. Con Bismarck desaparecido, ningún líder civil tenía la estatura para desafiar su primacía. En Alemania y en toda Europa, al planificador militar se le soltó la correa.

Para Francia, la derrota fue un golpe terrible agravado por el duro tratado que siguió, que provocó la pérdida de la región de Alsacia y parte de Lorena, y el pago de una gran factura de reparaciones. Esta humillación alimentó un deseo de venganza. Una generación de escolares creció enseñada sobre las injusticias del acuerdo de paz. En la década de 1890, Francia aprovechó el malestar europeo más amplio ante el poder alemán creando una alianza, que a su vez hizo que Alemania se sintiera acorralada.

Esta combinación de militarismo y amargura creó las condiciones perfectas para la próxima ronda del conflicto franco-alemán, la Primera Guerra Mundial, que en esta ocasión arrastró al resto del mundo. Trágicamente, los millones de vidas perdidas entre 1914 y 1918 no resolvieron nada, y fue solo después de que muchos más murieron en la Segunda Guerra Mundial que los arquitectos de la reconciliación franco-alemana construyeron un edificio que aún domina el panorama político de Europa.

Los principales entre estos arquitectos fueron el canciller de Alemania Occidental Konrad Adenauer y el presidente francés Charles de Gaulle. Ambos tuvieron padres que lucharon en la guerra franco-prusiana. Ambos se originaron en regiones que limitaban con las naciones del otro y que habían sido disputadas a lo largo de los siglos. Puede que haya habido o no una dimensión sentimental en su pensamiento.

Los dos estadistas también calcularon que la asociación dentro de un marco europeo mejoraría su capacidad para influir en los eventos mundiales ahora moldeados en gran medida por las dos nuevas superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. A esto se refería Adenauer cuando le dijo a uno de sus interlocutores franceses que “Europa será tu venganza” poco después de la debacle de Suez de 1956, cuando Estados Unidos obligó a Francia y Gran Bretaña a retroceder.

Tanto De Gaulle como Adenauer reconocieron la inutilidad del ciclo de guerras franco-alemanas iniciado un siglo antes, y el 22 de enero de 1963 concluyó el Tratado del Elíseo, marcando el comienzo de un nuevo período de amistad franco-alemana. En el marco de este tratado han surgido otras iniciativas, diseñadas para extender la relación desde el nivel del Estado a la sociedad en general, a través de ideas como intercambios de jóvenes, hermanamiento de ciudades y libros de texto conjuntos de historia para escolares. Dentro de estos libros de texto, la guerra franco-prusiana no se olvida, sino que se trata como una experiencia histórica compartida.

Para Europa en general, incluida Gran Bretaña, la asociación franco-alemana tal como está ahora plantea sus propias preguntas. Otros países europeos temen la marginación cuando las decisiones clave son esencialmente acordadas de antemano por París y Berlín. Se propone una integración más profunda como la mejor manera de empoderar a estos otros estados y, al mismo tiempo, resolver el problema creado por primera vez en 1870: cómo administrar un continente con un núcleo tan duro. Sin embargo, este proceso de integración ha generado su propio conjunto de problemas. Visto en estos términos, está claro que el legado de la guerra de 1870 todavía ayuda a determinar la política cotidiana de nuestro continente y continuará haciéndolo en el futuro previsible.

Michael Rowe es lector de historia europea en King's College London


Guerra Franco-Prusiana - Historia

Comparaciones de los ejércitos

Haz click en la imagen para una vista mas grande .

Una pistola de agujas y uno de los primeros pernos

rifles de acción jamás producidos.

Prueba de cartuchos de rifle de aguja Chassepot

1867 Bayoneta de fusil Chassepot francés

El ejército francés estaba compuesto por aproximadamente 400,000 soldados regulares, algunos de ellos veteranos de la Guerra de Crimea, Argelia, la Segunda Guerra de Independencia de Italia (1859) y en México apoyando al Segundo Imperio Mexicano. Esta fuerza aumentaría a 662.000 en plena movilización con la retirada de los reservistas, con otros 400.000 en la débilmente organizada Garde Mobile , lo que requeriría tiempo para entrenar. A diferencia de los prusianos, que dependían del servicio militar obligatorio universal, los franceses dependían de un ejército profesional de muchos años. También había en ese momento alrededor de 60.000 soldados franceses en Argelia. Un soldado firmó por un período de siete años y se le ofrecieron bonificaciones para reengancharse. Los franceses pensaron que sus veteranos serían mejores en el campo que los reclutas verdes del ejército prusiano. Los soldados franceses tenían muchas debilidades como la falta de disciplina y el alcoholismo.

Una animación de la Reffye Mitrailleuse de 1867. La Mitrailleuse de varios cañones (metralletas) se desarrolló originalmente en Bélgica en 1851. La Reffye Mitrailleuse, desarrollada para el ejército francés en 1865, tenía 25 cañones y disparaba balas de 13 mm. La velocidad de disparo fue de entre 75 y 125 disparos por minuto, la animación muestra el proceso de carga y disparo bastante engorroso. Francia desplegó 190 Reffye Mitrailleuse durante la guerra franco-prusiana (1870-72), pero el uso táctico de estas ametralladoras no se había resuelto y rara vez se usaban con eficacia.

los mitrailleuse fue un precursor de la ametralladora moderna, desarrollada a partir de la Gatling estadounidense. El deseo de mantenerlo en secreto significó que pocos soldados franceses fueron instruidos en su uso. Pesaba alrededor de 1.750 libras y requería un equipo de seis caballos para transportarlo.

los Rifle Chassepot y el mitrailleuse

Revista ilustrada de uniformes franceses 1870

Soldados coloniales franceses del norte de África, Ghoums y Spahis

Una gran referencia ilustrada sobre la historia, organización,

uniformes y equipamiento del ejército francés

Con estas dos armas, ¿por qué los franceses no barrieron a los prusianos del campo como lo hicieron los prusianos en Koniggratz? Una de las razones es que no utilizaron estas armas de forma eficaz. El plan de batalla francés era agrupar a los hombres en una posición defensiva y lanzar un muro de fuego fulminante: el feu de bataillon . A los comandantes franceses no se les dio mucha libertad de acción en los campos de batalla como a los oficiales prusianos, que podían improvisar mejor. Los prusianos invadieron su campo con ataques de grupos más pequeños de hombres desde muchas posiciones diferentes que buscaban flanquear al enemigo. Los prusianos también negaron la superioridad francesa de sus rifles con sus cañones Krupp de acero de retrocarga superiores.

El sistema ferroviario francés no estaba tan organizado para la guerra en comparación con los prusianos. Los prusianos tenían un estado mayor especial para planificar y sincronizar el movimiento de tropas.

Los prusianos habían reformado su servicio de caballería, ya no dejándolo ser el campo de la élite, sino abriéndolo al avance por mérito y usándolo para escaramuzas y cribado. Los franceses todavía hicieron uso de la caballería pesada con la Carga de la Brigada Ligera en la Guerra de Crimea que había demostrado estar desactualizada con el rango más largo de rifles y cañones.

Al comienzo de la guerra, los franceses podían afirmar que tenían una de las mejores armadas del mundo. Había sido pionero en nuevos desarrollos en vapor, proyectiles y armaduras. Tenía 49 acorazados y 9 corbetas armados con cañones de 16 y 19 cm. El acorazado francés más grande fue el Rochambeau , comprado en América. Contra esto, los prusianos solo tenían 5 acorazados. los Konig Wilhelm , que permaneció en el puerto durante la guerra, era más poderoso que los acorazados franceses. Cuando comenzó la guerra, el gobierno francés ordenó un bloqueo de las costas del norte de Alemania, al que la pequeña armada del norte de Alemania (Norddeutsche Bundesmarine), con solo cinco acorazados, poco pudo hacer para oponerse. Cuando estalló la guerra, la mayor parte de la marina francesa se utilizó para transportar tropas de Argelia a Francia. Se trataba de una invasión marítima planificada de la costa alemana del Mar del Norte, pero los cañones costeros Krupp recién instalados y las tropas de guarnición de aproximadamente 90.000 en el área de Hamburgo Bremen hicieron que estos planes fueran archivados.

Los infantes de marina franceses fueron enviados al ejército francés de Chalons y muchos de ellos fueron capturados en Sedan.

El acorazado francés Rochambeau, anteriormente USS Dunderberg

Cañonera francesa sobre el Sena, París

SMS K & oumlnig Wilhelm, fragata blindada prusiana, construida en el Reino Unido en 1865.

Ilustración de la batalla de La Habana el 9 de noviembre de 1870 fue una acción de un solo barco entre la cañonera alemana Meteor y la francesa aviso (barco de despacho) Bouvet frente a las costas de La Habana, Cuba. La batalla llegó a un final inconcluso cuando el Bouvet, que había cerrado el rango en un intento de abordar el Meteor, sufrió daños en una tubería de vapor que noqueó su propulsión y se vio obligado a retirarse a aguas neutrales a vela, por lo que quedó bajo el agua. la protección de España una vez más. Ninguno de los barcos quedó inutilizado permanentemente, en su mayoría sufrió daños en los mástiles y aparejos.

Prusia no era un país con un ejército, sino un ejército con un país.

Friedrich Freiherr von Schr & oumltte, ministro prusiano

Haz click en la imagen para una vista mas grande .

Haz click en la imagen para una vista mas grande .

La pistola de agujas Dreyse en acción en la batalla de K & oumlniggr & aumlt z (alemán)

El ejército prusiano no estaba compuesto por soldados habituales, sino por reclutas y reservistas. El servicio era obligatorio para todos los hombres en edad militar, por lo que Prusia y sus aliados del norte y sur de Alemania pudieron movilizar y desplegar alrededor de 1,2 millones de soldados en tiempo de guerra, lo que hizo dentro de los 18 días de la movilización. La gran cantidad de soldados disponibles hizo posible el cerco masivo y la destrucción de formaciones enemigas enteras. Todo hombre capacitado tenía que servir en el ejército durante tres años, luego fue liberado a las reservas durante cuatro años y luego estuvo de guardia en la guardia nacional durante cinco años más. En comparación con los franceses, los soldados prusianos estaban mejor educados con educación primaria obligatoria que no era la ley en Francia hasta después de la guerra. Se estima que 33.100 oficiales y 1.113.000 hombres participaron en la guerra.

Un cañón Krupp de carga trasera de 1000 libras.

Esto ganó un premio para Krupp en el Great

Exposición de París en 1867

Un tren de municiones alemán

Fotografía de albúmina de un soldado prusiano

La caballería alemana- los uhlan

Uhlans con su distintiva tapa de birrete Pickelhaube

Haga clic en la fotografía para ampliar la imagen.

El término uhlan proviene del polaco para la caballería ligera armada con lanzas, sables y pistolas. Posteriormente, el título fue utilizado por regimientos de lanceros en los ejércitos ruso, prusiano y austriaco. A los ulanos se les asignó la tarea de vigilar los globos de pasajeros lanzados desde la ciudad: su capacidad de movimiento rápido convirtió a los ulanos en las únicas tropas capaces de seguir el ritmo de los globos.

Uniformes de soldados prusianos.

Arriba a la derecha hay un uniforme de los Húsares de la Cabeza de la Muerte.

Haga clic en la fotografía para ampliar la imagen.

Un francés Vivandi & egravere o Cantini & egravere, mujeres vinculadas al ejército


Datos clave e información del amplificador

HECHOS GENERALES

  • La guerra franco-prusiana comenzó el 19 de julio de 1870 y terminó el 28 de enero de 1871.
  • Duró un lapso total de 6 meses, 1 semana y 2 días.
  • La guerra ocurrió en Francia y Prusia.
  • Las fuerzas alemanas ganaron la guerra franco-prusiana.
  • Aquí están las repercusiones significativas de la guerra franco-prusiana:
    Tratado de Frankfurt. El Segundo Imperio Francés había caído. Se formó la Tercera República Francesa. Se inició la enemistad franco-alemana. Alemania se unificó y se formó el Imperio Alemán. El territorio de Alsacia-Lorena en Francia fue formado y anexado por las fuerzas alemanas.

CAUSAS DE LA GUERRA

  • Prusia ganó el poder después de la guerra austro-prusiana de 1816.
  • Prusia anexó varios territorios y se formó la Confederación de Alemania del Norte.
  • Debido a la superioridad de Prusia, el sistema estatal europeo, con su regla de que ningún país europeo debería reinar sobre la mayoría de Europa, se desestabilizó.
  • Por lo tanto, Napoleón III, el emperador de Francia, exigió una compensación.
  • Sin embargo, Otto von Bismarck de Prusia se negó.
  • Prusia se alió con los reinos del sur de Alemania de Baviera, Württemberg, Baden y Hesse-Darmstadt. En ese momento, Alemania estaba dominada por Prusia.
  • Francia se opuso enérgicamente a la mayor alianza de Prusia con otros países alemanes.
  • Dado que Francia se opuso al esfuerzo nacionalista de Prusia de unir a Alemania, los funcionarios prusianos especularon que era necesaria una guerra entre Francia y Alemania.
  • Otto von Bismarck, el primer ministro de Prusia, creía que debía librarse una guerra contra Francia para que la unificación alemana tuviera éxito.
  • Bismarck también sabía que, con Francia como su oponente, la agresión francesa solo empujaría a los países del sur de Alemania al lado de Prusia, lo que resultaría en su superioridad en términos de número.
  • Los alemanes también tenían una visión tradicional de que Francia era el desestabilizador de Europa.

FUERZAS INVOLUCRADAS

  • Beligerantes
    • El Imperio Alemán estaba formado por los países alemanes de Baden, Baviera y Württemberg, junto con la Confederación de Alemania del Norte.
    • Las fuerzas francesas involucraron al Imperio Francés y la República Francesa.
    • Guillermo I
    • Otto von Bismarck
    • Helmuth von Moltke
    • Príncipe heredero Friedrich
    • Príncipe Friedrich Karl
    • Karl F. von Steinmetz
    • Albrecht von Roon
    • Napoleón III
    • François A. Bazaine
    • Patrice De MacMahon
    • Louis Jules Trochu
    • León Gambetta
    • Giuseppe Garibaldi
    • El Imperio Alemán desplegó un total de 1.494.412 soldados en la Guerra Franco-Prusiana.
    • Las bajas ascendieron a 144.462
    • 44.700 muertos
    • 89.732 heridos
    • 10.129 desaparecidos o capturados
    • Las bajas ascendieron a 756.285
    • 138.871 muertos
    • 143.000 heridos
    • 474,414 capturados

    DURANTE LA GUERRA

    • Ninguna otra nación intervino en la guerra franco-prusiana.
    • A pesar de que Austria-Hungría y Dinamarca sufrieron recientemente la derrota de Prusia y podrían querer vengarse, no tenían la confianza suficiente para ponerse del lado de Francia.
    • Napoleón no logró formar lealtades con el Imperio ruso y el Reino Unido, ya que Bismarck ya desplegó esfuerzos diplomáticos en estos reinos.
    • Una de las razones por las que el ejército alemán era superior se debía a su uso adecuado de los ferrocarriles prusianos.
    • Las principales batallas que ocurrieron a mediados de agosto de la guerra franco-prusiana incluyen:
      • Ocupación de Saarbrücken
      • Batalla de Wissembourg
      • Batalla de Spicheren
      • Batalla de Wörth
      • Batalla de Mars-La-Tour
      • Batalla de Gravelotte
      • Asedio de Metz
      • Batalla de sedán

      EL FIN DE LA GUERRA FRANCOPRUSA

      • El hambre gobernó París y el gobierno francés se vio obligado a iniciar conversaciones de paz.
      • Las conversaciones de paz comenzaron el 24 de enero de 1871.
      • Se lograron acuerdos de alto el fuego.
      • Los alemanes propusieron con éxito un tratado.
      • A los alemanes se les dio Alsacia-Lorena, la región de habla alemana de Francia.
      • Francia también reconoció al Imperio Alemán.
      • Este tratado se conoció como el Tratado de Frankfurt.
      • El presidente francés Trochu dimitió el 25 de enero de 1871. Fue sustituido por Favre.
      • En Versalles, el presidente francés Favre firmó la rendición el 27 de enero de 1871.
      • El estadista francés León Gambetta se enteró de la noticia y se negó a rendirse. Sin embargo, fue convencido de dimitir y rendirse el 6 de febrero de 1871.

      Hojas de trabajo sobre la guerra franco-prusiana

      Este es un paquete fantástico que incluye todo lo que necesita saber sobre la guerra franco-prusiana en 25 páginas detalladas. Estos son Hojas de trabajo de la Guerra Franco-Prusiana listas para usar que son perfectas para enseñar a los estudiantes sobre la Guerra Franco-Prusiana, también conocida como la Guerra de 1870, que fue una guerra entre los países en conflicto de Francia y Alemania, particularmente el Segundo Imperio Francés y la Confederación de Alemania del Norte encabezada por el Reino de Prusia.

      Lista completa de hojas de trabajo incluidas

      • Hechos de la guerra franco-prusiana
      • Resumen de la línea de tiempo
      • Respuesta Scramble
      • Opciones correctas
      • Líderes clave
      • Clasificación de tropas
      • Collage de batallas
      • Palabras clave franco-prusianas
      • En mis propias palabras
      • Decodificación de nombres de batalla
      • Comentario de imagen

      Vincular / citar esta página

      Si hace referencia al contenido de esta página en su propio sitio web, utilice el código a continuación para citar esta página como fuente original.

      Usar con cualquier plan de estudios

      Estas hojas de trabajo se han diseñado específicamente para su uso con cualquier plan de estudios internacional. Puede usar estas hojas de trabajo tal como están o editarlas con Presentaciones de Google para que sean más específicas para sus propios niveles de habilidad de los estudiantes y los estándares del plan de estudios.


      La Union

      El 4 de agosto de 1866 Bismarck invitó a los estados del norte de Alemania a concluir una alianza con Prusia durante un año, durante el cual se deben elaborar los principios de unificación. La Conferencia de Berlín (13 de diciembre de 1866 & # 8211 9 de enero de 1867) aprobó la hegemonía de Prusia en la Unión del Norte de Alemania, construida sobre un principio federativo.

      El jefe del sindicato era el rey de Prusia, que es además el comandante en jefe supremo de las fuerzas armadas de todos los estados que integran el sindicato. El rey de Prusia tenía derecho, en nombre de la Unión, a declarar la guerra, negociar y concluir la paz. Bajo la autoridad de los organismos aliados, se transfirieron comunicaciones de transporte, asuntos monetarios, causas penales e impuestos. Todas las tropas fueron reconstruidas bajo el modelo prusiano. El Parlamento de la Unión (Reichstag) fue elegido por voto directo, pero recibió poderes limitados. Gran influencia en los asuntos estatales disfrutó del Consejo de la Unión (Bundesrat), que estaba formado por representantes de los soberanos. Prusia, a pesar del número predominante de sus súbditos en la unión, tenía en el consejo solo 17 votos de 43.


      Orígenes

      El éxito en este último esfuerzo cambiaría las relaciones de poder europeas de una manera que difícilmente se podría esperar que Francia ignorara. De hecho, la opinión contemporánea puso la responsabilidad principal de los acontecimientos de 1870 a las puertas de Napoleón III, quien supuestamente forzó un conflicto para apuntalar su inestable régimen. A partir de la década de 1890, la responsabilidad se trasladó cada vez más a un Bismarck descrito como provocador de la guerra en interés de la hegemonía alemana: "sangre y hierro" en un escenario europeo. La erudición de finales del siglo XX enfatiza el deseo de Bismarck de mantener abiertas tantas opciones como sea posible durante el mayor tiempo posible. Se enorgullecía de poder intervenir en una situación y agitar las cosas, confiando en que podría responder a la confusión exponencialmente mejor que sus socios y oponentes. En la primavera de 1870 tuvo su oportunidad.

      El objetivo principal de Bismarck era resolver la cuestión alemana a favor de Prusia. El argumento de que la aprobación inicial de Bismarck de la oferta de España de su corona vacante al príncipe Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen (una rama de la casa gobernante de Prusia) tenía la intención de provocar una guerra exagera la beligerancia de Bismarck y subestima su confianza en sí mismo. La candidatura de Hohenzollern fue diseñada para provocar una crisis con Francia. Pero fue tan manejado que en cada etapa la iniciativa final, la elección final, quedó en París. Bismarck reconoció que la guerra era un resultado muy probable de la situación. Al mismo tiempo, estaba poniendo a prueba las intenciones del emperador y de la propia Francia.

      An international incident is what one of the parties involved wishes to define as an international incident. Negotiating room remained in the first days of July, particularly after Leopold withdrew his candidacy in the face of French hostility. But a French government enjoying its triumph overplayed its hand by demanding that Prussia guarantee the candidacy would not be renewed. Bismarck's negative reply was interpreted in Paris as a justification for a war Bismarck by now also believed inevitable. On 15 July the North German Confederation issued its mobilization orders.


      As early as August 1870, the Prussian 3rd Army led by Crown Prince Frederik of Prussia (the future Emperor Frederick III), had been marching towards Paris. [4] A French force accompanied by Napoleon III was deployed to aid the army encircled by Prussians at the Siege of Metz. This force were crushed at the Battle of Sedan, and the road to Paris was left open. Personally leading the Prussian forces, King William I of Prussia, along with his chief of staff Helmuth von Moltke, took the 3rd Army and the new Prussian Army of the Meuse under Crown Prince Albert of Saxony, and marched on Paris virtually unopposed. In Paris, the Governor and commander-in-chief of the city's defenses, General Louis Jules Trochu, assembled a force of 60,000 regular soldiers who had managed to escape from Sedan under Joseph Vinoy or who were gathered from depot troops. Together with 90,000 Mobiles (Territorials), a brigade of 13,000 naval seamen and 350,000 National Guards, the potential defenders of Paris totaled around 513,000. [5] The compulsorily enrolled National Guards were, however, untrained. They had 2,150 cannon plus 350 in reserve, and 8,000,000 kg of gunpowder. [6]

      The Prussian armies quickly reached Paris, and on 15 September Moltke issued orders for the investment of the city. Crown Prince Albert's army closed in on Paris from the north unopposed, while Crown Prince Frederick moved in from the south. On 17 September a force under Vinoy attacked Frederick's army near Villeneuve-Saint-Georges in an effort to save a supply depot there, but it was eventually driven back by artillery fire. [7] The railroad to Orléans was cut, and on the 18th Versailles was taken, and then served as the 3rd Army's and eventually Wilhelm's headquarters. By 19 September the encirclement was complete, and the siege officially began. Responsible for the direction of the siege was General (later Field Marshal) von Blumenthal. [8]

      Prussia's chancellor Otto von Bismarck suggested shelling Paris to ensure the city's quick surrender and render all French efforts to free the city pointless, but the German high command, headed by the king of Prussia, turned down the proposal on the insistence of General von Blumenthal, on the grounds that a bombardment would affect civilians, violate the rules of engagement, and turn the opinion of third parties against the Germans, without speeding up the final victory.

      It was also contended that a quick French surrender would leave the new French armies undefeated and allow France to renew the war shortly after. The new French armies would have to be annihilated first, and Paris would have to be starved into surrender.

      Trochu had little faith in the ability of the National Guards, which made up half the force defending the city. So instead of making any significant attempt to prevent the investment by the Germans, Trochu hoped that Moltke would attempt to take the city by storm, and the French could then rely on the city's defenses. These consisted of the 33 km (21 mi) Thiers wall and a ring of sixteen detached forts, all of which had been built in the 1840s. [9] Moltke never had any intention of attacking the city and this became clear shortly after the siege began. Trochu changed his plan and allowed Vinoy to make a demonstration against the Prussians west of the Seine. On 30 September Vinoy attacked Chevilly with 20,000 soldiers and was soundly repulsed by the 3rd Army. Then on 13 October the II Bavarian Corps was driven from Châtillon but the French were forced to retire in face of Prussian artillery.

      General Carey de Bellemare commanded the strongest fortress north of Paris at Saint Denis. [10]

      On 29 October de Bellemare attacked the Prussian Guard at Le Bourget without orders, and took the town. [11] The Guard actually had little interest in recapturing their positions at Le Bourget, but Crown Prince Albert ordered the city retaken anyway. In the battle of Le Bourget the Prussian Guards succeeded in retaking the city and captured 1,200 French soldiers. Upon hearing of the French surrender at Metz and the defeat at Le Bourget, morale in Paris began to sink. The people of Paris were beginning to suffer from the effects of the German blockade. Hoping to boost morale on 30 November Trochu launched the largest attack from Paris even though he had little hope of achieving a breakthrough. Nevertheless, he sent Auguste-Alexandre Ducrot with 80,000 soldiers against the Prussians at Champigny, Créteil and Villiers. In what became known as the battle of Villiers the French succeeded in capturing and holding a position at Créteil and Champigny. By 2 December the Württemberg Corps had driven Ducrot back into the defenses and the battle was over by 3 December.

      On 19 January a final breakout attempt was aimed at the Château of Buzenval in Rueil-Malmaison near the Prussian Headquarters, west of Paris. The Crown Prince easily repulsed the attack inflicting over 4,000 casualties while suffering just over 600. Trochu resigned as governor and left General Joseph Vinoy with 146,000 defenders.

      During the winter, tensions began to arise in the Prussian high command. Field-Marshal Helmuth von Moltke and General Leonhard, Count von Blumenthal, who commanded the siege, were primarily concerned with a methodical siege that would destroy the detached forts around the city and slowly strangle the defending forces with a minimum of German casualties.

      But as time wore on, there was growing concern that a prolonged war was placing too much strain on the German economy and that an extended siege would convince the French Government of National Defense that Prussia could still be beaten. A prolonged campaign would also allow France time to reconstitute a new army and convince neutral powers to enter the war against Prussia. To Bismarck, Paris was the key to breaking the power of the intransigent republican leaders of France, ending the war in a timely manner, and securing peace terms favourable to Prussia. Moltke was also worried that insufficient winter supplies were reaching the German armies investing the city, as diseases such as tuberculosis were breaking out amongst the besieging soldiers. In addition, the siege operations competed with the demands of the ongoing Loire Campaign against the remaining French field armies.

      In January, on Bismarck's advice, the Germans fired some 12,000 shells into the city over 23 nights in an attempt to break Parisian morale. [12] About 400 perished or were wounded by the bombardment which, "had little effect on the spirit of resistance in Paris." [13] Delescluze declared, "The Frenchmen of 1870 are the sons of those Gauls for whom battles were holidays."

      Due to a severe shortage of food, Parisians were forced to slaughter whatever animals were at hand. Rats, dogs, cats, and horses were the first to be slaughtered and became regular fare on restaurant menus. Once the supply of those animals ran low, the citizens of Paris turned on the zoo animals residing at Jardin des plantes. Even Castor and Pollux, the only pair of elephants in Paris, were slaughtered for their meat. [14]

      A Latin Quarter menu contemporary with the siege reads in part:

      * Consommé de cheval au millet. (horse) * Brochettes de foie de chien à la maître d'hôtel. (dog) * Emincé de rable de chat. Sauce mayonnaise. (cat) * Epaules et filets de chien braisés. Sauce aux tomates. (dog) * Civet de chat aux champignons. (cat) * Côtelettes de chien aux petits pois. (dog) * Salamis de rats. Sauce Robert. (rats) * Gigots de chien flanqués de ratons. Sauce poivrade. (dog, rats) * Begonias au jus. (flowers) * Plum-pudding au rhum et à la Moelle de Cheval. (horse)

      Air medical transport is often stated to have first occurred in 1870 during the siege of Paris when 160 wounded French soldiers were evacuated from the city by hot-air balloon, but this myth has been definitively disproven by full review of the crew and passenger records of each balloon which left Paris during the siege. [15]

      During the siege, the only head of diplomatic mission from a major power who remained in Paris was United States Minister to France, Elihu B. Washburne. As a representative of a neutral country, Washburne was able to play a unique role in the conflict, becoming one of the few channels of communication into and out of the city for much of the siege. He also led the way in providing humanitarian relief to foreign nationals, including ethnic Germans. [dieciséis]

      On 25 January 1871, Wilhelm I overruled Moltke and ordered the field-marshal to consult with Bismarck for all future operations. Bismarck immediately ordered the city to be bombarded with large-caliber Krupp siege guns. This prompted the city's surrender on 28 January 1871. Paris sustained more damage in the 1870–1871 siege than in any other conflict.

      Secret armistice discussions began on January 23, 1871 and continued at Versailles between Jules Favre and Bismarck until the 27th. On the French side there was concern that the National Guard would rebel when news of the capitulation became public. Bismarck's advice was "provoke an uprising, then, while you still have an army with which to suppress it". The final terms agreed on were that the French regular troops (less one division) would be disarmed, Paris would pay an indemnity of two hundred million francs, and the fortifications around the perimeter of the city would be surrendered. In return the armistice was extended until February 19. [17]

      Food supplies from the provinces, as well as shiploads from Britain and the United States, began to enter the starving city almost immediately. [18] Thirty thousand Prussian, Bavarian and Saxon troops held a brief victory parade in Paris on March 1, 1871 and Bismarck honored the armistice by sending trainloads of food into the city. The German troops departed after two days to take up temporary encampments to the east of the city, to be withdrawn from there when France paid the agreed war indemnity. While Parisians scrubbed the streets "polluted" by the triumphal entry, no serious incidents occurred during the short and symbolic occupation of the city. This was in part because the Germans had avoided areas such as Belleville, where hostility was reportedly high. [19]

      Balloon mail was the only means by which communications from the besieged city could reach the rest of France. The use of balloons to carry mail was first proposed by the photographer and balloonist Felix Nadar, who had established the grandiosely titled No. 1 Compagnie des Aérostatiers, with a single balloon, the Neptuno, at its disposal, to perform tethered ascents for observation purposes. However the Prussian encirclement of the city made this pointless, and on 17 September Nadar wrote to the Council for the Defence of Paris proposing the use of balloons for communication with the outside world: a similar proposal had also been made by the balloonist Eugène Godard.

      The first balloon launch was carried out on 23 September, using the Neptuno, and carried 125 kg (276 lb) of mail in addition to the pilot. After a three-hour flight it landed at Craconville 83 km (52 mi) from Paris. [20] Following this success a regular mail service was established, with a rate of 20 centimes per letter. Two workshops to manufacture balloons were set up, one under the direction of Nadar in the Elysềe-Montmartre dance-hall (later moved to the Gare du Nord), [21] and the other under the direction of Godard in the Gare d'Orleans. Around 66 balloon flights were made, including one that accidentally set a world distance record by ending up in Norway. [22] The vast majority of these succeeded: only five were captured by the Prussians, and three went missing, presumably coming down in the Atlantic or Irish Sea. The number of letters carried has been estimated at around 2.5 million. [23]

      Some balloons also carried passengers in addition to the cargo of mail, most notably Léon Gambetta, the minister for War in the new government, who was flown out of Paris on 7 October. The balloons also carried homing pigeons out of Paris to be used for a pigeon post. This was the only means by which communications from the rest of France could reach the besieged city. A specially laid telegraph cable on the bed of the Seine had been discovered and cut by the Prussians on 27 September, [24] couriers attempting to make their way through the German lines were almost all intercepted and although other methods were tried including attempts to use balloons, dogs and message canisters floated down the Seine, these were all unsuccessful. The pigeons were taken to their base, first at Tours and later at Poitiers, and when they had been fed and rested were ready for the return journey. Tours lies some 200 km (120 mi) from Paris and Poitiers some 300 km (190 mi) distant. Before release, they were loaded with their dispatches. Initially the pigeon post was only used for official communications but on 4 November the government announced that members of the public could send messages, these being limited to twenty words at a charge of 50 centimes per word. [25]

      These were then copied onto sheets of cardboard and photographed by a M. Barreswille, a photographer based in Tours. Each sheet contained 150 messages and was reproduced as a print about 40 by 55 mm (1.6 by 2.2 in) in size: each pigeon could carry nine of these. The photographic process was further refined by René Dagron to allow more to be carried: Dagron, with his equipment, was flown out of Paris on 12 November in the aptly named Niépce, narrowly escaping capture by the Prussians. The photographic process allowed multiple copies of the messages to be sent, so that although only 57 of the 360 pigeons released reached Paris more than 60,000 of the 95,000 messages sent were delivered. [26] [27] (some sources give a considerably higher figure of around 150,000 official and 1 million private communications, [28] but this figure is arrived at by counting all copies of each message.)

      Late in the siege, Wilhelm I was proclaimed German Emperor on 18 January 1871 at the Palace of Versailles. The kingdoms of Bavaria, Württemberg, and Saxony, the states of Baden and Hesse, and the free cities of Hamburg and Bremen were unified with the North German Confederation to create the German Empire. The preliminary peace treaty was signed at Versailles, and the final peace treaty, the Treaty of Frankfurt, was signed on 10 May 1871. Otto von Bismarck was able to secure Alsace-Lorraine as part of the German Empire.

      The continued presence of German troops outside the city angered Parisians. Further resentment arose against the French government, and in March 1871 Parisian workers and members of the National Guard rebelled and established the Paris Commune, a radical socialist government, which lasted through late May of that year.

      Empires of Sand by David W. Ball (Bantam Dell, 1999) is a novel in two parts, the first of which is set during the Franco-Prussian war, more particularly the Siege of Paris during the winter of 1870-71. Key elements of the siege, including the hot-air balloons used for reconnaissance and messages, the tunnels beneath the city, the starvation and the cold, combine to render a vivid impression of war-time Paris before its surrender.

      The Old Wives' Tale by Arnold Bennett is a novel which follows the fortunes of two sisters, Constance and Sophia Baines. The latter runs away to make a disastrous marriage in France, where after being abandoned by her husband, she lives through the Siege of Paris and the Commune.

      Elusive Liberty is a novel by Glen Davies. It follows the sculptor of the Statue of Liberty, Major Auguste Bartholdi, who fought against the German invaders as an aide-de-camp to General Garibaldi and is in Paris during the siege. [29]

      The King in Yellow, a short story collection by Robert W. Chambers, published in 1895, includes a story titled "The Street of the First Shell" which takes place over a few days of the siege. [30]

      Woman of the Commune (1895, AKA A Girl of the Commune) by G. A. Henty, also published in 1895, spans the Prussian siege and the ensuing events of the Paris Commune. [31]

      The Master, a 2012 film by Paul Thomas Anderson, alludes to the Siege when Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman) tells Freddie Quell (Joaquin Phoenix) that they both were part of the pigeon post.


      La débâcle! The aftermath of the Franco-Prussian War

      As an Emile Zola masterpiece makes tragically clear, defeat in the Franco-Prussian War was among the greatest calamities in French history – one that, says Misha Glenny, was to have grave consequences for the wider world in the 20th century.

      Esta competición se ha cerrado

      Published: December 2, 2015 at 3:35 pm

      Exhausted and disoriented, Jean Macquart climbed over a ridge with his new friend, Maurice, and the other men in his company. In front of them they saw “through the evening mists a ribbon of pale silver in the immense panorama of meadows and cultivated land. It was the Meuse, the longed-for Meuse…”

      Maurice, the student who had so recently been leading a dissolute life in Paris, was finding his new career as a soldier a shattering experience. The familiarity of the landscape gave him renewed strength.

      “Pointing to little distant lights twinkling merrily through the trees in this rich valley, making a charming picture in the tints of twilight, [he] said to Jean, with the joyful relief of a man finding himself back in his beloved homeland: ‘Oh, look down there… that’s Sedan!’”

      The date was 31 August 1870, the very eve of the battle of Sedan, a catastrophic reversal for the French army that all-but condemned it to defeat in the Franco-Prussian War. This was a seismic moment in modern history, for not only did it bring Emperor Napoleon III’s reign crashing down in ignominy and lead to the establishment of the Paris Commune (a radical socialist government that ruled the city for two months), it would also fashion a historical dynamic of enmity between France and Germany that would wreck Europe and the wider world in the 20th century.

      Macquart’s arrival at the Meuse is arguably the most poignant scene in Emile Zola’s novel La Débâcle, a true masterpiece which has been largely forgotten outside the author’s native France. And even there it has receded since its rapturous reception when it was first published 21 years after the traumatic events.

      Although the penultimate novel in a 20-book family saga, known collectively after the main protagonists Rougon-Macquart, La Débâcle is as much a piece of reportage as it is a novel. As such it sits as a slight oddity in the highly literary sequence. But far from diminishing its impact, this style heightens the importance and authenticity of the work. Above all, Zola’s novel offers illuminating insights into the psychological mood of the French as they attempted to process the disintegration of their nation at the end of the Franco-Prussian War.

      Napoleon Bonaparte’s nephew, Louis Napoleon, or Emperor Napoleon III, has shouldered much of the blame for the French defeat. The diplomatic events leading up to the conflict demonstrated that, whatever qualities the emperor may have possessed, these were no match for Otto von Bismarck. The Prussian chancellor knew exactly how to play Napoleon’s ego, provoking the emperor through his presentation of the famous Ems telegram, which misleadingly implied that the Prussian king, William I, and the French ambassador, Count Vincent Benedetti, had insulted each other at a recent conversation over the future of the Spanish throne. Within days, Napoleon – alarmed at the rise of Prussian power throughout the 1860s – had taken the bait and declared war.

      Bismarck’s genius

      Despite his neurotic personality, Bismarck was a political genius whose ability to persuade friends, opponents and neutrals alike to act as he wished, raises him, to my mind, high above his 19th-century peers. Equally, his use of warfare to achieve carefully designed political goals, most of them domestic, was remarkable.

      This is demonstrated by a series of triumphs on the battlefield, beginning with victory over the Danes at Schleswig-Holstein in 1864 and then moving on to the audacious defeat of Austria at Hradec Kralové (Königgrätz) in 1866. By making it a hat-trick with victory in Sedan, Bismarck achieved his primary aim – the absorption of the central and southern German states, minus Austria, into a new country, with the centre of power in Berlin.

      Zola believed that blame lay squarely on Napoleon III’s shoulders. And he wasn’t alone in this. Victor Hugo passed the most withering judgment on the emperor using just three words: Napoleon, le Petit.

      Sedan was the horrifying symptom of a disease that had coursed through the entire economic and political body – a metaphor that Zola deployed repeatedly in his descriptions of the aftermath of the battle. He believed that restoring France would involve chopping off many of its putrid limbs.

      More recently, French historians have sought to rehabilitate Napoleon III in recognition of his role as a moderniser. Under his rule, the French started to industrialise, rationalise the banking system and, of course, Baron Haussmann redesigned Paris. It is worth remembering that it is Haussmann’s Paris that today makes the French capital the world’s top tourist destination.

      But from his vantage point just two decades later, Zola was oblivious to these achievements, because the consequences of 1870–71 shook France to its core.

      And yet, great writer that he is, Zola also sympathises with Napoleon’s personal tragedy. He and his ludicrous entourage, which was like a petit Versailles in permanent transit, trailed around behind the army as it suffered defeat after defeat. By this time, Napoleon himself was ridden with disease and suffering chronic pain while his wife, influential politicians and generals were conspiring against him.

      There is something profoundly moving about Zola’s descriptions of Napoleon’s pathetic attempts to revive his uncle’s charisma on the battlefield, as observed by Maurice’s cousin: “[His] moustache was so waxed and his cheeks were so rouged that he at once thought he looked much younger, and made up like an actor. Surely he must have had himself made up so as not to go round displaying to the army the horror of his colourless face all twisted with pain, his fleshless nose and muddy eyes. Having been warned at five in the morning that there was fighting at Bazeilles, he had come like a silent, gloomy ghost with its flesh all brightened up with vermilion.”

      Zola believed the rottenness had spread through most of the country’s institutions. He was unsurprisingly contemptuous of the general staff, which had assumed that the French army would reach Berlin within a matter of two weeks after the declaration of war. While equipped with detailed maps of the German states, the French military astonishingly possessed no maps of eastern France.

      It never occurred to them that Prussian and Bavarian troops would cross swiftly and efficiently into Alsace before the French had even completed their mobilisation.

      Equally, the military was slipping behind the Prussians in technology. The decisive weapon at Sedan was not the mitrailleuse – the machine-gun had been slowly developing for two years – but the Prussian breech-loading cannons manufactured by Krupp, which almost completely outgunned the French muzzle loaders.

      After the Franco-Prussian War, France was compelled to cede Alsace-Lorraine to the new German empire. It was also liable to pay reparations of 5bn gold francs within five years, a circumstance that directly influenced France’s uncompromising stance on reparations at the end of the First World War, with all the economic consequences of that peace.

      Out of the Franco-Prussian War emerged the original revanchisme, a powerful movement of French nationalism dedicated to the restoration of sovereignty over Alsace-Lorraine and to avenge the defeat in 1870. The seeds of the First World War were sown and they started germinating almost immediately.

      Sedan and the later French capitulation at the Prussian siege of Metz were much more significant in their implications than the victory of the British and Prussians at Waterloo. Yet in this country, their significance is barely recognised. A pity. Zola certainly understood their gravity.

      The fall of France, 1864–71

      1864–66 French alarm at Berlin’s growing power soars following Prussian victories over Austria and Denmark

      June 1870 Tensions intensify when a Prussian-endorsed candidate accepts the Spanish throne

      14 July Bismarck publishes the Ems telegram, with the aim of provoking the French

      19 July Napoleon III declares war on Prussia

      2 August After rapid Prussian mobilisation, 380,000 troops are massed on the French border

      16–18 August The French fail to break through the advancing Germans at Mars-la-Tour and Gravelotte. They are forced into retreat

      1 September Napoleon III surrenders following defeat at the battle of Sedan, but French forces fight on

      4 September A new government of National Defence takes power in Paris, proclaiming the birth of the Third Republic

      27 October Following a two-month siege, 140,000 French troops surrender at Metz

      28 January 1871 Paris surrenders to Prussian forces and France signs an armistice

      18 March Radicals establish a revolutionary government in Paris – known as the Paris Commune. It is defeated by French government forces on 28 May

      10 May France signs the Treaty of Frankfurt. It will pay Prussia 5bn francs. Germany annexes Alsace and half of Lorraine

      Misha Glenny is a journalist and former central European correspondent for El guardián and the BBC. His books include The Balkans: 1804–2012 (Granta Books, 2012)


      The Siege of Paris during the Franco-Prussian War

      Through the first half of 1870 a confrontational fever with Germany spread throughout France. On July 15 Emperor Napoleon III led his nation "into one of the most disastrous wars in her history." (1) The Franco-Prussian conflict did not officially commence until July 19, 1870. In the course of its first weeks it produced a series of demoralizing defeats for the French. The army of Napoleon III "went to war ill-equipped, badly led, trained and organized, and with inferior numbers." (2) On August 19, one French army was trapped in the fortress of Metz and on September 1, the Empire of Napoleon III came crushing down when a second army was captured at Sedan with the Emperor himself. Three days later the news reached Paris and the fall of the Empire was proclaimed. The Empress left for England and a provisional government took power. (3) For the next five months, the "city of lights," as Parisians had proudly proclaimed "the center of the universe," was transformed. It became an army camp--French soldiers, National Guardsmen, volunteers-within, Prussian forces without. Luxuries, and then basic necessities slowly disappeared. Food became scarce, and the inhabitants resorted to edibles normally associated with other species. The government under General Trochu and leaders like Victor Hugo, Jules Favre, and Adolphe Thiers, tried to govern internal as well as external pressures. Finally, on January 27, an armistice was signed. It brought temporary calm to the capital, before the storm of the Paris commune and the second siege arrived.

      The new government in Paris, after the defeat at Sedan, was composed in part by publicists, politicians, lawyers, and teachers who had opposed Louis Napoleon's coup d'etat in 1851. "The Government of National Defense" was the official title, and nearly all kinds of political opinions were included, with the exception of the Bonapartists. The actual power rested with the Legitimists, Orleanists, and other conservatives. General Trochu, military governor of Paris and an Orleanist, held the presidency. Others included Leon Gambetta-minister of the Interior, General Le Flo- Minister for War, Jules Favre-Minister of Foreign Affairs and vice-president, Victor Hugo, Count Henri Rochefort-journalist and political enemy of Napoleon III who spent many years in prison, and Adolphe Thiers-the old minister of Louis Phillipe who went on diplomatic missions for the new republic. (4) Besides the day-to-day operation of the government, the three main objectives of the Government of National Defense were the procurement of a favorable peace treaty, enlistment of the aid of foreign powers, and the military preparation of Paris. The first objective got off to a bad start on September 6 when Jules Favre announced, "France would not give up an inch of her territory nor a stone of her fortresses." (5) This attitude went counter to that of Otto Von Bismarck, Chancellor of Germany, who saw the cession of territory as being as indispensable to the Prussians as it was inadmissible to the French. Bismarck demanded the immediate turnover of Alsace-Lorraine as well as Metz, Strasbourg, and Mont-Valerien (the fortress commanding Paris). Bismarck's proposals were rejected and the government was forced to defend the city and continue the war. Negotiations continued however, nothing concrete came out of them until the end of January when Jules Favre was sent to Versailles to discuss the terms of armistice. By this time Paris had been bombarded, food and other essential stores were nearly exhausted, and Prussian victories throughout the rest of France were a daily occurrence.

      The armistice was to set up the preliminary conditions for a peace treaty to be signed. Its terms included the surrender of all French fortifications, except those serving as prisons laying down their weapons with the exception of the Army which was to act independently for the maintenance of order, the immediate exchange of prisoners, and Paris was to pay 200,000,000 francs for war reparations within a fortnight. Also, anyone leaving the city needed a French military pass. (6) Back in September, the French government began pursuing the second objective, acquiring foreign aid, when Thiers was sent to England, Austria, and Russia to enlist help. He was sympathetically welcomed, but was unable to shore up any support. Only America showed enthusiasm for the new French Republic, however they were not yet ready to intervene on their behalf. Thiers tried again in October with the same results. From that point on he was used solely as the representative of the French government in the ongoing negotiations with Bismarck. Prior to the investment of Paris, the provisional government made efforts to prepare the military forces of the city. These efforts included: manpower allocations, defensive fortification and supplies. Troops were brought back from the surrounding provinces. General Vinoy's forces, which escaped capture at Sedan, were later consolidated with those of the provinces. Together they became the Provincial Mobile Guard. Meanwhile the National Guard furnished sufficient manpower to increase its size from 90,000 to more than 300,000 men. (7) Another aspect of the military preparation was the establishment of strong defensive fortifications. The forts in the vicinity of Paris were abandoned because it would have required too much work and time to get them ready, and the decision was made to move the defensive lines closer to the city's environs. All forests and wooded areas deemed favorable to enemy advantage were cut. Thus were the forests of Montmorency, Bundy, Boulogne, and Vincennes treated. The allocation of supplies was vital to the defense of Paris. Barracks, hospitals and factories for the manufacture of military hardware were established all over the city. Railway shops became cannon foundries, while tobacco factories became arsenals. The Louvre was transformed into an armament shop after the art gallery was moved for safekeeping. Balloons were constructed at the Orleans railway stations. (8) Hotels, department stores, theaters, and public buildings served as hospitals. The Tuileries and the Napoleon and Empress Circuses became barracks. (9) When in action, all the forces were under the Commander-in-Chief of the Army and subject to military law. Most of these actions centered on small sorties, unassumingly called "reconnaissances." In late September 1870, the objects of the sorties were to test the tenacity of the troops and probe the Prussian circle to determine its vulnerability. As for the Prussians, once the city was surrounded and more troops made available for the siege, the question was whether to bombard the capital or starve it into surrender. In his diary entry for October 8, Crown Prince Frederick states, "we shall certainly have to make up our minds to a bombardment of Paris. but to postpone as long as possible their actual accomplishment, for I count definitely on starving out the city." (10) The bombardment did not begin until January 4. The arrival of the shelling did not panic the Parisians. They had been expecting it since October.

      Precautions were taken to protect all works of art. Sandbags were placed in the windows of the Louvre, the School of Fine Arts and other important buildings, while outside monuments were taken underground. The bombardment lasted twenty-three days, usually from two to five hours each night. In the end, the Parisians refused to be intimidated and the psychological advantage of this tactic was lost. The siege of Paris slowly made its impact in an area critical to survival: the economy. According to a correspondent for The Times of London, "Business for France is everywhere broken up, and one-third of the country is devastated and ruined." (11) The first segment to directly feel the enclosure was the import and export activity. In order to survive, Paris needed a self-supporting economy, while also channeling most of its resources for the defense. Factories were now employed in making military necessities, instead of consumer goods. When the siege dragged on, the prospects for a speedy recovery evaporated and finally gave out completely when the bombardment began as some of those factories, in conjunction with other businesses, were damaged. The Prussians might not have been purposely inclined to destroy the French economy, except in one particular area: food consumption. The government's failure to establish a census system early during the siege caused it to miscalculate on its supply of comestibles, playing into the hands of the invaders. The census did not take place until December 30 and it was discovered that Paris contained a population of 2,005,709 residents excluding the armed forces. (12) The government however, did ask foreigners to leave, but the number who did was offset by the arrival of refugees from the provinces. This number of inhabitants and the Prussian encirclement had disastrous consequences. Early in 1870, the price of food had increased and by the start of the Franco-Prussian conflict it was 25 percent higher. (13) Prices did not go much higher because the government announced the number of cattle, sheep, and hogs within Paris to be adequate. However, everyone, even the government, believed the siege would last a very short time, perhaps a maximum of two months. The situation did not change until the early days of October. A few days before October 15, butchers suddenly refused to sell more than a day's ration. On October 15, the official rationing of meat began and continued throughout the entire siege, each portion becoming smaller and smaller. Eventually, nothing was left and Parisians resorted to other types of meat. The first substitute for the regular meat diet was horse. Parisians disdained it, at first, and it took the Horse-Eating Society to inform the public of the advantages to eating horse. When it finally came down to eating them, all breeds were included, from thoroughbred to mules. With time even this type of nourishment became rare, so other meats were introduced into the diet. Dogs, cats, and rats (14) were frequently eaten. The animals of the zoo were added to this diet, including Castor and Pollux, the two elephants that were the pride of Paris. Only the lions, tigers, and monkeys were spared the big cats for the difficulty of approaching them, the monkeys because of "some vague Darwinian notion that they were the relatives of the people of Paris and eating them would be tantamount to cannibalism." (15)

      During the middle of January, the government placed bread on the ration list, setting the daily quota at 300 grams for adults and half that amount for children. Parisians then realized that they were on the verge of starvation. As for the Prussians, this meant a quick solution to the conflict as Frederick III writes on his diary entry for January 7, "There is news from Bordeaux that provisions in Paris would be exhausted about the end of January, and at best could only last until early in February. I trust this may be true." (16) The terrible ordeal suffered by Paris between 1870-1871 was not their first, according to a German newspaper story reprinted in The Times. In 1590, Henry IV stood before Paris much like Bismarck was doing, and the city knew nothing worse. According to the story, the people of Paris forgot what meat was and they had to subsist on leaves or roots dug up from under stones. Terrible diseases broke out and in three months 12,000 people died. Bread no longer existed while all the dogs were captured and eaten. (17) The maledictions associated with siege warfare were no strangers to Parisians however, the peace treaty with Germany brought needed relief before the arrival of the Paris Commune with its own set of trials and tribulations.

      1. "The French Army and Politics 1870-1970"- pg. 7

      3. "The War Against Paris"- pg. 1

      4. "The Siege of Paris 1870-1871"- pg. 6

      6. "The War Diary of the Emperor Frederick III"- pg. 283

      7. "The Siege of Paris 1870-1871"- pg. 22

      8. Balloons served to carry the mail and diplomats outside the city safely from Prussian attack. Pigeons were used to carry messages. For more on this aspect of the siege read "Airlift 1870" by John Fisher.

      9. "The Siege of Paris 1870-1871"- pg. 24

      10. "The War Diary of the Emperor Frederick III"- pg. 150

      11. The Times of London, 1870 edition

      12. "The Siege of Paris 1870-1871"- pg. 43

      14. The price of rats became so high that not everyone could afford this delicacy, which was considered of the highest quality since rats fed on cheese and grains.

      15. "The Siege of Paris 1870-1871"- pg. 63

      16. "The War Diary of Emperor Frederick III"- pg. 253

      17. The Times of London, 1870 edition Bibliography Kranzberg, Melvin. The Siege of Paris, 1870-1871. A Political and Social History. Greenwood Press Publishers. Connecticut. 1950 Tombs, Robert. The War Against Paris- 1871. Cambridge University Press. Cambridge. 1981 Allinson, A. R. (translator and editor)- The War Diary of the Emperor Frederick III- 1870-1871. Greenwood Press Publishers. Connecticut. 1926 Horne, Alistair. The French Army and Politics- 1870 to 1970. Peter Bedrick Books. Nueva York. 1984


      Ver el vídeo: HistoCast 81 - Guerra franco-prusiana