Mao Zedong y la revolución cultural de China

Mao Zedong y la revolución cultural de China


Historia de China & # 8211 El pueblo & # 8217s República de China bajo Mao Zedong

Después de que los comunistas ganaran el campo de batalla, Mao Zedong proclamó la República Popular China el 1 de octubre de 1949. Inmediatamente los comunistas comenzaron a formar un estado socialista de acuerdo con sus ideas. Sus intervenciones en el estado, la economía y la sociedad cambiaron la vida en China en un grado previamente desconocido.

La República Popular, inicialmente administrada por los militares, fue entregada a la administración civil cuando entró en vigor una nueva constitución en 1954. Además de construir las estructuras administrativas, el PCCh presionó con vehemencia por una reorganización radical de la sociedad china. Los terratenientes serían expropiados, los contrarrevolucionarios destruidos y los funcionarios corruptos destituidos del partido y del aparato administrativo. Para lograr estos objetivos, el PCCh inició numerosas campañas masivas a nivel nacional en las que los ciudadanos chinos participaron activamente. Algunas de estas campañas masivas & # 8211 como la reforma agraria o la campaña contra los contrarrevolucionarios & # 8211 fueron muy violentas y mataron a cientos de miles de chinos.

Paralelamente a la reestructuración de la empresa, se estableció un sistema económico basado en la propiedad común y la economía planificada. En el campo, los terratenientes fueron expropiados y privados de sus derechos. Su tierra se distribuyó a los agricultores pobres. Poco a poco, todas las empresas campesinas privadas se unieron en cooperativas de producción agrícola hasta que toda la agricultura de China se colectivizó a mediados de la década de 1950 & # 8217. En las ciudades, los empresarios privados fueron intimidados y se les instó a renunciar a sus negocios. Así, la producción industrial pasó a manos del Estado y del colectivo.

Al mismo tiempo, con la ayuda de asesores soviéticos, se creó la comisión de planificación estatal, que se encargó de elaborar los planes quinquenales. Además de la economía planificada, la Unión Soviética también otorgó préstamos a la República Popular China con los que se avanzó en el rápido desarrollo de una industria pesada.

El desempeño económico de los primeros años de la reconstrucción fue bastante impresionante. En general, se logró un crecimiento económico del 8,9%. Sin embargo, las proporciones de este crecimiento se distribuyeron de manera desigual. El crecimiento industrial, apoyado por inversiones masivas, saltó al 18,9%. La producción económica de la economía agrícola fue demasiado baja, un 4,5%.

Movimiento de cien flores y gran salto

Según cheeroutdoor, muchos chinos no estaban satisfechos con su nueva situación. Los campesinos participaron en la colectivización sólo a medias, la corrupción y el aprovechamiento de las filas del PCCh eran rampantes y el desempleo urbano era alto. En la segunda mitad de la década de 1950 & # 8217, el liderazgo chino de Mao Zedong & # 8217, por lo tanto, estaba cada vez más preocupado por la estabilidad interna. Además, Jruschov había iniciado la desestalinización en la Unión Soviética a principios de 1956, lo que había dado lugar a movimientos de levantamiento como en Polonia y Hungría. China quería evitar esto a toda costa.

Por lo tanto, Mao se decidió por una medida inusual en la primavera de 1957. Bajo el lema & # 8220 Que florezcan cien flores, que cien escuelas compitan entre sí & # 8221, se permitió a los intelectuales expresar abiertamente la crítica política (Movimiento de las Cien Flores). Sin embargo, esto llevó a severas críticas públicas al PCCh, por lo que a mediados de 1957 el liderazgo revirtió la campaña y clasificó a quienes la criticaron como desviados. Como resultado, la mayoría de los intelectuales de China fueron silenciados políticamente, degradados o arrestados por el partido.

Un nuevo nivel de desestabilización política y económica fue provocado por un cambio revolucionario en la política agrícola en 1958, que pasó a la historia bajo el nombre & # 8221 The Great Leap Forward & # 8220. Una combinación infructuosa de hipercolectivización ("pueblos y comunas"), producción de acero en microempresas rurales y un sistema de informes y estadísticas no funcional condujo a la mayor hambruna jamás causada por errores humanos en la historia mundial. El número de muertes por inanición en las zonas rurales de China se estima entre 15 y 40 millones.

Además de la tragedia humana y el colapso de toda la economía china, el Gran Salto también provocó profundas divisiones en la dirección del partido. El ministro de Defensa, Peng Dehuai, fue destituido ya en 1959 por criticar la estrategia de Mao. En 1962, el primer ministro Liu Shaoqi finalmente inició una política de consolidación, en la que Mao ya no tenía participación debido al fracaso de su campaña. Como resultado, Mao aparentemente se retiró de la política diaria.

La revolución cultural

Los últimos diez años de la era de Mao Zedong fueron moldeados por sus esfuerzos por recuperar su posición de poder político. Se produjo una lucha por el poder que sacudió a todo el sistema político hasta sus cimientos y traumatizó a gran parte de la sociedad china.

Dado que Mao ya no podía estar seguro del apoyo de todas las partes del partido a mediados de la década de 1960 y # 8217, llamó a la juventud de China, con la ayuda de las fuerzas radicales de izquierda cercanas a él (incluida su esposa Jiang Qing). ), para renunciar a sus viejos maestros, políticos revisionistas y viejas costumbres. Para renunciar y combatir costumbres y hábitos. Millones emocionados se unieron a estudiantes de secundaria y estudiantes como Rote Garden en este nuevo movimiento. Un pequeño libro rojo con citas de Mao, también conocido como la Biblia de Mao, sirvió de base ideológica. La revolución cultural condujo durante los años 1966-69 al estancamiento total del sistema educativo, el desempoderamiento de la élite gobernante, la destrucción de las estructuras administrativas que se habían construido desde 1949 y el caos y la violencia en las calles de China & # 8217s ciudades. No terminó hasta la muerte de Mao Zedong el 9 de septiembre de 1976.


China vuelve a borrar la historia | Opinión

Hace siete años, el Partido Comunista Chino (PCCh) advirtió a sus miembros que "resistieran con fuerza las mareas de pensamiento falsas e influyentes". El memorando, titulado "Documento 9," era pesado en teoría y ligero en detalles. Sin embargo, a raíz del coronavirus, comenzamos a ver las implicaciones de la instrucción de Xi Jinping de ganar el campo de batalla ideológico.

En respuesta a una directiva reciente del Ministerio de Educación de China, las escuelas de la República Popular China (RPC) están depurando sus bibliotecas de libros "ilegales" o "inapropiados" y mdash significa cualquier cosa que, en opinión del Partido, dañe la unidad nacional, amenace la política del partido. soberanía, desestabiliza el orden social, rompe con las políticas del PCCh, difama a los funcionarios del gobierno o promueve la doctrina religiosa. En particular, los libros sobre cristianismo y budismo y los clásicos del cannon & mdash de George OrwellGranja de animales y 1984& mdash ya ha recibido el hacha en algunas escuelas.

Las prohibiciones de libros, naturalmente, se remontan a episodios particularmente oscuros del siglo XX, y no solo en la Alemania nazi o la Unión Soviética. El PCCh tiene su propia herencia de frenéticas sesiones de quema de libros, particularmente durante la Revolución Cultural de Mao Zedong, el período más tumultuoso e inestable de la historia china desde 1949. Los métodos de Mao durante la Revolución Cultural, por impulsivos que fueran, contextualizan la campaña mucho más disciplinada de Xi hoy para controlar el discurso y el comportamiento tanto de los ciudadanos chinos como de los gobiernos extranjeros.

Después del desastre del "Gran Salto Adelante" del PCCh y el mal engendrado intento de Mao de industrializar la economía de China que mató de hambre a 45 millones de personas, el "Gran Timonel" tramó un plan para poner a la gente en contra de sus oponentes políticos. Mao anunció una campaña contra los "derechistas", los "contrarrevolucionarios" y los "burgueses" que se interponían en el camino del "socialismo con características chinas". Es importante destacar que Mao nunca definió estos objetivos, porque siempre estaban cambiando. Ninguna asociación, estatus o herencia garantizaba la seguridad de nadie en China. Lo que garantizaba una posición correcta una semana, como la relación consanguínea con las élites políticas del PCCh, podría significar la ruina para la próxima. Este caos resultó, en palabras del historiador Frank Dik & oumltter, en "pérdida de confianza y previsibilidad en las relaciones humanas, ya que las personas se volvieron unas contra otras".

Los principales agentes de Mao durante esta década de desastre fueron los estudiantes universitarios de China. Estos "Guardias Rojos", delegados por Mao o sus subordinados, llevaron a cabo el programa de depuración ideológica con la aprobación implícita de Pekín para avergonzar, torturar e incluso matar a quien consideraran una amenaza para la Revolución. Los grupos rivales de Guardias Rojos incluso se volvieron unos contra otros, a medida que cambiaban las definiciones de "amigo" y "enemigo".

Sin embargo, una cosa nunca cambió. La lealtad a Mao Zedong fue la única expresión segura del discurso en China, ya sea en forma de carteles de su semejanza o pancartas y libros que citan sus discursos. Con este culto a la personalidad, Mao llevó una bola de demolición al pasado prerrevolucionario de China y creó una sociedad donde la seguridad y la supervivencia solo llegaban jurando lealtad a él, al PCCh y a la Revolución.

Entonces, ¿qué significa la Revolución Cultural para la China de Xi Jinping hoy? Después de todo, China no se encuentra en un período similar de agitación política ni mucho menos. En todo caso, Xi Jinping ha tomado todas las precauciones para eliminar las amenazas ideológicas al PCCh. antes de hacen metástasis. El "Documento 9" se parece menos a un manifiesto de Revolución y más a una evaluación de amenazas. Aun así, la campaña de Xi para borrar el conocimiento y encubrir la verdad misma, tanto dentro de China como en todo el mundo, se hace eco de la espeluznante melodía de Mao.

Con su reciente campaña de prohibición de libros, Xi está delegando a los maestros para que implementen las purgas de bibliotecas bajo pautas vagas. Aunque el programa es nuevo, el incentivo es claro: una "carrera hacia el fondo", donde las escuelas buscan superarse entre sí en censura. Así como Mao encargó a los estudiantes universitarios que llevaran a cabo la Revolución Cultural, Xi ha asignado maestros para que compilen una lista de quemaduras. Esta instancia es un microcosmos del juego que Xi quiere jugar, al menos con la población Han de China y la censura cooperativa mdash, implementada por el propio pueblo chino.

A nivel mundial, el Departamento de Trabajo del Frente Unido del PCCh lleva a cabo una función similar: da forma al discurso sobre China de manera favorable y utiliza a los extranjeros para promover los intereses políticos del Partido. Los Institutos Confucio son el modelo de esta estrategia: infiltrarse en las universidades estadounidenses con programas de idioma mandarín, complementados con una historia "cultural" que encubra cualquier mención del Tíbet, Taiwán, Xinjiang, la Plaza de Tiananmen o incluso la Revolución Cultural misma. Cualquier universidad que viole este código de discurso corre el riesgo de perder estudiantes investigadores chinos e incluso fondos de la República Popular China.

Las sugerencias recientes en el Congreso para sancionar a las organizaciones del Frente Unido provienen de un simple reconocimiento: el dominio de la información global que persigue el PCCh es una amenaza existencial para la Primera Enmienda. El partido que prohíbe los libros en China es el mismo que destrozó su propio país durante 10 años, y ahora está tratando de redefinir la verdad misma en las propias escuelas de Estados Unidos.

Si el pueblo estadounidense no está atento y despierto ante esta amenaza, las palabras de George Orwell de 1984, que describe inquietantemente la Revolución Cultural de China, podría hacerse realidad en nuestras propias universidades: "Cada registro ha sido destruido o falsificado, cada libro reescrito, cada imagen ha sido repintada, cada estatua y edificio de calle ha sido renombrado, cada fecha ha sido alterada. Y el proceso continúa día a día y minuto a minuto. La historia se ha detenido. No existe nada más que un presente sin fin en el que el Partido siempre tiene razón ".


Contenido

La fundación de la República Popular China (PRC) fue proclamada formalmente por Mao Zedong, presidente del Partido Comunista de China, el 1 de octubre de 1949 a las 3:00 pm en la Plaza Tiananmen en Beijing. El establecimiento del Gobierno Popular Central de la República Popular China, el gobierno de la nueva nación, fue proclamado oficialmente durante el discurso de proclamación en la ceremonia de fundación. Durante la ceremonia de fundación tuvo lugar un desfile militar.

La República Popular de China se fundó en una tierra que fue devastada por un siglo de invasiones extranjeras y guerras civiles. Tanto las comunidades urbanas como rurales, así como la agricultura y la industria, experimentaron un crecimiento significativo entre 1949-1959. [6] El gobierno de Mao llevó a cabo la Reforma Agraria, instituyó la colectivización e implementó la laogai sistema de campamento.

Económicamente, el país siguió el modelo soviético de planes quinquenales con su propio primer plan quinquenal de 1953 a 1957. El país pasó por una transformación mediante la cual los medios de producción se transfirieron de entidades privadas a entidades públicas, y mediante la nacionalización de la industria en 1955, el estado controló la economía de manera similar a la economía de la Unión Soviética.

Cada participante ha evaluado el papel de China en la guerra de Corea de formas marcadamente diferentes. [7] Poco después de su fundación, la recién nacida República Popular de China se vio envuelta en su primer conflicto internacional. El 25 de junio de 1950, las fuerzas norcoreanas de Kim Il-sung cruzaron el paralelo 38, invadieron Corea del Sur y finalmente avanzaron hasta el perímetro de Pusan ​​en el sureste de Corea. Las fuerzas de las Naciones Unidas entraron en la guerra del lado del Sur, y el general estadounidense Douglas MacArthur, habiendo forzado una retirada comunista, propuso poner fin a la guerra para la Navidad de 1950. La Unión Soviética y China vieron una victoria de la ONU (y en consecuencia, de Estados Unidos) como una gran victoria política para Estados Unidos, una perspectiva considerada peligrosa en los inicios de la Guerra Fría. Sin embargo, Stalin no tenía ningún deseo de ir a la guerra con Estados Unidos y dejó a China la responsabilidad de salvar al régimen de Pyongyang. Hasta ese momento, la Administración Truman estaba completamente disgustada con la corrupción del gobierno de Chiang Kai-shek y consideró simplemente reconocer a la República Popular China. El 27 de junio, la Séptima Flota de Estados Unidos fue enviada al Estrecho de Taiwán tanto para evitar una invasión comunista de la isla como para evitar un intento de reconquista del continente. Mientras tanto, China advirtió que no aceptaría una Corea respaldada por Estados Unidos en su frontera. Después de que las fuerzas de la ONU liberaron Seúl en septiembre, Beijing respondió diciendo que las tropas de la República de Corea podrían cruzar a Corea del Norte, pero no a las estadounidenses. MacArthur ignoró esto, creyendo que el ejército de Corea del Sur era demasiado débil para atacar por sí solo. Después de la caída de Pyongyang en octubre, las tropas de la ONU se acercaron al área estratégicamente sensible del río Yalu. China respondió enviando oleadas de tropas al sur, en lo que se conoció como los Voluntarios del Pueblo para disociarlos del EPL. El ejército chino estaba mal equipado, pero contenía muchos veteranos de la guerra civil y el conflicto con Japón. Además, poseía enormes reservas de mano de obra. Estados Unidos estaba en camino a la cima del poder militar, y los historiadores sostienen que la participación de Mao en la guerra afirmó a China como una nueva potencia que no debe tomarse a la ligera. Conocido como el Resistir América, ayudar a Corea Campaña en China, la primera gran ofensiva de las fuerzas chinas fue rechazada en octubre, pero para la Navidad de 1950, el "Ejército Popular de Voluntarios" bajo el mando del general Peng Dehuai había obligado a las Naciones Unidas a retirarse al Paralelo 38. Sin embargo, la guerra fue muy costosa para el lado chino, ya que se movilizaron más que solo "voluntarios", y debido a la falta de experiencia en la guerra moderna y la falta de tecnología militar moderna, las bajas de China superaron en gran medida a las de las Naciones Unidas. El 11 de abril de 1951, un destructor de la Séptima Flota de EE. UU. Se acercó cerca del puerto de Swatow (Shantou), en la costa suroeste de China, lo que provocó que China enviara una armada de más de cuarenta juncos de motor armados para enfrentar y rodear al destructor durante casi cinco horas antes de que el destructor abandonara el área sin que ninguno de los lados ampliara el conflicto iniciando fuego hostil. [8] [9] [10] Rechazando un armisticio de la ONU, las dos partes lucharon intermitentemente en ambos lados del paralelo 38 hasta que se firmó el armisticio el 27 de julio de 1953. La Guerra de Corea puso fin a cualquier posibilidad de relaciones normalizadas con los Estados Unidos. durante años. Mientras tanto, las fuerzas chinas invadieron y anexaron el Tíbet en octubre de 1950. El Tíbet había estado nominalmente sujeto a los emperadores en los siglos pasados, pero declaró su independencia en 1912.

Bajo la dirección de Mao, China construyó su primera bomba atómica en su programa nuclear, Proyecto 596, en 1964 fue el quinto país en realizar una prueba nuclear exitosa.

La Guerra de Corea había sido enormemente costosa para China, especialmente después de la guerra civil, y retrasó la reconstrucción de posguerra. Como resultado, Mao Zedong declaró que la nación se "inclinaría hacia el este", lo que significa que la Unión Soviética y el bloque comunista serían sus principales aliados. Tres meses después de la creación de la República Popular China en octubre de 1949, Mao y su delegación viajaron a Moscú. Stalin no los recibió calurosamente, que dudaba de que fueran realmente marxistas-leninistas y no simplemente un grupo de nacionalistas chinos. También había reconocido al gobierno de Chiang Kai-Shek y, además, desconfiaba de cualquier movimiento comunista que no estuviera bajo su control directo. Después de una reunión con Mao, el líder soviético comentó: "¿Qué clase de hombre es Mao? Parece tener alguna idea de la revolución que involucra a los campesinos, pero no a los trabajadores". Finalmente, un frustrado Mao estaba listo para irse a casa, pero Zhou Enlai se negó a irse sin un acuerdo formal. Así, se firmó el Tratado Sino-Soviético de Amistad Mutua y los chinos finalmente partieron en febrero de 1950.

Según Hua-yu Li, escribiendo en Mao y la estalinización económica de China, 1948-1953 en 1953, Mao, engañado por brillantes informes en Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética (Bolchevique): Curso corto, autorizado por Stalin del progreso social y económico en la Unión Soviética, abandonó los programas económicos liberales de la "Nueva Democracia" e instituyó la "línea general para la transición socialista", un programa para construir el socialismo basado en los modelos soviéticos. Según los informes, lo conmovió en parte la rivalidad personal y nacional con Stalin y la Unión Soviética. [11] [12]

La Unión Soviética proporcionó una considerable ayuda económica y capacitación durante la década de 1950. Muchos estudiantes chinos fueron enviados a estudiar a Moscú. Las fábricas y otros proyectos de infraestructura se basaron todos en diseños soviéticos, porque China era un país agrario con una industria poco establecida. En 1953, Mao Zedong le dijo al embajador de Indonesia que tenían poco para exportar excepto productos agrícolas. Se establecieron varias corporaciones chino-soviéticas de propiedad conjunta, pero Mao consideró que estas atentaban contra la soberanía china y en 1954 se disolvieron silenciosamente.

En 1956, Mao se estaba aburriendo con el funcionamiento diario del estado y también estaba preocupado por el aumento de la burocracia y la burocracia. El VIII Congreso del Partido de ese año declaró que el socialismo estaba más o menos establecido y que los próximos años se dedicarían al descanso y la consolidación.

En febrero de 1957, Mao pronunció uno de sus discursos más famosos en el que dijo: "Que florezcan cien flores, que compitan cien escuelas de pensamiento". La Campaña de las Cien Flores fue promovida por el PCCh como una forma de promover la ideología socialista a través del debate abierto, pero muchos la tomaron como una invitación a expresar un desprecio abierto por el Partido Comunista. Muchos comenzaron a expresar su oposición al gobierno del Partido-Estado. Totalmente consternado, Mao puso fin a esto y luego lanzó la Campaña Anti-Derecha. Decenas de intelectuales y trabajadores comunes fueron depurados, encarcelados o desaparecidos. Muchos no fueron "rehabilitados" hasta la década de 1970.

Los programas sociales y culturales de Mao, incluida la colectivización, fueron más populares a principios de la década de 1950. Sin embargo, las tensas relaciones de China con el nuevo líder soviético Nikita Khrushchev y las nuevas contradicciones entre las escuelas comunistas china y soviética sembraron un impulso novedoso y radical para reformar el sistema económico de China en su totalidad. Esta división se desarrolló después de la muerte de Stalin en 1953 cuando el nuevo líder soviético Nikita Khrushchev lo denunció. El "discurso secreto" de 1956 asombró al mundo comunista. China rechazó la desestalinización y de hecho mostró grandes retratos de Stalin en las celebraciones del Primero de Mayo de ese año. Mao declaró que, a pesar de algunas fallas, Stalin había sido básicamente un marxista bueno y bien intencionado. Sintió que los soviéticos no estaban tratando a China como un socio igualitario. Las diferencias culturales también contribuyeron a la fricción entre los dos gigantes comunistas. La idea de Jruschov de una competencia pacífica con Estados Unidos en lugar de una hostilidad abierta no resonó bien en Beijing. Mao dijo: "¿Crees que los capitalistas dejarán su cuchillo de carnicero y se convertirán en Budas?"

La sugerencia de Jrushchov de 1958 de una flota conjunta chino-soviética para contrarrestar la Séptima Flota de EE. UU. Fue rechazada airadamente por Mao Zedong, quien le dijo al embajador soviético: "Si quieres hablar sobre cooperación conjunta, está bien. Podemos practicar la cooperación conjunta en el gobierno, el ejército, asuntos culturales, económicos y nos puedes dejar con una guerrilla ". Cuando el propio primer ministro soviético visitó China al año siguiente, Mao volvió a pedirle que explicara qué era una flota conjunta. Afirmó que los soviéticos no eran bienvenidos a poner tropas en suelo chino en tiempos de paz y agregó: "Escuchen con atención. Hemos trabajado mucho y duro para expulsar a los estadounidenses, los británicos, los japoneses y otros. Nunca más permitiremos que los extranjeros utilizar nuestro territorio para sus fines ". Jruschov también pensó que los chinos eran demasiado blandos con el Dalai Lama (el líder espiritual del Tíbet) y no los apoyaron en una disputa fronteriza con India, diciendo que el territorio en cuestión era "sólo un desperdicio congelado donde nadie vive".

Bajo el liderazgo de Mao, China rompió con el modelo soviético y anunció un nuevo programa económico, el "Gran Salto Adelante", en 1958, destinado a aumentar rápidamente la producción industrial y agrícola. Específicamente para la producción industrial, Mao anunció el objetivo de superar la producción de acero de Gran Bretaña para 1968. Se formaron cooperativas gigantes, también conocidas como comunas populares. En un año, casi todas las aldeas chinas se habían reformado para convertirlas en comunas de trabajo de varios miles de habitantes, donde las personas vivirían y trabajarían juntas como lo imaginaba una sociedad comunista ideal. En lugar de construir acerías, se utilizarían pequeños "hornos de traspatio".

Sin embargo, los resultados fueron desastrosos. Los mecanismos normales del mercado se interrumpieron, la producción agrícola se quedó atrás y la gente se agotó produciendo bienes de mala calidad que no se podían vender. Debido a la dependencia del gobierno que proporciona y distribuye alimentos y recursos y su rápido agotamiento debido a una planificación deficiente, el hambre apareció incluso en áreas agrícolas fértiles. De 1960 a 1961, la combinación de una mala planificación durante el Gran Salto Adelante, los movimientos políticos incitados por el gobierno, así como los patrones climáticos inusuales y los desastres naturales dieron como resultado una hambruna generalizada y muchas muertes. Un número significativo de las muertes no se debió a la hambruna, sino que fueron asesinadas o con exceso de trabajo por parte de las autoridades. Según diversas fuentes, el número de muertos resultante probablemente fue de entre 20 y 40 millones. El acero producido en hornos de traspatio a bajas temperaturas demostró ser inútil. Finalmente, los campesinos odiaban la falta de privacidad y la militarización de sus vidas.

Uno de los oponentes más ruidosos del GLF fue el ministro de Defensa, Peng Dehuai. Peng creía en la planificación económica ortodoxa al estilo soviético y estaba totalmente en contra de la experimentación. Varios años antes, había sido fundamental para tratar de convertir al EPL en una fuerza de combate profesional bien equipada, en oposición a la creencia de Mao de que los soldados que fueran lo suficientemente revolucionarios podían superar cualquier obstáculo. El ejército no había tenido filas durante la guerra civil y Corea. Este sistema funcionó bastante mal en esos conflictos, por lo que en 1954 se implementó un sistema de clasificación (inspirado en el soviético).

Mientras realizaba un viaje por el campo, Peng estaba horrorizado por los restos del Gran Salto Adelante. Por todas partes, los campos estaban salpicados de comunas abandonadas, cultivos en ruinas y trozos de arrabio inútil. Posteriormente acusó a Mao de ser el responsable de este desastre y a su vez fue denunciado como derechista y destituido. Peng luego vivió retirado en desgracia durante los siguientes años hasta que fue arrestado y golpeado por los guardias rojos durante la Revolución Cultural. Sobrevivió a la tortura, pero sufrió heridas permanentes y murió en 1974. Después de la muerte de Mao, Peng fue rehabilitado póstumamente con todos los honores.

La ya tensa relación chino-soviética se deterioró drásticamente en 1959, cuando los soviéticos comenzaron a restringir el flujo de información científica y tecnológica a China. La disputa se intensificó y los soviéticos retiraron a todo su personal de China en agosto de 1960, dejando inactivos muchos proyectos de construcción. En el mismo año, los soviéticos y los chinos comenzaron a tener disputas abiertamente en foros internacionales. La relación entre las dos potencias alcanzó un punto bajo en 1969 con el conflicto fronterizo chino-soviético, cuando las tropas soviéticas y chinas se enfrentaron en combate en la frontera de Manchuria.

El desastre del Gran Salto Adelante disminuyó la estatura de Mao como líder nacional y aún más como planificador económico. Mao fue objeto de críticas dentro del Comité Central. Pocos se expresaron tanto como Peng Dehuai, pero el consenso general fue que el gran experimento del presidente había fracasado por completo. A principios de la década de 1960, el presidente Liu Shaoqi, el secretario general del partido Deng Xiaoping y el primer ministro Zhou Enlai asumieron la dirección del partido y adoptaron políticas económicas pragmáticas en desacuerdo con la visión comunitaria de Mao, y disolvieron las comunas, tratando de reelaborar el sistema para antes del Salto. normas. Se permitían las artesanías privadas y los vendedores ambulantes, y los campesinos podían vender los cultivos excedentes para obtener ganancias después de cumplir con sus cuotas de producción estatales. Viviendo semi-jubilado, Mao continuó haciendo apariciones públicas ocasionales y expresando su opinión sobre varios temas, pero jugó un papel poco activo en la gestión diaria del país desde 1961-1964. Los periódicos publicaron comentarios sarcásticos sobre el presidente y con frecuencia usaban su nombre en tiempo pasado. Deng, Zhou y Liu parecen haber concluido que las políticas de Mao eran irracionales y, por lo tanto, ejecutarían las cosas mientras lo usaban como un símbolo vacío para que la gente se uniera. Insatisfecho con la nueva dirección de China y su propia autoridad reducida, Mao se molestó cada vez más. Se quejó de que "están invocando mi nombre como un antepasado muerto". y que terratenientes y capitalistas estaban recuperando el poder. La caída de Jruschov en la Unión Soviética también dejó a Mao preocupado de que ese podría ser eventualmente su destino.

En política exterior, las relaciones con Estados Unidos continuaron siendo hostiles. Estados Unidos todavía sostenía que los nacionalistas eran el gobierno legítimo de China, aunque la posibilidad de que retomaran el continente se reducía cada año. Taiwán también ocupó el asiento de China en las Naciones Unidas, y en 1962, Mao repentinamente temió una invasión nacionalista. Los embajadores estadounidense y chino se reunieron en Varsovia, Polonia (ya que Estados Unidos no tenía embajada en China) y se les aseguró a estos últimos que no se planeaba una reconquista respaldada por Estados Unidos.

El presidente Kennedy sintió que la política de Estados Unidos hacia China no tenía sentido y planeaba restablecer las relaciones en su segundo mandato. Pero su asesinato, seguido de la Guerra de Vietnam y la Revolución Cultural, acabó con cualquier posibilidad para los próximos años.

Las polémicas furiosas con la Unión Soviética continuaron a principios de la década de 1960. Mao Zedong argumentó que el énfasis de Jruschov en el desarrollo material ablandaría al pueblo y haría que perdiera su espíritu revolucionario. El líder soviético respondió diciendo: "Si pudiéramos prometer a la gente nada más que la revolución, se rascarían la cabeza y dirían '¿No es mejor tener un buen gulash?'". Sin embargo, gran parte de esta hostilidad se dirigió a Khrushchev personalmente y después Tras su expulsión del poder en octubre de 1964, los chinos intentaron restablecer las relaciones. Unas semanas más tarde, Zhou Enlai encabezó una delegación a Moscú para el 47 aniversario de la revolución de 1917. Regresaron a casa decepcionados cuando Leonid Brezhnev y Alexei Kosygin dijeron que repudiarían algunas de las políticas más excéntricas de Khrushchev, pero que no tenían ninguna intención de hacer retroceder el reloj hasta la época de Stalin. A pesar de esto, las relaciones con la URSS se mantuvieron amistosas hasta que la Revolución Cultural y China continuó enviando representantes a la celebración del aniversario de la revolución de 1917 hasta 1966. La Revolución Cultural había sido oficiada por Mao y el PCCh para entonces, y en las celebraciones. ese noviembre, un político soviético comentó: "Lo que está sucediendo ahora en China no es marxista, cultural ni revolucionario".

Mao inició un impulso para recuperar el poder en 1963 cuando lanzó el Movimiento de Educación Socialista, y en 1965 adjuntó a cierto dramaturgo que realizó una obra de teatro que lo atacó indirectamente. Esta obra presentaba a un funcionario sabio (que se suponía que era Peng Dehuai) que fue destituido de su cargo por un emperador tonto (que se suponía que era Mao). Mao nombró a su esposa Jiang Qing (actriz de oficio) como Ministra de Cultura y la puso a trabajar para purgar el arte y la literatura de temas feudales y burgueses. Lin Biao, quien había sucedido a Peng Dehuai como ministro de Defensa en 1960, asistió al presidente en esta campaña. Lin había sido un importante comandante del ejército en la década de 1930, pero luchó contra su mala salud y no participó en la expulsión de Chiang Kai-shek de el continente en 1946-1949 o la Guerra de Corea. Una vez más se abolieron las filas del ejército. El nuevo movimiento, denominado "Gran Revolución Cultural Proletaria", fue en teoría una extensión de las luchas de clases que estaban incompletas desde la última revolución. Mao y sus partidarios sostuvieron que la "burguesía liberal" y los "seguidores del camino capitalista" continuaban dominando la sociedad, y algunos de estos elementos llamados peligrosos estaban presentes dentro del gobierno, incluso en los escalones más altos del Partido Comunista. El movimiento no tenía precedentes en la historia de la humanidad. Por primera (y hasta ahora, única) vez, una sección del liderazgo comunista chino trató de reunir la oposición popular contra otro grupo de liderazgo, lo que llevó a un caos social, cultural, político y económico masivo que asoló al país durante diez años. período. La Revolución Cultural se inauguró formalmente en una manifestación masiva en Beijing durante agosto de 1966. Los estudiantes que vestían uniformes del ejército fueron apodados "Guardias Rojos" y se les instruyó para que recorrieran el país y eliminaran a los capitalistas y revisionistas. Para ayudarlos, se imprimieron millones de copias de "Citas selectas del presidente Mao". This soon-to-be famous book contained excerpts from all of Mao's major speeches from the 1930s to 1957, but not placed in any chronological order.

Among the first targets of the Cultural Revolution were Deng Xiaoping and Liu Shaoqi. Deng was stripped of his party membership and labeled a revisionist and a capitalist roader. He wrote a self-criticism and was banished to the countryside, but in time he would rise again. Liu was far less lucky. Mao seems to have had an exceptional hatred for him, and he was denounced as "China's Khrushchev" and "a traitor, renegade, and scab". The hapless Liu was imprisoned and allowed to slowly waste away from untreated pneumonia and diabetes. He finally died in November 1969, but the outside world was not aware of this until a Hong Kong newspaper reported his death in 1974.

Meanwhile, the Red Guards began turning China's major population centers upside down as teachers, party officials, and anyone in power could be attacked. By the end of 1966, the army began intervening to restore order. Battles were fought, damaging cities and killing or injuring thousands. Mao then tried to restrain the army, and the Red Guards went back on the rampage. His wife proved to be one of the worst instigators, egging the Red Guards on with fiery speeches. Trains carrying weapons intended for Vietnam were looted, along with army barracks, and in some places Red Guards split into factions and fought each other in the streets with machine guns and artillery. It became so bad by August 1967 that people had to carry two or three copies of Mao's Little Red Book in public to avoid being attacked. Revolutionary committees took over the purged city governments, but they had no idea of how to govern and soon came into conflict with even more extreme youths. Books printed before 1949 were destroyed, foreigners attacked, and the British embassy in Beijing burned. Many temples and historical treasures were destroyed. Zhou Enlai ordered army units placed around some temples and other ancient structures to protect them. Even the army itself became divided, and local military chiefs gained control of some provinces where they ruled like the feudal warlords of past eras. Young people wandered through the vast countryside on foot in journeys sometimes lasting months. With China in a state of virtual anarchy in late 1967, Mao had to concede defeat. By now, the regular army began restoring order. Violence was not totally contained until late in 1968, but by then many Red Guards were banished to the countryside and labeled "anarchists" and "class enemies". Some of their ringleaders were tried and executed. The cities had no functioning governments by this time and no public services. Sick or injured people could not receive medical treatment because all the doctors had been purged, and bodies could not be buried if someone died. The streets were filled with youths who had nowhere to go.

Amid all this, Mao's personality cult reached enormous heights. Although he had always had one, it did not reach excessive levels until the Cultural Revolution, where all sorts of miracles were attributed to people who read his writings.

China became almost totally cut off from the outside world in the late 1960s and only retained diplomatic relations with a few countries. The United States was denounced for imperialism, Britain for colonialism, Japan for militarism, and the Soviet Union for revisionism. Most of the communist world was stunned and horrified by the Cultural Revolution. This led to China dividing fellow communist nations into three groups. Cuba, Romania, North Korea, and North Vietnam were classified as "mostly socialist with a few mistakes". The USSR, Mongolia, Poland, Czechoslovakia, Bulgaria, East Germany, Hungary, and Yugoslavia were classified as revisionists who pursued a false socialism. China itself and Albania were seen as the only true socialist countries in the world.

As the Cultural Revolution spun out of control, and grew past Mao's original intentions, Mao's ability to control the situation, and in turn, his authority, dwindled. His chief lieutenants, Lin Biao and Mao's third wife Jiang Qing, had manipulated the turmoil in these areas to glorify Mao to a godlike status while ignoring some of his directives. Mao's Little Red Book published over 350 million copies during the era. For the first time since the Puyi Abdication had people come to hail Mao as to "Long Live for Ten Thousand Years", which ironically is an old, feudal tradition reserved for Emperors. Lin Biao, having gained Mao's trust, had his name codified into the Constitution of both the State and Party as Mao's designated successor.

The 9th Party Congress met in Beijing during April 1969. The effects of the Cultural Revolution were obvious, as most of the delegates who had attended the 8th Congress in 1956 were gone. Green army uniforms were in abundance, as were all sorts of Mao portraits, Little Red Books, and other paraphernalia. Economic issues were mostly ignored, and all emphasis was on glorifying Mao. Lin Biao was formally designated his successor and Liu Shaoqi expelled from the party. The Red Guards were also discredited. However, Mao stated that in a few years a new Cultural Revolution might be necessary and added "No one should think everything will be all right after one, or two, or even three Cultural Revolutions, for socialist society occupies a considerably long historical period."

Lin Biao and the Gang of Four Edit

Radical activity subsided by 1969, but the Chinese political situation began to antagonize along complex factional lines. Lin Biao, who had ailing health and de facto control over the military, became increasingly at odds with Mao over the idea of power sharing. In private, he was not enthusiastic about the Cultural Revolution, calling it a "cultureless revolution" and also opposed restoring relations with the United States, which Mao and Zhou were then preparing to do. He attempted a military coup in September 1971, aimed at the assassination of Mao while traveling on his train. Operating out of the headquarters in Shanghai, Lin was informed of his failure after Mao's apparent diversion of routes. Lin then escaped with his wife Ye Qun and son Lin Liguo on a military jet, and was on his way to the Soviet Union, before crashing in Ondurhan in Mongolia in September 1971. Lin's death was put tightly under wraps by the Chinese government, who had in the past vociferously praised Lin. Lin's coup and death were both subject to widespread controversy, and historians are still unable to properly determine the ins and outs of what went on. There are theories, for example, that Mao or Premier Zhou Enlai had ordered the plane to be shot down. Lin's supporters made their way out of the country, mostly to Hong Kong. Lin's flight affected Mao deeply, and he was yet again left with the dilemma of reasserting an heir apparent. Because of his past mistakes, amongst other factors, Mao was reluctant to designate any more successors, which only clouded the political situation further. After Lin Biao's death, he and the late Liu Shaoqi were turned by the state propaganda machine into a two-headed monster that could be blamed for all of China's ills. [13]

In the aftermath of the Cultural Revolution, all independence of thought in China was stamped out. The major cities became grim places where everyone wore matching blue, green, white, black or gray suits. No ornamentation was allowed, and even bicycles all had to be painted black. Art and culture were reduced to Jiang Qing's handful of revolutionary plays, movies, and operas. Mao's personality cult remained prominent, although it was toned down somewhat after Lin Biao's death. In 1965, China had had a large, complex state bureaucracy, most of which had been destroyed during the chaos of 1966–1968. Only a small central core remained of the government in Beijing. Despite this, during the visit of Nixon in 1972, Mao Zedong told him "We haven't even begun to establish socialism. All we've really done so far are change a few localities in Beijing." Meanwhile, US president Richard Nixon had taken office in 1969 and announced his willingness to open relations with the People's Republic of China. His overtures were initially ignored and he was denounced in Beijing as a feudal chieftain whom the capitalist world turned to out of desperation. However, in August 1971, Secretary of State Henry Kissinger led a secret delegation to Beijing. They were not given a warm welcome and the hotel rooms they stayed in were equipped with anti-American pamphlets. However, they met Zhou Enlai, who spoke of how President Kennedy had wanted to open relations with the PRC and said "We're willing to wait. If these negotiations fail, eventually another Kennedy or Nixon will come along." He stated that the US had snubbed and isolated China for the last two decades, not the other way around, and that any initiative to establish relations would have to come from the American side. [14]

Mao Zedong had apparently decided that the Soviet Union was far more of a danger than the United States. As stated above, the Cultural Revolution had caused a total breakdown in relations with Moscow. Soviet leader Leonid Brezhnev was referred to as "the new Hitler" and during the late '60s, both nations accused each other of neglecting their people's living standards in favor of defense spending, being a tool of American imperialism, pursuing a false form of socialism, and of trying to get the world blown up in a nuclear war. The United States was also separated from China by thousands of miles of ocean, while the Soviet Union had a very long border where they stationed troops and nuclear missiles. The 1968 Prague Spring worried China deeply, as the Soviets now claimed the right to intervene in any country that was deviating from the correct path of socialism. But the March 1969 clashes along the Manchurian border were what really drove the Chinese Communists to open ties with the US.

President Nixon made his historic trip to Beijing in February 1972 and met with Zhou and Mao. The trip caused some confusion in the communist world. The Soviet Union could not outright condemn it, but they clearly felt that the US and China were both plotting against them. North Korea viewed it as a victory for socialism (under the reasoning that the US had failed in its attempt to isolate China and was forced to come to terms), while North Vietnam, Albania, and Cuba felt that China had made a mistake by negotiating with the enemy. It also had a demoralizing effect on Taiwan, whose leadership had sensed the inevitable, but who were nonetheless upset at not having been consulted first. With the Nixon visit, most anti-American propaganda disappeared in China. The US was still criticized for imperialism, but not to the degree it had been before 1972. Instead, Soviet revisionism and "social imperialism" was now seen as China's main enemy.

In the aftermath of the Lin Biao incident, many officials criticized and dismissed during 1966-1969 were reinstated. Mao abruptly summoned a party congress in August 1973. The 10th Congress formally rehabilitated Deng Xiaoping. This move was suggested by Zhou Enlai, and Mao agreed, deciding that Deng was "70% correct, 30% wrong". Lin Biao was also posthumously expelled from the party. Mao had wanted to use this period as a time to rethink his successor. Mao's wife Jiang Qing, meanwhile, had formed an informal radical political alliance with Shanghai revolution organizer Wang Hongwen, who seems to have gained Mao's favour as a possible successor, as well as Shanghai Revolutionary Committee Chairman Zhang Chunqiao and propaganda writer Yao Wenyuan, all of whom were elevated to the Politburo by the 10th Congress. They were later dubbed the "Gang of Four."

The Gang of Four then attempted to target Zhou Enlai, who was by then ill with bladder cancer and unable to perform many of his duties. They launched the "Criticize Lin Biao, Criticize Confucius" Campaign in 1974 in an attempt to undermine the premier. However, the Chinese populace was tired of useless, destructive campaigns and treated it with apathy. A sign of growing discontent was a large wall poster erected in Guangzhou at the end of 1974 which complained that China had no rule of law and officials were not accountable for their mistakes. Three of the four authors subsequently wrote self-criticisms. One refused and was banished to the countryside for labor reform.

Mao's health was in sharp decline by 1973. He was slowly losing his eyesight and also experienced a variety of heart, lung, and nervous system problems, although his mind remained sharp to the end. Jiang Qing was eager to take over the country as soon as he was gone, but Mao didn't want that. He once said "My wife does not represent me, and her views are not my views."

The ideological struggle between more pragmatic, veteran party officials and the radicals re-emerged with a vengeance in late 1975. The Gang of Four sought to attack their political opponents and rid them one by one. From their failed attempts at defaming popular Premier Zhou Enlai, the Gang launched a media campaign against the emerging Deng Xiaoping, who they deemed to be a serious political challenge. In January 1976, Premier Zhou died of his cancer, prompting widespread mourning. On April 5, Beijing citizens staged a spontaneous demonstration in Tiananmen Square in Zhou's memory at the Qingming Festival, a traditional Chinese holiday to honor the dead. The real purpose of the gathering was to protest the Gang of Four's repressive policies. Police drove the crowd out of the square in an eerie precursor to the events that took place there 15 years later. The Gang of Four succeeded in convincing a gravely ill Mao that Deng Xiaoping was responsible for the incident. As a result, Deng was denounced as a capitalist roader and stripped of his position as vice premier, although he retained his party membership. He went into hiding in the city of Guangzhou, where he was sheltered by the local military commander, who did not care for either the Gang of Four or Mao's newly appointed successor Hua Guofeng . Deng knew that Mao would soon be gone, and that he only needed to wait a short while. [15]

While experiencing a political storm, China was also hit with a massive natural disaster—the Tangshan earthquake, officially recorded at magnitude 7.8 on the Richter Scale, authorities refused large amounts of foreign aid. Killing over 240,000 people, the tremors of the earthquake were felt both figuratively and literally amidst Beijing's political instability. A meteorite also landed in northwestern China, and the authorities told people not to believe as in olden times that these events were omens and signs from the heavens.

The history of the People's Republic from 1949 to 1976 is accorded the name "Mao era"-China. A proper evaluation of the period is, in essence, an evaluation of Mao's legacy. Since Mao's death there has been generated a great deal of controversy about him amongst both historians and political analysts. [dieciséis]

Mao's poor management of the food supply and overemphasis on village industry is often blamed for the millions of deaths by famine during the "Mao era". However, there were also seemingly positive changes as a result from his management. Before 1949, for instance, the illiteracy rate in Mainland China was 80%, and life expectancy was a meager 35 years. At his death, illiteracy had declined to less than 7%, and average life expectancy had increased by 30 years. In addition, China's population which had remained constant at 400,000,000 from the Opium War to the end of the Civil War, mushroomed more than 700,000,000 as of Mao's death. Under Mao's regime, supporters argue that China ended its "Century of Humiliation" and resumed its status as a major power on the international stage. Mao also industrialized China to a considerable extent and ensured China's sovereignty during his rule. In addition, Mao tried to abolish Confucianist and feudal norms. [17]

Mao was ideological more than practical. China's economy in 1976 was three times its 1949 size (but the size of the Chinese economy in 1949 was one-tenth of the size of the economy in 1936), and whilst Mao-era China acquired some of the attributes of a superpower such as: nuclear weapons and a space programme the nation was still quite poor and backwards compared to the Soviet Union, to say nothing of the United States, Japan, or Western Europe. Fairly significant economic growth in 1962-1966 was wiped out by the Cultural Revolution. Other critics of Mao fault him for not encouraging birth control and for creating an unnecessary demographic bump by encouraging the masses, "The more people, the more power", which later Chinese leaders forcibly responded to with the controversial one-child policy. The ideology surrounding Mao's interpretation of Marxism–Leninism, also known as Maoism, was codified into China's Constitution as a guiding ideology. Internationally, it has influenced many communists around the world, including third world revolutionary movements such as Cambodia's Khmer Rouge, Peru's Shining Path and the revolutionary movement in Nepal. In practice, Mao Zedong Thought is defunct inside China aside from anecdotes about the CPC's legitimacy and China's revolutionary origins. Of those that remain, Mao's followers regard the Deng Xiaoping reforms to be a betrayal of Mao's legacy. [18] [19]


The Weight of Remembering: On Yang Jisheng’s History of the Chinese Cultural Revolution

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Temple of Heaven Park in Beijing / Photo by Alex Berger / Flickr

The year 2021 marks the centenary of the founding of the Chinese Communist Party (CCP). In April, the CCP released the latest edition of A Brief History of the Communist Party of China, in which the chapter dedicated to the Cultural Revolution (1966–1976) disappears. This latest edition touches on the Cultural Revolution in no more than 13 pages in another chapter entitled “Twists and Turns on the Road to Socialist Reconstruction.” It glosses over Mao Zedong’s mistakes, simply stating that Mao had waged “an incessant war on corruption, special privileges and bureaucratic mentality within party ranks. … Many of his correct ideas about how to build a socialist society weren’t fully implemented, which led to internal turmoil.”

This year also marks the publication of the abridged English translation of Yang Jisheng’s The World Turned Upside Down: A History of the Chinese Cultural Revolution, translated by Stacy Mosher and Guo Jian (Farrar, Straus and Giroux). The book contains 29 chapters and 768 pages. In the words of WLT editor in chief Daniel Simon, it looks like “a door stopper” by virtue of its size and weight. The original Chinese version of The World Turned Upside Down (Tianfan Difu), which was first published in Hong Kong in 2016, is weightier, containing 32 chapters and 1,069 pages.

The sharp contrast between the 13-page official narrative and the 1069-page comprehensive account of the Cultural Revolution is telling of the brutal battle over the narrative of history, especially the history of the CCP, in contemporary China. In her new book Negative Exposures: Knowing What Not to Know in Contemporary China, Margaret Hillenbrand discusses contemporary China’s culture of “public secrecy” that prevents people from remembering and making sense of the major events in Chinese history in narratives outside of those endorsed by the state. Yang’s personal endeavors to narrate the Great Chinese Famine (in his 2008 award-winning book Tombstone) and the Cultural Revolution have been viewed as dissident acts by the Chinese authority, who not only banned the books in China but also prohibited Yang from traveling to the US to receive the Louis M. Lyons Award for Tombstone in 2016.

Despite the enormous political pressure of keeping the public secrecy in China, Yang Jisheng spent nine years researching the complex and dangerous terrain of the Cultural Revolution and completed this weighty book. The weight of the physical book corresponds to its moral weight: the author believes that it is our moral duty to remember the Cultural Revolution in all its aspects, not just for China, but also for the sake of human history.

Yang’s personal experience and previously held positions make him an ideal chronicler of the Chinese Cultural Revolution. Yang joined the Chinese Communist Party in 1964, became a Red Guard at Tsinghua University in 1966 and traveled across China to network with other revolutionary Red Guards between 1966 and 1967, worked for the state-run Xinhua News Agency between 1968 and 2001, and served as the deputy editor of the official journal Chronicles of History (Yanhuang Chunqiu) between 2003 and 2015. In addition to engaging with an impressive array of historical archives, government documents, news reports, biographies, and memoirs, Yang’s book also offers a unique insider’s perspective, firsthand experience, a journalist’s sensitivity, and a sober understanding of the Cultural Revolution. To date, The World Turned Upside Down remains the only complete history of the Cultural Revolution by an independent scholar based in mainland China. It is a must-read for anyone looking for an in-depth understanding of modern China’s biggest cultural and political revolution.

The World Turned Upside Down is a must-read for anyone looking for an in-depth understanding of modern China’s biggest cultural and political revolution.

Yang narrates the Cultural Revolution as “a triangular game between Mao, the rebels, and the bureaucratic clique” (xxviii). In socialist China, a totalitarian bureaucratic system was formed during the first seventeen years following the founding of the People’s Republic of China in 1949. Although this system was established by Mao, it took on a life of its own and was not entirely dominated by Mao. In order to carry out a massive struggle against the bureaucratic clique, Mao connected himself directly with the lower-class masses, mobilizing the latter to roast the bureaucracy. However, at the same time, Mao could not let the revolutionary rebels throw the nation into permanent anarchy, so he also sought the bureaucrats’ help to restore order. The ten-year turmoil of the Cultural Revolution registers Mao’s vacillation between pursuing his utopian ideal of a classless society and his intrinsic need for social order.

The ultimate victors of the Cultural Revolution were the bureaucrats, who, after Mao’s death in 1976, controlled the official narrative of the Cultural Revolution, purged their political opponents (the rebels), led the nation back to a new wave of privilege and corruption, and created a polarized society through a “power market economy,” where “abuse of power is combined with the malign greed for capital” (xxxii). In other words, because the Chinese masses failed to win the Cultural Revolution, today’s China is an unfair society that can never be harmonious.

Yang’s narrative of the Cultural Revolution is decisively different from the popular narratives both inside and outside of China. As Xueping Zhong points out in her review of Barbara Mittler’s A Continuous Revolution, those prevalent narratives have often likened the Cultural Revolution to “Nazi Germany, racist America, Soviet Gulags, ‘feudal’ Chinese court intrigues, traditional ‘Chinese cruelty’, and so on.” Yang presents the Cultural Revolution rebels as cohorts of idealistic young Chinese who ardently experimented with political democracy and social equity following the precedent of the Paris Commune. According to Mao’s blueprint, continual revolutions were needed to correct the selfish human nature and eliminate the social division of labor. Those revolutionary rebels were not innocent, and it was not long before they encountered strong resistance from the bureaucrats and became victims of the Revolution, as Yang writes: “The rebel faction was indeed savage and cruel when it had the upper-hand, but these periods covered only two years of the Cultural Revolution, and those who suppressed the rebels during the other eight years were even more savage, while the rebels were more brutally purged after the Cultural Revolution” (230). In addition, there were divisions and internal struggles within the rebel faction, and Mao parted with the rebel faction in 1968, leaving his most ardent followers under attack by the bureaucrats.

In Yang’s corrective narrative, the Cultural Revolution finally ceases to be an abstract idea or an exotic spectacle—it is represented as human history.

Yang’s book can be read as an encyclopedia of the Chinese Cultural Revolution. The 29 chapters in the English edition are organized chronologically but in most chapters the author documents the uneven developments of the Cultural Revolution in multiple locations all across China. Such a writing style resembles the viewing of the traditional Chinese scroll painting: the author does not occupy a fixed position but rather constantly moves about to focus on a specific part or event of the revolution, in order to provide a more accurate and truthful representation of the complex history. Yang thus weaves a panoramic scroll painting of the Cultural Revolution, which consists of millions of active or passive players and thousands of power struggles. Yang’s history makes sense of every character’s action and every event during the Cultural Revolution. Such close focus and making sense of the historical characters and historical events are important, because through them the Cultural Revolution finally ceases to be an abstract idea or an exotic spectacle—it is represented as human history in Yang’s corrective narrative.

Every word in The World Turned Upside Down carries the moral weight of remembering, an act of remembrance that proves even more valuable in the present era.

Every word Yang Jisheng pens in The World Turned Upside Down carries the moral weight of remembering, an act of remembrance that proves even more valuable in an era in which thought, truth, and economic resources are unexceptionally monopolized by the Establishment across the globe. The Cultural Revolution is a bitter memory in human history. It shows us, in Herbert Marcuse’s words, “the unhappy consciousness of the divided world, the defeated possibilities, the hopes unfulfilled, and the promises betrayed.”[i] However, the memory of the Cultural Revolution is valuable precisely because of this: it saves us from a suffocating complacency with the present, it tells us that established norms can be challenged, and it begs us to imagine an alternative future and act on it.


The End of the Mao Era (Finally)

June 26, 1976: Mao has a heart attack.

July 28, 1976: A massive earthquake kills 700,000 in northern China (an omen?).

September 9, 1976: Mao dies in Beijing at the age of 82.

Oct 1976: The Gang of Four—the strongest proponents of the Cultural Revolution—is arrested. Mao’s wife refuses to admit her crimes and receives the harshest sentence. Her death sentence is later commuted to life imprisonment. In 1991, she hangs herself while suffering from terminal cancer.


The Chinese Cultural Revolution

The 20th century was one of the tragic periods of Chinese history which encountered numerous extreme events which developed into the source of discontent in China. The Great Leap Forward, was one of the considerably the significant turning point where the Chinese Communist Party (CCP) failed to demonstrate credential for authority to make “China great again”. This involved deaths of many civilians, downfall economy which lead to enormous tension in China. The flop of CCP leader, Mao Zedong, leading the Great Leap Forward put his credentials as the CCP leader into question. The Great Proletarian Cultural Revolution (the Cultural Revolution) took into action to regain Mao’s credentials as leader, bringing back the Chinese revolutionary spirit&hellip


Mom who survived Mao’s China calls critical race theory America’s Cultural Revolution

A Virginia mom who grew up under Chairman Mao’s brutal Communist regime has angrily ripped critical race theory as “the American version of the Chinese Cultural Revolution.”

“Critical race theory has its roots in cultural Marxism — it should have no place in our schools,” Xi Van Fleet said to cheers and applause at a Tuesday meeting of the progressive Loudoun County School Board.

“You are now teaching, training our children, to be social justice warriors and to loathe our country and our history,” she told the meeting of the district already bitterly divided for pushing the policy that critics accuse of itself being racist.

“Growing up in Mao’s China, all of this seems very familiar,” insisted the mom, who finally fled China when she was 26.

“The Communist regime used the same critical theory to divide people. The only difference is they used class instead of race,” she said.

Xi Van Fleet delivered the speech in front of the Loudoun County School Board Loudoun County School Board

The mom — whose son graduated from Loudoun High School in 2015 — compared the current division in the US to her experience growing up under Mao Zedong, one of the most brutal rulers in history until his death in 1979.

She recalled seeing “students and teachers turn against each other,” and school names being changed “to be politically correct” as they were “taught to denounce our heritage.”

“The Red Guards destroyed anything that is not Communist — statues, books and anything else,” she said.

“We were also encouraged to report on each other, just like the Student Equity Ambassador program and the bias reporting system,” she said of systems that other parents have sued over.

Van Fleet told Fox News on Wednesday that she initially planned to say more but was forced to cut her speech to a minute.

“To me, and to a lot of Chinese, it is heartbreaking that we escaped communism and now we experience communism here,” she told Fox of her strong feelings against the progressive agenda.

Ian Prior, the father of two students attending Loudoun schools, said Van Fleet’s remarks “should serve as a stark warning.”

“I think for a while now, school systems have really put this stuff in the schools right under our very noses, and we just weren’t aware,” he told Fox, saying parents were “trusting the school system to do the job.”

“It took a pandemic and all the information that parents could see with this distance learning to understand exactly what was going on.”

A group of male and female coal miners in 1968 recite in Li Se Yuan mine some paragraphs of Mao Zedong’s “Little Red Book” as they celebrate Mao’s “Great Proletarian Cultural Revolution.” AFP via Getty Images

The school board in a wealthy district has become a hotbed of controversy for numerous progressive teaching policies.

This week, a judge ordered the reinstatement of a Christian teacher who had been suspended for refusing to recognize “a biological boy can be a girl and vice versa” and use transgender students’ preferred pronouns.


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In: China Quarterly , No. 187, 09.2006, p. 693-699.

Research output : Contribution to journal › Comment/debate › peer-review

T1 - Culture, revolution, and the times of history

T2 - Mao and 20th-Century China

N2 - The recent spate of English-language exposés of Mao Zedong, most prominently that written by Jung Chang and Jon Halliday, seems to announce a culmination of the tendency towards the temporal-spatial conflation of 20th-century Chinese and global history. This sense was only confirmed when the New York Times reported in late January that George W. Bush's most recent bedtime reading is Mao: The Unknown Story, or when, last month, according to a column in the British paper The Guardian, "the Council of Europe's parliamentary assembly voted to condemn the "crimes of totalitarian communist regimes," linking them with Nazism. " The conflation, then, is of the long history of the Chinese revolution with the Cultural Revolution, on the one hand and, on the other hand, of Mao Zedong with every one of the most despicable of the 20th century's many tyrants and despots. In these conflations, general 20th-century evil has been reduced to a complicit right-wing/left-wing madness, while China's 20th century has been reduced to the ten years during which this supposed principle of madness operated as a revolutionary tyranny in its teleologically ordained fashion. In this way are the dreams of some China ideologues realized: China becomes one central node through which the trends of the 20th century as a global era are concentrated, channelled and magnified. China is global history, by becoming a particular universalized analytic principle, in the negative sense. That is, universality becomes a conflationary negative principle.

AB - The recent spate of English-language exposés of Mao Zedong, most prominently that written by Jung Chang and Jon Halliday, seems to announce a culmination of the tendency towards the temporal-spatial conflation of 20th-century Chinese and global history. This sense was only confirmed when the New York Times reported in late January that George W. Bush's most recent bedtime reading is Mao: The Unknown Story, or when, last month, according to a column in the British paper The Guardian, "the Council of Europe's parliamentary assembly voted to condemn the "crimes of totalitarian communist regimes," linking them with Nazism. " The conflation, then, is of the long history of the Chinese revolution with the Cultural Revolution, on the one hand and, on the other hand, of Mao Zedong with every one of the most despicable of the 20th century's many tyrants and despots. In these conflations, general 20th-century evil has been reduced to a complicit right-wing/left-wing madness, while China's 20th century has been reduced to the ten years during which this supposed principle of madness operated as a revolutionary tyranny in its teleologically ordained fashion. In this way are the dreams of some China ideologues realized: China becomes one central node through which the trends of the 20th century as a global era are concentrated, channelled and magnified. China is global history, by becoming a particular universalized analytic principle, in the negative sense. That is, universality becomes a conflationary negative principle.


Ver el vídeo: La revolución Comunista de Mao. Fernando Díaz Villanueva